22/05/2020 / 21:08
Redacción


Uso de mascarilla

 Es tiempo de cautela, de interiorizar hábitos de desconfianza o respeto a la pandemia.


La descalada o vuelta a una relativa normalidad sigue dando pasos adelante. Guadalajara, salvo sorpresa, pasará a la llamada fase 2 que en definitiva supone mayores libertades o recuperación de parte de esa vida que antes llevábamos. Animados por la mejoría en los datos sanitarios así como por la subida de las temperaturas, las calles han recobrado  bastante movilidad - falta esa apertura gradual de los negocios y los aforos-, aunque con importantes particularidades como el distanciamiento prudencial al saludarnos y el uso de la mascarilla que como tantas veces hemos pedido desde estas mismas líneas finalmente se ha establecido como obligatorio en un ejercicio de responsabilidad y sensatez por parte de las autoridades sanitarias, que mantienen el mando único tras la prórroga del estado de alarma y de acuerdo con las autonomías que expresamente se lo solicitaron al presidente del Gobierno en la videoconferencia del pasado domingo. Exceptuando personas con dificultades respiratorias o problemas de salud que lo desaconsejen, también en vías públicas, deberemos llevar puesto este elemento protector de nuestra salud y de la de los demás, porque seguimos sin saber si podemos transmitir el virus por asintomáticos y bien que nos encontremos. Es tiempo de cautela, de interiorizar hábitos de desconfianza o respeto a la pandemia, que permitirán un menor rebrote de la misma en un futuro próximo, como parece sucederá según experiencias epidemiológicas anteriores, y ante lo cual cabe estar bien preparados en los centros médicos, por supuesto, pero también en los lugares de trabajo, los hogares, los espacios cerrados que compartamos y  en las calles, plazas o parques. El problema de esta norma general es la casuística, de por si amplia, y la falta de concreción en el  BOE de las excepciones a su aplicación y de las consecuencias de su incumplimiento por lo que hay espacio a una cierta interpretación respecto a situaciones que pudiesen exonerar de llevarla o de la valoración de cuándo se entiende que por vías públicas espaciosas se pueden cumplir esos dos metros de distancia. A parte de ello está el tema económico al generar un gasto a las familias que en el caso de varios hijos llega a ser notable, más cuando en la mayoría de farmacias no existen mascarillas infantiles quirúrgicas ni están regulados los precios de las demás. Aun con esto la medida, que muchas personas ya  habían adoptado, es acogida con satisfacción y entendida como  determinante en esta lucha contra una enfermedad en vías de superación.


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