Vuelve el duro Rouco

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

EL COMENTARIO
JOSÉ CAVERO - Periodista
Las elecciones presidenciales desarrolladas en la Conferencia Episcopal no son unas elecciones cualesquiera. Se han producido en unos momentos muy determinados, y después de algunos episodios y declaraciones muy a tener en cuenta. Rouco sucede a Blázquez es la noticia, e incluso era la noticia previsible, pero se hace preciso incorporarla a esos acontecimientos políticos entre los que se produce.
Primero, Rouco participó, con García Casco y Ontiveros, los otros dos “cabezas” de la posición más dura de la Iglesia Católica española, en la celebración de la familia desarrollada en la Plaza de Colón de Madrid, que originó una queja incluso diplomática y la intervención del embajador español en el Vaticano por causa de las opiniones expresadas por los tres obispos-cardenales que denunciaron el incumplimiento por el gobierno español de algunos Derechos Humanos, nada menos, y sostuvieron una rebaja del cumplimiento de tales derechos en los últimos tiempos. Rouco, asimismo, y según se ha relatado, fue el “padrino” y mentor de la Nota Episcopal que dio a conocer su apadrinado monseñor Martínez Camino, y en la que sostenía la inconveniencia de que nadie pudiera negociar con algún grupo terrorista, ni propugnar leyes como la de los matrimonios de homosexuales, o imponer una asignatura como la Educación para la Ciudadanía. También en esta ocasión se produjo una protesta por parte del Jefe del gobierno, y un silencio clamoroso por parte del jefe de la Oposición, que en principio pudiera verse favorecido por la “condena” episcopal al Gobierno socialista.
Tras estas dos intervenciones del “duro Rouco”, representación del ala más conservadora de la Iglesia y de sus obispos. Se produjo un encuentro del jefe del Gobierno con el Nuncio del Vaticano, monseñor Monteiro. El encuentro conocido por “el del caldito pendiente”, que finalmente se transformó en una cena con un brindis con champán francés Moet Chandon. Ciertamente, los criterios del Nuncio con los del Episcopado no tienen por qué ser coincidentes, y no lo son. El Nuncio debe procurar tranquilizar las aguas, y el Episcopado, y en particular su presidencia, “a lo suyo”. ¿Qué es lo suyo? Pues, en buena medida, los dineros que el Estado proporciona a la Iglesia por razón de los servicios comunitarios, sociales y humanitarios que proporciona a los ciudadanos en forma de enseñanza en colegios, mantenimiento de residencias de ancianos, atención en hospitales y otra serie impagable de atenciones que religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos prestan a la ciudadanía de este país.
Pues bien, tras el 9 de marzo, y una vez conocidos los resultados electorales, es muy probable que se produzca algún otro “caldito” del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, con quien sea elegido jefe del gobierno, sobre todo si éste vuelve a ser Zapatero. Ëste ya ha adelantado sus deseos de “poner los puestos sobre las íes” en la relación de Gobierno y Episcopado, porque entiende que sus eminencias, algunas de ellas, han faltado el respeto a otra institución al menos en teoría no menos respetable como es el Gobierno de la Nación, guste o no guste. Se ha especulado profusamente sobre la denuncia de los acuerdos Estado español-Estado Vaticano. Ni siquiera eso está descartado, dadas las actitudes poco afectuosas y más bien ásperas que los obispos prefieren tener con un Gobierno socialista...