13/04/2017 / 11:51
Manuel Ángel Puga


Imagenes

Procesiones de Semana Santa y fervor

Fue en el siglo XVI, como consecuencia del Concilio de Trento, cuando las procesiones cobran gran auge, apareciendo las primeras Cofradías.


Hace unos días estuvo circulando por las redes sociales la noticia de que un imán, de origen iraní y residente en Reino Unido, había manifestado su intención de demandar a España ante el Tribunal de Estrasburgo. La razón de tal demanda es que las procesiones de Semana Santa, según su criterio, “son una ofensa al Islam y un menosprecio a la religión del Profeta”… No sabemos en definitiva qué hará ese imán ni tampoco qué decidirá el Tribunal de Estrasburgo, pero lo que sí está claro es que las procesiones de Semana Santa tienen enemigos tanto fuera como dentro de casa.
    Recordemos que en los últimos años, y es de esperar que este año ocurrirá lo mismo, ayuntamientos como los de Madrid, Barcelona, La Coruña, Ferrol, Cádiz y Oviedo, entre otros, no solamente se negaron a colaborar, sino que hicieron todo lo posible para obstaculizar la celebración de las habituales procesiones de Semana Santa, al igual que la de otros actos religiosos. Como vemos, los ataques a la Semana Santa no sólo vienen desde fuera, sino también desde dentro de España. Es triste, pero así es.
A quienes están tratando de eliminar las procesiones (tanto desde fuera como desde dentro) conviene recordarles algunas cosas. La primera de ellas es que las procesiones de Semana Santa, aparte del valor religioso y cultural que encierran, representan creación de empleo y una importante fuente de ingresos, dado el gran número de turistas que atraen. En un momento de crisis económica, renunciar a esos ingresos ni es conveniente ni inteligente. Pese a ello, hay ayuntamientos que, por simples razones ideológicas, no les importa renunciar a tales beneficios económicos. Algo difícil de entender.
    La segunda cosa que convendría recordar a los enemigos de la Semana Santa es que las procesiones poseen una larga tradición que, cuando menos, merece ser respetada. Desde hace siglos las procesiones forman parte del culto externo del cristianismo. Recordemos que la primera procesión cristiana tuvo lugar cuando Jesucristo entró triunfal en Jerusalén a lomos de un pollino. Fueron muchos los que le recibieron y siguieron, llevando en sus manos ramos de olivo y palmas. Más tarde, debido a las persecuciones, se supone que no habría procesiones. Sin embargo, existe constancia histórica de que durante la Edad Media, a partir del Edicto de Milán (año 313), sí se celebraban procesiones y actos religiosos en las calles. En el siglo XIII san Francisco de Asís ideó Belenes vivientes y fomentó el culto externo a la imagen del Crucificado.
    Fue en el siglo XVI, como consecuencia del Concilio de Trento, cuando las procesiones cobran gran auge, apareciendo las primeras Cofradías, las cuales organizaban procesiones con motivo de las distintas festividades religiosas, entre las que destacaba la Semana Santa. Con la llegada del Barroco (siglo XVII) proliferan tanto las procesiones como las imágenes o pasos de Semana Santa… Y así se fueron consolidando hasta llegar a nuestros días. ¿Alguien puede negar la gran tradición de las procesiones? ¿Podrá alguien dudar de los siglos de historia que hay detrás de las procesiones de nuestra Semana Santa?
     Pero, además, no olvidemos que junto a esa tradición está el fervor que las procesiones despiertan entre los fieles. Ver a los penitentes llevando una cruz, con los pies descalzos y arrastrando cadenas, ¿qué puede despertar, sino fervor religioso? El esfuerzo y el sacrificio que realizan los costaleros, ¿qué es, sino devoción?... Las procesiones de Semana Santa representan tradición, pero también fervor y devoción… Somos muchos los que nos preguntamos: ¿por qué tanto molesta a algunos esta tradición y el fervor religioso de los fieles?
    Por último, habría que recordarle a quienes obstaculizan las procesiones de Semana Santa que España no es un país laicista ni ateo, sino un país aconfesional. La Constitución española ampara la libertad religiosa, lo que quiere decir que tanto judíos como musulmanes, budistas o cristianos gozan de plena libertad de culto; nadie les podrá impedir que manifiesten su fe. En consecuencia, ponerle trabas a las procesiones de Semana Santa o intentar suprimirlas deja constancia del desconocimiento de la Constitución española y de la falta de respeto a nuestras tradiciones religiosas. Dos cosas impropias de quienes rigen los destinos de nuestros pueblos y ciudades.


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