Acem abre las puertas de su centro de refugiados a jóvenes de todo el mundo
01/10/2010 - 09:45

Por: Javier Pastrana
Han llegado hace poco al campamento de refugiados que Accem tiene en Sigüenza. Aunque el grupo de voluntarios lo componen once jóvenes, ellas ganan por amplia mayoría. Ellos son dos, ellas nueve. Durante su estancia en el campo de refugiados de Accem, estos once jóvenes van a tener su actividad diaria perfectamente planificada. Los han dividido en tres grupos.
Han llegado hace poco al campamento de refugiados que Accem tiene en Sigüenza. Aunque el grupo de voluntarios lo componen once jóvenes, ellas ganan por amplia mayoría. Ellos son dos, ellas nueve. Todavía es pronto para hacer un balance definitivo de la experiencia, pero las primeras impresiones. Nos han acogido muy bien, asegura Ruth. Ella es de Toledo. Cuando dice que nos han acogido muy bien se refiere a los refugiados con los que van a compartir comida, casa y trabajo durante varias semanas. Es así. Ellos tienen su vida aquí. Los extraños somos nosotros.
Durante su estancia en el campo de refugiados de Accem, estos once jóvenes van a tener su actividad diaria perfectamente planificada. Los han dividido en tres grupos, y por las mañanas, de 9.00 a 13.00 horas, hacen actividades de jardinería, horticultura o mantenimiento. Les toque lo que les toque comparten horas de sudor y trabajo con los refugiados del centro. Las diferencias no les extrañan, porque ellos mismos son un ejemplo de diversidad. El campamento de trabajo es internacional y dos canadienses; dos francesas y una austríaca dan buena fe de ello. En cuanto a los nacidos dentro de las fronteras españolas, han llegado desde el País Vasco, Bacerlona, La Rioja y Toledo. El castellano es la lengua básica, pero no es raro que terminemos hablando en inglés o francés, dependiendo de lo que sepa cada uno, explica David Sánchez, otro de los jóvenes de este grupo. Hay sintonía entre todos porque tenemos un objetivo en común y ganas de pasarlo bien y hacer muchas cosas.
La directora del centro, Ana Belén Sanz Cerezo, también hace hincapié en el espíritu que comparten todos estos jóvenes. Son gente que tiene una sensibilidad especial hacia el mundo de lo social. Algunos de ellos estudian o trabajan en este campo. Otros, quieren vivir una experiencia. Se habla mucho de migración, pero ellos quieren saber más. Me gusta porque todos vienen queriendo conocer al otro.
El plan de trabajo no acaba con las actividades de la mañana. Por la tarde se pasa del trabajo práctico al teórico. Después de comer con los residentes y realizar las tareas domésticas, cuando les toca hacerlo, llegan dos horas de estudio, de 15.30 a 17.30 horas. Las clases pueden versar sobre la normativa de extranjería; el acercamiento a la acción social a través de programas que se realizan en el Centro; pautas sobre intervención psicológica e intervención social; y casos prácticos de voluntariado explicados por algunos de los miembros del Centro de Refugiados de Sigüenza. Este campo surge para fomentar el voluntariado entre los jóvenes y para proporcionarles un acercamiento al mundo de la migración, explica Sanz Cerezo.
Y para acabar el día, actividades de ocio y tiempo libre realizadas de forma conjunta con los residentes del centro. Desde la dirección del centro planean distintas formas de disfrutar de este tiempo conjunto. No obligan a nadie a relacionarse, pero también son conscientes de que si lo dejáramos como tiempo libre podría quedar más a la alternativa de cada uno. Así la interacción está asegurada, y por el momento la propuesta funciona. Hay una relación bastante buena entre los residentes y la gente del campo de trabajo, explica la directora del centro. Desde su punto de vista, para los refugiados representan un soplo de aire fresco y una posibilidad de aprender como viven los jóvenes españoles y los del resto de Europa. Durante la duración del campo de trabajo realizarán excursiones a Molina de Aragón; al Centro de Interpretación de Corduente y al Alto Tajo. También se ha programado un intercambio con el campamento de trabajo de Azuqueca de Henares y todos participan en las actividades de colaboración con el Ayuntamiento. Nosotros siempre intentamos estar en todas las actividades que surgen a lo largo del año en el municipio. Uno de los últimos ejemplos es el campamento urbano organizado en La Alameda, en el que también han podido colaborar los chicos del campo de trabajo.
Talleres para niños centrados en la diversidad cultural
Los jóvenes del campamento de trabajo colaboran con los residentes del Centro de Refugiados de Accem en las distintos trabajos que realizan. Entre ellos figura las actividades en las que colaboran con el Ayuntamiento de la localidad, como el campamento urbano. Según la responsable municipal, Cristina Pastor, el objetivo es, a través de las manualidades y de los distintos juegos, fomentar la integración entre los niños y ocupar su tiempo libre. Además, es consciente de que hay muchos que por motivos económicos no pueden permitirse ir a uno de pago, así que el Ayuntamiento ofrece estos talleres gratuitos. Entre ellos se encuentra uno realizado por Accem. Su encargado es Idriss Sadi y asegura que ayuda a que los niños se acostumbren a lo diferente desde pequeños. Es una forma de corregir ciertos prejuicios. Un ejemplo de ello es la revista intercultural que están elaborando. Primero, cada niño escribe su nombre en árabe, y así ven que hay otros tipos de letras a parte de las que vienen del latín. Después, eligen si quieren hacer un dibujo sobre la diversidad; si quieren recortar una imagen o escribir un texto sobre la diversidad cultural. Esta no es la única actividad de carácter intercultural que han preparado desde Accem para el campamento urbano. También se han preocupado por otros aspectos que ayudan a fomentar la educación social entre los niños. Hemos jugado a las tres en raya, pero con la palabra paz. Y para que la sensibilización también abarque el medio ambiente, se ha preparado una gymkana centrada en el tema del agua, aunque en ella también se refleja la diversidad. Por ejemplo, se dice que en Sudán hay poco agua y, por ejemplo, en Estados Unidos hay mucha. De esta forma cada juego representa el ahorro del agua y la realidad que se vive en cada país, termina de explicar Idriss Sadi.
