Vence la derecha episcopal
01/10/2010 - 09:45
ARTICULOS
El voto decidido ya está suficientemente consolidado, tanto el popular como el socialista, aunque a una franja de éste le gusta airear su escepticismo doctrinal para producir algún desconcierto demoscópico. Pero esa actitud escéptica de los prosocialistas más diferenciados se torna en fidelidad a sus siglas de siempre o casi siempre en cuanto empieza la campaña electoral, y así se ha visto en el ligero despegue del PSOE sobre el PP en la semana anterior al primer debate Zapatero/Rajoy televisado.
Y así han seguido las cosas hasta el segundo debate, cuya celebración no ha causado, al menos inicialmente, el menor cambio de tendencia en las inclinaciones electorales.
Los últimos sondeos en tiempo autorizado por la autoridad electoral no han diferenciado claramente el voto cocinado del voto decidido, y ello porque el decidido, por muy sólido que sea como dato, no anticipa el resultado final; necesita ser introducido en el alambique de la estadística, la psicología social, las circunstancias políticas sobrevenidas y la memoria de cada elector. Pero el voto decidido venía arrojando una diferencia entre los dos partidos mayoritarios, a favor de uno de ellos, que no puede publicarse.
Apoyado en datos sin cocinar de las encuestas, Gaspar Llamazares, coordinador de IU, aseguraba ayer que las únicas elecciones que la derecha española va a ganar son las que, en el ámbito episcopal, dieron ayer la victoria a Rouco Varela sobre Blázquez. El moderado Blázquez, si se aceptase que Rouco es radical, quedará como vicepresidente, y así podrá dar un rostro más amable al Episcopado español, con vistas a sus relaciones con el Poder Ejecutivo. La Conferencia Episcopal Española ha escuchado decir a ZP que, si ganaba las elecciones, negociaría con la Iglesia unas relaciones de respeto, de respeto mutuo, sin necesidad de abordar el asunto más complejo del Concordato con la Santa Sede, que en algún aspecto, y no precisamente espiritual, no encajaría cómodamente en nuestra Constitución.
Pero nada más conocerse la victoria de Rouco, el presidente Zapatero le ha enviado su felicitación, en tono afectuoso y como sugiriendo a nuestra máxima autoridad eclesial que, con vistas al futuro, lo mejor sería pelillos a la mar. Y las primera palabras de Rouco han sido de respeto al Gobierno, anticipando sus deseos de colaboración leal con la sociedad y luego con la comunidad política y sus autoridades pensando en el bien común y sin desatender nuestra finalidad evangelizadora. El número dos del PSOE, José Blanco, espera que la Iglesia utilice en su gestión el diálogo y no la confrontación.
Zapatero ha abierto su mano, que no estaba cerrada, a la autoridad episcopal, pero mientras en el campus de la Universidad Carlos III intentaba enardecer a unos dos mil estudiantes para que acudieran a votar el 9-M por el progreso y todo lo que el programa socialista promete y, además, para que nadie pueda imponer sus creencias en este país. A los jóvenes les recordó que el pasado 14-M no les esperaba la derecha en las urnas, y les pidió que esta vez tampoco se hicieran esperar. El PSOE necesita que la juventud progresista, aunque llueva, no se quede en casa.
Los últimos sondeos en tiempo autorizado por la autoridad electoral no han diferenciado claramente el voto cocinado del voto decidido, y ello porque el decidido, por muy sólido que sea como dato, no anticipa el resultado final; necesita ser introducido en el alambique de la estadística, la psicología social, las circunstancias políticas sobrevenidas y la memoria de cada elector. Pero el voto decidido venía arrojando una diferencia entre los dos partidos mayoritarios, a favor de uno de ellos, que no puede publicarse.
Apoyado en datos sin cocinar de las encuestas, Gaspar Llamazares, coordinador de IU, aseguraba ayer que las únicas elecciones que la derecha española va a ganar son las que, en el ámbito episcopal, dieron ayer la victoria a Rouco Varela sobre Blázquez. El moderado Blázquez, si se aceptase que Rouco es radical, quedará como vicepresidente, y así podrá dar un rostro más amable al Episcopado español, con vistas a sus relaciones con el Poder Ejecutivo. La Conferencia Episcopal Española ha escuchado decir a ZP que, si ganaba las elecciones, negociaría con la Iglesia unas relaciones de respeto, de respeto mutuo, sin necesidad de abordar el asunto más complejo del Concordato con la Santa Sede, que en algún aspecto, y no precisamente espiritual, no encajaría cómodamente en nuestra Constitución.
Pero nada más conocerse la victoria de Rouco, el presidente Zapatero le ha enviado su felicitación, en tono afectuoso y como sugiriendo a nuestra máxima autoridad eclesial que, con vistas al futuro, lo mejor sería pelillos a la mar. Y las primera palabras de Rouco han sido de respeto al Gobierno, anticipando sus deseos de colaboración leal con la sociedad y luego con la comunidad política y sus autoridades pensando en el bien común y sin desatender nuestra finalidad evangelizadora. El número dos del PSOE, José Blanco, espera que la Iglesia utilice en su gestión el diálogo y no la confrontación.
Zapatero ha abierto su mano, que no estaba cerrada, a la autoridad episcopal, pero mientras en el campus de la Universidad Carlos III intentaba enardecer a unos dos mil estudiantes para que acudieran a votar el 9-M por el progreso y todo lo que el programa socialista promete y, además, para que nadie pueda imponer sus creencias en este país. A los jóvenes les recordó que el pasado 14-M no les esperaba la derecha en las urnas, y les pidió que esta vez tampoco se hicieran esperar. El PSOE necesita que la juventud progresista, aunque llueva, no se quede en casa.