El paso de la Academia de Infantería en la ciudad de Guadalajara
Tras la finalización de la Guerra Civil española, las autoridades municipales y gubernativas de la ciudad de Guadalajara realizaron numerosas gestiones para que la ciudad acogiese alguna academia militar.
Fruto de las reuniones en el Ministerio de Defensa con su titular, el General Varela, se obtuvo el compromiso de que la ciudad de Guadalajara albergaría la Academia de Infantería de manera provisional. Durante la contienda bélica, el Alcázar de Toledo, que albergaba la Academia de Infantería, había quedado devastado y hasta la construcción de un nuevo edificio para acoger a la entidad militar, Guadalajara había sido asignada de manera oficial como nueva academia de Infantería en las instalaciones de la fundación de religiosas de Adoratrices.
La noticia se publicaba en la primera página del semanario local “Nueva Alcarria”, en su edición del 18 de noviembre de 1939 e igualmente se incluía una columna del Gobierno Civil, en la cual el gobernador de la provincia, José María Sentís, solicitaba la colaboración de los vecinos de Guadalajara para acoger con cariño a los profesores y cadetes que se asentarían en la nueva academia de infantería. Curiosamente en números posteriores del semanario local se insertaban anuncios del ayuntamiento de Guadalajara para que los vecinos acogiesen en sus viviendas a profesores y personal adscritos a la academia de ingenieros.
En enero de 1940 daba de forma oficial comienzo el curso académico 1940-41 en las instalaciones de la fundación de Adoratrices; el Ayuntamiento de Guadalajara se hacía cargo del alquiler del edificio e igualmente se añadía una cláusula por la cual las monjas podían seguir realizando su vida diaria en una nave contigua y con acceso directo a la huerta y a la granja de gallinas y conejos, para el consumo propio de la congregación religiosa.

El ayuntamiento, igualmente, corrió con los gastos de la pavimentación del camino de San Roque desde la nueva academia de infantería hasta el parque de Calvo Sotello, llamado en la actualidad como de la Concordia. Para la instrucción deportiva se adelantaron unos terrenos contiguos al recinto de la Fundación Adoratrices, recibiendo el nombre de Campo de Deportes de la Academia; en la actualidad esas pistas se denominan como Fuente de la Niña. Las maniobras de combate se realizaban en el monte de San Cristóbal y en los aledaños del paraje del Sotillo, el cual también acogía una pista para las pruebas de equitación propias de la academia.
Con la llegada de la Academia de Infantería de Guadalajara, el casco antiguo de la ciudad acogió mucha actividad. Las sastrerías de las familias Razola, Pajares, Moreno, Encabo, Palomares y Berrueco se encargaron de realizar todo tipo de uniformidad tanto para los profesores con mando como para los alumnos cadetes; La sombrerería de Juan Ruiz, en la denominada popularmente como plaza de Santa Clara, era la que distribuía las gorras de plato, así como las de faena de uso diario. La calle Mayor notó la presencia tanto de profesores como de alumnos militares, sobre todo a la hora del paseo que permitía la academia de infantería hasta la hora de la retreta, la cual se producía a última hora de la tarde. Era muy frecuente ver a militares en los bares de la calle Mayor como Bar Regio, La Tropical, El Alcázar, El Casinillo, el Café Las Columnas e igualmente en los restaurantes del Ventorrero y del Hotel España, los cuales acogieron varias ceremonias nupciales entre componentes de la academia de infantería con jóvenes señoritas de la ciudad alcarreña.

Para las celebraciones religiosas de la academia, la dirección del centro eligió la iglesia de Santa María la Mayor, donando una imagen de la Virgen Inmaculada de la Concepción para la realización de la novena de la academia y celebración de la misa solemne el 8 de diciembre. Igualmente los mandos, la escuadra de gastadores y los cadetes en formación participaban desfilando en la tradicional procesión del Corpus Christi.
Finalizado el curso académico militar del año 1947-48, y tras ocho años de permanencia en Guadalajara, el Ministerio de Defensa emitió un informe en el que declaraba que la Academia de Infantería de Guadalajara abandonaba sus instalaciones y regresaba al nuevo edificio de Toledo, situado muy cerca del Alcázar. El 15 de julio de 1948, el alcalde de Guadalajara de aquella época, Cándido Laso Escudero, en nombre de los ciudadanos de Guadalajara, recibía al Coronel Director de la Academia y en un emotivo discurso declaraba la tristeza de los ciudadanos arriacenses ante la salida de la academia castrense y sobre todo rogaba a los militares que habían pasado por las instalaciones de la fundación Adoratrices que llevasen en su corazón el cariño que habían tenido las gentes de Guadalajara hacia ellos.