Durante su estancia en el campo de refugiados de Accem, estos once jóvenes van a tener su actividad diaria perfectamente planificada. Los han dividido en tres grupos, y por las mañanas, de 9.00 a 13.00 horas, hacen actividades de jardinería, horticultura o mantenimiento. Les toque lo que les toque comparten horas de sudor y trabajo con los refugiados del centro. Las diferencias no les extrañan, porque ellos mismos son un ejemplo de diversidad. El campamento de trabajo es internacional y dos canadienses; dos francesas y una austríaca dan buena fe de ello. En cuanto a los nacidos dentro de las fronteras españolas, han llegado desde el País Vasco, Bacerlona, La Rioja y Toledo. El castellano es la lengua básica, pero no es raro que terminemos hablando en inglés o francés, dependiendo de lo que sepa cada uno, explica David Sánchez, otro de los jóvenes de este grupo. Hay sintonía entre todos porque tenemos un objetivo en común y ganas de pasarlo bien y hacer muchas cosas.
La directora del centro, Ana Belén Sanz Cerezo, también hace hincapié en el espíritu que comparten todos estos jóvenes. Son gente que tiene una sensibilidad especial hacia el mundo de lo social. Algunos de ellos estudian o trabajan en este campo. Otros, quieren vivir una experiencia. Se habla mucho de migración, pero ellos quieren saber más. Me gusta porque todos vienen queriendo conocer al otro.
El plan de trabajo no acaba con las actividades de la mañana. Por la tarde se pasa del trabajo práctico al teórico. Después de comer con los residentes y realizar las tareas domésticas, cuando les toca hacerlo, llegan dos horas de estudio, de 15.30 a 17.30 horas. Las clases pueden versar sobre la normativa de extranjería; el acercamiento a la acción social a través de programas que se realizan en el Centro; pautas sobre intervención psicológica e intervención social; y casos prácticos de voluntariado explicados por algunos de los miembros del Centro de Refugiados de Sigüenza. Este campo surge para fomentar el voluntariado entre los jóvenes y para proporcionarles un acercamiento al mundo de la migración, explica Sanz Cerezo.
Y para acabar el día, actividades de ocio y tiempo libre realizadas de forma conjunta con los residentes del centro. Desde la dirección del centro planean distintas formas de disfrutar de este tiempo conjunto. No obligan a nadie a relacionarse, pero también son conscientes de que si lo dejáramos como tiempo libre podría quedar más a la alternativa de cada uno. Así la interacción está asegurada, y por el momento la propuesta funciona. Hay una relación bastante buena entre los residentes y la gente del campo de trabajo, explica la directora del centro. Desde su punto de vista, para los refugiados representan un soplo de aire fresco y una posibilidad de aprender como viven los jóvenes españoles y los del resto de Europa. Durante la duración del campo de trabajo realizarán excursiones a Molina de Aragón; al Centro de Interpretación de Corduente y al Alto Tajo. También se ha programado un intercambio con el campamento de trabajo de Azuqueca de Henares y todos participan en las actividades de colaboración con el Ayuntamiento. Nosotros siempre intentamos estar en todas las actividades que surgen a lo largo del año en el municipio. Uno de los últimos ejemplos es el campamento urbano organizado en La Alameda, en el que también han podido colaborar los chicos del campo de trabajo.
Talleres para niños centrados en la diversidad cultural
Los jóvenes del campamento de trabajo colaboran con los residentes del Centro de Refugiados de Accem en las distintos trabajos que realizan. Entre ellos figura las actividades en las que colaboran con el Ayuntamiento de la localidad, como el campamento urbano. Según la responsable municipal, Cristina Pastor, el objetivo es, a través de las manualidades y de los distintos juegos, fomentar la integración entre los niños y ocupar su tiempo libre. Además, es consciente de que hay muchos que por motivos económicos no pueden permitirse ir a uno de pago, así que el Ayuntamiento ofrece estos talleres gratuitos. Entre ellos se encuentra uno realizado por Accem. Su encargado es Idriss Sadi y asegura que ayuda a que los niños se acostumbren a lo diferente desde pequeños. Es una forma de corregir ciertos prejuicios. Un ejemplo de ello es la revista intercultural que están elaborando. Primero, cada niño escribe su nombre en árabe, y así ven que hay otros tipos de letras a parte de las que vienen del latín. Después, eligen si quieren hacer un dibujo sobre la diversidad; si quieren recortar una imagen o escribir un texto sobre la diversidad cultural. Esta no es la única actividad de carácter intercultural que han preparado desde Accem para el campamento urbano. También se han preocupado por otros aspectos que ayudan a fomentar la educación social entre los niños. Hemos jugado a las tres en raya, pero con la palabra paz. Y para que la sensibilización también abarque el medio ambiente, se ha preparado una gymkana centrada en el tema del agua, aunque en ella también se refleja la diversidad. Por ejemplo, se dice que en Sudán hay poco agua y, por ejemplo, en Estados Unidos hay mucha. De esta forma cada juego representa el ahorro del agua y la realidad que se vive en cada país, termina de explicar Idriss Sadi.