Viaje a Italia
01/10/2010 - 09:45
EL COMENTARIO
Teodoro Alonso
Hacer el viaje a Italia ha sido una constante para artistas y escritores europeos, desde el siglo XVI. Se consideraba una iniciación obligada y feliz. Así ocurrió en el Renacimiento cuando las familias aristocráticas como los Mendoza de Guadalajara se traían de allí pintores, libros y nuevos estilos artísticos. Arquitectos como Alonso de Cobarrubias o pintores como Berruguete hicieron su viaje a Italia como después Velazquez e infinidad de pintores en los tiempos mas modernos.
En Europa, hacer lo que llamaban el Gran Tour, era una costumbre de los jóvenes aristocráticos y de literatos entre los que estaban Goethe, Shelley o George Eliot.
En los últimos tiempos, con el auge espectacular del turismo, Italia es uno de los destinos preferidos. Esto ha supuesto una democratización del viaje aunque también con un carácter masivo y como objeto de consumo. Así y todo bienvenido sea, porque siempre será oportunidad para una experiencia de contemplación del gran arte clásico e italiano.
Si el viaje se hace al sur de Italia se pude uno percatar de los males que afligen a esa parte de la península itálica, como la acumulación de basura y la mafia, pero también contemplar los restos arqueológicos de la Magna Grecia, que así se llamó en la antigüedad: templos dóricos, teatros al aire libre, mosaicos de las villas romanas, ruinas de las numerosas colonias que allí establecieron los helenos, ciudades enterradas por la ceniza del Vesubio.
Cuando el viaje se hace guiados por un estudioso del mundo clásico, entusiasta y sabio, que sabe cómo hacer visible lo que esas huellas ocultan a la simple vista, su significado como expresiones de una forma de vida, de cultura y sociedad, la experiencia es un gran privilegio. Ya no se trata de una contemplación pasiva, sino de una vivencia y comprensión de las fuentes de nuestra propia cultura, que es latina y también originariamente griega: la democracia, y sus corrupción por la demagogia, la tiranía o la hostilidad destructiva entre ciudades y pueblos, el choque de civilizaciones. También la fecundidad maravillosa de su mitología, la creatividad de la vivencia de ser ciudadanos libres, los derechos de las personas. La amenaza de los bárbaros y su integración civilizada, el auge, florecimiento y caída de tantas ciudades y pueblos, la degeneración del teatro como escuela de ciudadanía hasta el circo como mero espectáculo violeto de las masas.
Estos y otros muchos aspectos del mundo clásico no son meros ejercicios de erudición, sino experiencias de comprensión y entendimiento de nuestro propio mundo. Subidos a los hombros de gigantes podemos ver con mayor claridad el presente y avizorar los peligros del futuro
En los últimos tiempos, con el auge espectacular del turismo, Italia es uno de los destinos preferidos. Esto ha supuesto una democratización del viaje aunque también con un carácter masivo y como objeto de consumo. Así y todo bienvenido sea, porque siempre será oportunidad para una experiencia de contemplación del gran arte clásico e italiano.
Si el viaje se hace al sur de Italia se pude uno percatar de los males que afligen a esa parte de la península itálica, como la acumulación de basura y la mafia, pero también contemplar los restos arqueológicos de la Magna Grecia, que así se llamó en la antigüedad: templos dóricos, teatros al aire libre, mosaicos de las villas romanas, ruinas de las numerosas colonias que allí establecieron los helenos, ciudades enterradas por la ceniza del Vesubio.
Cuando el viaje se hace guiados por un estudioso del mundo clásico, entusiasta y sabio, que sabe cómo hacer visible lo que esas huellas ocultan a la simple vista, su significado como expresiones de una forma de vida, de cultura y sociedad, la experiencia es un gran privilegio. Ya no se trata de una contemplación pasiva, sino de una vivencia y comprensión de las fuentes de nuestra propia cultura, que es latina y también originariamente griega: la democracia, y sus corrupción por la demagogia, la tiranía o la hostilidad destructiva entre ciudades y pueblos, el choque de civilizaciones. También la fecundidad maravillosa de su mitología, la creatividad de la vivencia de ser ciudadanos libres, los derechos de las personas. La amenaza de los bárbaros y su integración civilizada, el auge, florecimiento y caída de tantas ciudades y pueblos, la degeneración del teatro como escuela de ciudadanía hasta el circo como mero espectáculo violeto de las masas.
Estos y otros muchos aspectos del mundo clásico no son meros ejercicios de erudición, sino experiencias de comprensión y entendimiento de nuestro propio mundo. Subidos a los hombros de gigantes podemos ver con mayor claridad el presente y avizorar los peligros del futuro