Y China despert
01/10/2010 - 09:45
Adolfo Yáñez - Madrid
Estando Napoleón prisionero en Santa Elena, alguien le preguntó qué opinaba sobre China. El vencido emperador de los franceses, con palabras proféticas que han cobrado su exacto valor doscientos años después, advirtió: China es un gigante dormido.
Dejadlo así. El día que China despierte, el mundo entero temblará. La celebración de los XXIX Juegos Olímpicos, del 8 al 24 de agosto, puede resultar una sonora y universal proclama de que el gran gigante asiático ha despertado. Televisiones de todo el orbe van a mostrarnos, además de competiciones atléticas, una República Popular que en nada se parece ya al país anestesiado del que hablaba Napoleón Bonaparte. Allí vive uno de cada seis seres humanos. Allí se registra hoy el más alto crecimiento económico mundial. Allí está el mayor consumidor de cemento, acero, aluminio, cobre o petróleo, con porcentajes que, en algunos casos, llegan al cuarenta por ciento de cuanto se consume a escala planetaria. Allí hay el mayor ejército de la tierra, con dos millones y medio de soldados a los que se les dota de una creciente tecnología armamentística. Allí nace anualmente un número de personas que supera al número de habitantes con el que cuentan muchas naciones con cientos de años a sus espaldas. Allí salen de la universidad más de quinientos mil ingenieros al año cuya formación cuesta un diez por ciento de lo que costaría en Estados Unidos o Europa. Allí existen varios cientos de miles de empresas extranjeras que invierten divisas como en ningún otro lugar y allí se bate el record en la producción de teléfonos móviles, por ejemplo, o se fabrica el 50 por ciento de las cámaras digitales del mundo y el 30 por ciento de los televisores con los que la humanidad seguirá esos Juegos Olímpicos de los que hablaba hace un momento.
Las cifras a dar serían mareantes e infinitas. Se trata de un pueblo que, además, ha programado sabiamente su despertar y no quemará energías inútiles, como hizo la Unión Soviética, en carreras militares o espaciales con otras naciones. Los chinos tienen su propio ritmo y su propio tiempo. Saben que han de equilibrar el vertiginoso crecimiento en el que se hallan y que deben redistribuirlo por zonas urbanas y rurales. Conocen que la mezcla de capitalismo feroz y feroz dictadura con la que actúan puede asustar a socios extranjeros que necesitan para comerciar, para dotarse de suministros energéticos y para reajustar permanentemente su tecnología. Y prodigan confianzas y sonrisas. Tras haber sido ignorados por naciones orgullosas del primer mundo que se ensimismaron mirándose el ombligo, quieren evitar por ahora revanchas, precipitaciones y pasos en falso. Más tarde, ya decidirán. El futuro es suyo. Lo saben ellos y lo saben muchos occidentales que a marchas forzadas están aprendiendo chino.
Las cifras a dar serían mareantes e infinitas. Se trata de un pueblo que, además, ha programado sabiamente su despertar y no quemará energías inútiles, como hizo la Unión Soviética, en carreras militares o espaciales con otras naciones. Los chinos tienen su propio ritmo y su propio tiempo. Saben que han de equilibrar el vertiginoso crecimiento en el que se hallan y que deben redistribuirlo por zonas urbanas y rurales. Conocen que la mezcla de capitalismo feroz y feroz dictadura con la que actúan puede asustar a socios extranjeros que necesitan para comerciar, para dotarse de suministros energéticos y para reajustar permanentemente su tecnología. Y prodigan confianzas y sonrisas. Tras haber sido ignorados por naciones orgullosas del primer mundo que se ensimismaron mirándose el ombligo, quieren evitar por ahora revanchas, precipitaciones y pasos en falso. Más tarde, ya decidirán. El futuro es suyo. Lo saben ellos y lo saben muchos occidentales que a marchas forzadas están aprendiendo chino.