08/05/2020 / 20:53
Jesús de Andrés


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Víctimas

Más de 26.000 fallecidos reconocidos desde que comenzó esta pesadilla en la que estamos inmersos. Una cifra capaz de soliviantar, de enojar a cualquiera.


Se anuncian los nuevos pasos a dar, las denominadas fases de la desescalada, y nos falta tiempo para cuestionar cada una de las decisiones tomadas. Unos por estrategia electoral, en busca de rédito político, otros por odio ideológico, ese que -no importa el tema- saca lo peor de nosotros mismos. Es fantástico tener a quien culpar de todo lo malo que pase, personalizar al responsable de nuestros problemas. Da igual su complejidad, lo importante es quedar tranquilos sabiendo que hay culpables, que siempre somos víctimas. No hay más que ver los debates parlamentarios. Acusaciones mutuas para echarse, una vez más, los muertos a la cara. Incluso hay quien ya se quiere adueñar de ellos y su legado, patrimonializarlos con rictus serios, trajes de luto y corbatas negras. No falta mucho para que proliferen las rotondas dedicadas a las víctimas del coronavirus. La pena es que no será un reconocimiento a nuestros mayores, a quienes han fallecido en soledad en inmundas residencias, a quienes tanto debíamos y debemos. No. Será un reconocimiento interesado, una descarga de responsabilidad, una acusación manifiesta al rival, al enemigo político, al otro.

Más de 26.000 fallecidos reconocidos desde que comenzó esta pesadilla en la que estamos inmersos. Una cifra capaz de soliviantar, de enojar a cualquiera. No debiéramos olvidar nunca sus nombres, a buen seguro que sus familias no lo harán, pero tampoco debiéramos jamás utilizarlos en vano, como herramienta de confrontación. Los estragos que está causando el coronavirus, y los que quedan por venir, han dado lugar a un escenario imprevisible. Pero también es verdad que año tras año asistimos a crisis sanitarias que nos pasan desapercibidas, a horrores en los que, por no interesar a los medios de comunicación, apenas reparamos. El año pasado la temporada de gripe se llevó por delante a 6.500 compatriotas nuestros. Y hace dos años, en 2018, por tratarse de una cepa más agresiva y letal para las personas mayores, la cifra de fallecidos por la gripe alcanzó en España los 15.000 muertos. Son datos del Instituto de Salud Carlos III, organismo encargado de la investigación biomédica y de la salud pública en España. ¿Alguien se enteró? ¿Hubo alguna campaña para lavarse las manos, quedarse en casa en caso de contraer la enfermedad o evitar los contagios? Nada, nadie se acuerda. Hubo picos de congestión en los servicios de urgencias y en las UCI, y apenas tuvieron un pequeño eco en los medios. Nadie acusó a nadie porque no tenía rédito político alguno.

Si al menos estos días sirven para concienciarnos, para cambiar nuestra actitud y para unirnos, por poco que sea, algo habremos conseguido. Unidad internacional para hacer frente al virus, unidad nacional para reforzarnos como comunidad. Ese será el verdadero homenaje a las víctimas, que son de todos. El resto será demagogia interesada.                 


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