09/07/2016 / 18:21
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

De encierros

Nos llega desde Budia la noticia de la primera víctima de los encierros del verano.


Nos llega desde  Budia la noticia de la primera víctima de los encierros del verano. Quizá no sea la última,  porque en nuestra provincia casi puede decirse que no hay fiesta sin encierro; y son estos tan concurridos que es dificil mantener la seguridad de los participantes, sobre todo cuando algunos inconscientes pretenden alardear de lo que no tienen. Pero no son esas víctimas las que más conmueven, porque en último extremo, su agilidad les puede servir de escudo en su desafío, y, en cierto modo, lo que les suceda se lo han buscado. Más tristes son los casos de personas mayores, que se ven sorprendidas por la presencia de un astado que no está donde debiera estar, o sea, por el recorrido fijado y detrás de los cabestros. Los que no somos muy taurinos, quiero decir, aficionados a estos festejos populares en torno al toro, nos resulta difícil comprender ese entusiasmo por correr, normalmente por detrás de un astado, sin que sean ni el valor ni el arte los que atraen. En Guadalajara es tal el arraigo de esta afición que no hay fiesta de pueblo sin capea, encierro o novillada y hasta sin corrida de toros, según la categoría del lugar. El verano de 2012 hubo 816 encierros en la provincia con un total de 1.335 reses.
    Las anécdotas en torno a estos festejos son interminables. En mi libro “Memorias de un niño de la Guerra”, cuyo temario es más amplio que el del título, recojo algunas. En Pastrana, una señora que cosía descuidadamente en la puerta de su casa reaccionó a gritos y bastonazos contra un novillo, y logró ahuyentarlo. En Cañizar, un espontáneo se echó al ruedo, no paró darle unos mantazos al novillo sino para ponerle banderillas. Al pretender ponerle un par al quiebro se clavó una banderilla en el vientre. Fue trasladado al Hospital Provincial. En Riba de Santiuste peor suerte tuvo el vaquero Pedro Romero, de 45 años, cuando estaba en la Dehesa en septiembre de 1958 cuidando de la dula vacuna comunal mientras pastaba. Impensadamente un toro le acometió y le corneó repetidamente. Fue una reacción extraña. Una  cornada le atravesó el pulmón causándole la muerte. Un camionero que iba por el valle de Torija, al salir de una curva se encontró con un toro que venía por la carretera tranquilamente, se engalló el cornúpeta al ver el camión y le embistió de frente rompiéndole el radiador y el camión le pasó por encima. El toro se había escapado del encierro de Valfermoso de Tajuña. Once páginas dedico en mi libro a estos sucesos e incidentes taurinos.


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