Vida nueva
Creo sinceramente que la política ha de hacerse desde las coordenadas de la racionalidad, constituyendo las emociones los arbotantes que la razón ha de tener para no deshumanizarse.
La alegoría de la vida como una caja de sorpresas de la no se sabe bien qué va a salir es bastante real, al menos en mi caso. Todos los acontecimientos importantes que han marcado mi existencia han llegado sin buscarlos, sin tan siquiera haber soñado que alguna vez pudieran producirse.
La última vez que me ocurrió algo así fue hace poco más de tres años, cuando recibí la llamada de mi compañero y amigo Pablo Bellido Acevedo, el mejor secretario general del PSOE de toda España y en toda España, tanto por sus cualidades políticas como por las humanas.
Para entonces me encontraba yo fuera de los vaivenes de la política, observando a esta desde la implicación que proporciona una militancia grabada en el corazón, pero alejada de los circuitos institucionales, a los que había renunciado tras mi paso por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha para emprender una vida distinta.
No voy a desvelar los intríngulis de aquella conversación, pero lo cierto es que acabé tomándome un tranquilizante antes de decir que sí a una de las etapas más intensas, duras y fructíferas de mi trayectoria política y vital. En este tiempo como senadora he tenido claros tres principios: primero el feminismo, luego Guadalajara y Castilla-La Mancha y, por último, el partido.
Como bien saben aquellos que sienten la política con ímpetu y que intentan desplegarla con coherencia, las batallas no solo se libran frente a los adversarios, sino también internamente para defender los principios que consideramos justos y alineados con nuestra ideología.
Imagen tomada en el Comité Provincial del PSOE celebrado en Cifuentes. Octubre 2026.
Así fue como en enero de 2025 acabé renunciando a mi cargo de portavoz de Igualdad en el Senado, pues siempre me he opuesto a la intrusión de los planteamientos queer en el PSOE por considerarlos dañinos para el feminismo y para la socialdemocracia. He defendido un modelo de financiación autonómica justa para Castilla-La Mancha y no me ha importado expresarlo en el Comité Federal, aunque esto pudiera comportar alguna penalización… En fin, no quiero extenderme en los desencuentros, que han sido varios, porque estos también forman parte del aprendizaje político.
Igualmente ha habido momentos inolvidables, como defender con el único arma aceptable en democracia, con la palabra, el derecho de las mujeres a vivir sin violencia de ningún tipo, a exponer que la apicultura debería ser un bien inmaterial de la humanidad, a mostrar que no me gustan los festejos taurinos, pero que asumía que la realidad de mi provincia era otra, o, según estoy recordando entre tantas intervenciones que me vienen a la cabeza, aquella en la argumenté en favor la tradición de los belenes.
Tampoco puedo olvidarme de algo que me impresionó mucho, tanto que esa emoción la sigo sintiendo con tan solo rememorar el día en que por primera vez pisé las Naciones Unidas. Y cómo ignorar mi medio año como senadora «prestada» al PNV para que este pudiera conformar grupo parlamentario propio (quizá fue porque, como ya saben, en la Alcarria tenemos algunos genes vascos).
Además, han sido centenares de paisanas y paisanos los que han visitado la Cámara Alta con los que he tenido el placer de compartir conversación, abrazos y, por qué no decirlo, mi particular y animosa visión del Senado y la política, sobre todo en lo concerniente a la presencia de las mujeres en la Historia y en las instituciones democráticas.
No les voy a mentir, he conocido gente que me ha resultado profundamente desagradable y egoísta, pero también personas admirables de todos los partidos políticos. En cuanto a mi bancada, me llevo amistades inquebrantables a fuerza de debates, de sufrimiento conjunto y de, por supuesto, buenos momentos, como Carmela, Mayte, Rafa, Susana, Tudanca, Toni y, por supuesto, mi hermana Pasión Gador.
Y es que dejo la actividad parlamentaria. Como les he dicho, me llegó este honor de ser senadora sin esperarlo y con profundo agradecimiento me marcho. Gracias a mi partido por su confianza, gracias a mis compañer@s de Guadalajara porque el trabajo en equipo siempre es el más satisfactorio, y gracias a ustedes, me hayan votado o no, porque defender a nuestra provincia, aún con mis equivocaciones, es de las más altas dignidades que pueda haber.
Creo sinceramente que la política ha de hacerse desde las coordenadas de la racionalidad, constituyendo las emociones los arbotantes que la razón ha de tener para no deshumanizarse (nunca para suplantarla). Vivimos en un contexto complicado, en el que la exaltación de las ideas propias y el odio a las ajenas condiciona el devenir de la conversación pública. Por ello, «nos ruego» volvamos a la senda del racionalismo, por favor.
No obstante, a pesar de lo anterior, díganme qué tristeza de personajes seríamos las y los políticos sin el amor y la seguridad que generosamente nos transmiten las personas más próximas. Por ello, permítanme una mención a mis amistades y a mi familia, especialmente a mi pareja, la sufridora directa de mis ausencias, de mis nervios, incluso de mis obsesiones.
Vaya, que me voy de la política, no sé si con un adiós o con un hasta luego, eso nunca se sabe. La única certeza que tengo es que lo hago sin pesar y con el orgullo de haber hecho lo mejor que he podido por mis congéneres, por mi tierra y por mis convicciones. Quien me suceda sabe que tendrá mi apoyo y ojalá mi humilde legado le resulte útil.