Adiós, Jane
La mejor manera de despedir a Jane es recordar aquello que nos transmitió con su voz calmada, su ternura y su gran conocimiento sobre la naturaleza y los animales.
Había llegado a imaginar que un ángel como ella no podía dejarnos, pero a sus noventa y un años, Jane Goodall ha fallecido. El instituto que lleva su nombre en España lo comunicaba con profunda tristeza. Señalaba que las causas eran naturales y que se encontraba en gira por los Estados Unidos recalcando que aún en esta etapa de su vida, Jane seguía viajando por todo el mundo, con energía y pasión, en su incansable defensa del planeta y todos sus habitantes, inspirando a millones de personas con su mensaje de esperanza.
Fue su marido quién captó, en 1964, una de las imágenes de la etóloga que revolucionó a la comunidad científica e impactó al mundo, Jane, agachada alargando su mano hacia el pequeño Flint, un bebé chimpancé. Como ella misma dijo, esa foto obligó a la ciencia a abandonar la idea de que los humanos eran los únicos seres sintientes con personalidad, mente y emociones.
Desde 2018 el catorce de julio se estableció como Día Mundial del Chimpancé para concienciar a nivel mundial sobre la urgente necesidad de protegerlos. Ese día de 1960 Jane llegaba a Tanzania, hace ya sesenta y cinco años, y fue en las selvas de Gombe donde comenzó a estudiar el comportamiento de los chimpancés en su hábitat natural y los fuertes vínculos afectivos que mantenían madres y crías. El nacimiento del bebé Flint significó el primer estudio de la relación madre-cría en entorno salvaje. Jane se acompañó de su madre para realizar esta investigación prevista para seis meses, sin embargo, no la abandono a lo largo de toda su vida. En aquel lugar, en el corazón del Parque Nacional de Gombe se encuentra el Centro de Investigación del Instituto Jane Goodall donde las investigaciones de la británica han continuado con el compromiso de proteger a los chimpancés en peligro de extinción y su hábitat, llevando al mundo los descubrimientos sobre estos animales que les permiten luchar contra la caza furtiva, el tráfico ilegal o la destrucción de su hábitat.
La foto de Jane, en 1964, agachada alargando la mano hacia el pequeño Flint, revolucionó el mundo científico.
Creo que la mejor manera de despedirnos de Jane es recordar aquello que nos trasmitió con su voz calmada, su ternura y su gran conocimiento sobre la naturaleza y los animales, con la inteligencia de entender que su lucha comenzaba y terminaba en el diálogo. De esta manera, consiguió llegar a aquellos que tenían el poder de cambiar el mundo. Reveló la conducta instrumental de los chimpancés y su estructura social, aspectos como forrajeo, caza, guerra entre grupos, altruismo, dominancia, canibalismo, crianza y adopción, llegaron a nuestro conocimiento. Nos enseñó que los grandes simios tienen una fuerza increíble pero que evitan los conflictos con señales corporales como golpes en el pecho o vocalizaciones, que son altamente sociables y emocionalmente complejos y que son capaces de mostrar afecto a través de conductas como el acicalamiento.
Doctora en Etología por la Universidad de Cambridge desde 1965, Doctora honoris causa en más de cuarenta y cinco universidades del mundo, Medalla de Oro UNESCO o “Mensajera de la Paz” de Naciones Unidas nos muestran la importancia de un activismo que ha mantenido hasta el último día de su vida, concienciando en California. Una tarea que también realizaba en papel con más de treinta libros escritos y con un mensaje claro, intentar vivir sin causar daño innecesario a los demás seres vivos, con actitudes éticas hacia todas las criaturas que constituyen la multitud de especies con las que los seres humanos compartimos este planeta, mostrando el valor que tiene cualquier animal como individuo, con su propia personalidad e idiosincrasia. Porque ellos también sienten y padecen. Su sueño de infancia de escribir sobre animales en África, pudo cumplirlo para beneficio del planeta.
Las redes claman que Jane nos ha dejado y los medios de comunicación nos informan de su extraordinario legado. El lamento es unánime. Siento que hoy, el mundo de la protección animal se queda, con su ausencia, algo más desprotegido.