Advierten de un empeoramiento de los refugiados en Kenia por la crisis de Somalia
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
Para empeorar las cosas, el cierre de la frontera entre Somalia y Kenia en enero de 2007 ha hecho muy poco para aliviar la situación. De media, cerca de 7.000 somalíes han llegado a Kenia este mes, según la directora para el país africano del Comité de Rescate Internacional, Kellie Leeson, en declaraciones recogidas por la agencia de información de Naciones Unidas, IRIN.
Leeson pidió más tierra disponible en Dadaab para aumentar la extensión del campo para que sus residentes puedan vivir en dignidad. Este esfuerzo está siendo llevado a cabo por representantes de la Agencia de Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR). Por su parte, el IRC está aportando los servicios sanitarios imprescindibles en Dadaab, al igual que recursos higiénicos para el campamento de desplazados de Kakuma, en el noroeste de Kenia.
La elevada población de refugiados ha provocado que sea tremendamente difícil cumplir con los servicios especificados, lamentó Leeson. El agua, en particular ha supuesto un desafío tremendo, así como la provisión de las letrinas adecuadas. La superpoblación en Dadaab implica que no se están alcanzando los estándares internacionales de los servicios básicos, según Refugees International. Faltan unas 36.000 letrinas y la mitad de los refugiados sólo tiene acceso a menos de 13 litros de agua al día, informó la ONG en un informe reciente publicado sobre los refugiados somalíes.
En su documento, la agencia solicitó la reapertura de un centro de acogida para refugiados somalíes, que fue clausurado por las autoridades kenianas en mayo de 2008. Esta medida, afirma el Gobierno, asegura que los desplazados son registrados e identificados de una forma ordenada y humana y que, para Kenia tiene el beneficio añadido de que reduce las amenazas transfronterizas que les puedan perjudicar.
Llegados a este punto, Leeson consideró imprescindible la identificación sanitaria para evitar igualmente la expansión de las enfermedades en estos campos tan congestionados. Ya el pasado marzo, la ONG pro Derechos Humanos, Human Rights Watch, advertía de que Kenia ya estaba implicada en una crisis cada vez mayor de refugiados.
Entre agosto de 2008 y finales de febrero de 2009, cerca de 35.000 nuevos refugiados que han llegado a Dadaab no tienen cobijo y se han visto obligados a dormir a cielo abierto en refugios improvisados que les dan una protección mínima contra el mal tiempo, o bien se encuentran confinados con parientes o extraños que de por sí estaban viviendo muy por debajo de los estándares humanitarios, según HRW.
En el plano comunitario, se están empezando a experimentar las primeras tensiones con los ciudadanos kenianos. La comunidad residente está especialmente afectada con los altos precios y con la sequía, declaró Leeson. En este sentido, tanto el ICR como ACNUR y otros colaboradores han trabajado con las organizaciones locales en un esfuerzo para evitar el incremento de los enfrentamientos entre desplazados y residentes locales.
Pero la comunidad local de Dadaab ya ha planteado las primeras quejas contra la ampliación de estos campamentos, de los que afirman que están causando gravísimos daños a la economía local. En Kakuma, la mayoría de los refugiados son de origen somalí, bien llegados de Dadaab o Nairobi.
La elevada población de refugiados ha provocado que sea tremendamente difícil cumplir con los servicios especificados, lamentó Leeson. El agua, en particular ha supuesto un desafío tremendo, así como la provisión de las letrinas adecuadas. La superpoblación en Dadaab implica que no se están alcanzando los estándares internacionales de los servicios básicos, según Refugees International. Faltan unas 36.000 letrinas y la mitad de los refugiados sólo tiene acceso a menos de 13 litros de agua al día, informó la ONG en un informe reciente publicado sobre los refugiados somalíes.
En su documento, la agencia solicitó la reapertura de un centro de acogida para refugiados somalíes, que fue clausurado por las autoridades kenianas en mayo de 2008. Esta medida, afirma el Gobierno, asegura que los desplazados son registrados e identificados de una forma ordenada y humana y que, para Kenia tiene el beneficio añadido de que reduce las amenazas transfronterizas que les puedan perjudicar.
Llegados a este punto, Leeson consideró imprescindible la identificación sanitaria para evitar igualmente la expansión de las enfermedades en estos campos tan congestionados. Ya el pasado marzo, la ONG pro Derechos Humanos, Human Rights Watch, advertía de que Kenia ya estaba implicada en una crisis cada vez mayor de refugiados.
Entre agosto de 2008 y finales de febrero de 2009, cerca de 35.000 nuevos refugiados que han llegado a Dadaab no tienen cobijo y se han visto obligados a dormir a cielo abierto en refugios improvisados que les dan una protección mínima contra el mal tiempo, o bien se encuentran confinados con parientes o extraños que de por sí estaban viviendo muy por debajo de los estándares humanitarios, según HRW.
En el plano comunitario, se están empezando a experimentar las primeras tensiones con los ciudadanos kenianos. La comunidad residente está especialmente afectada con los altos precios y con la sequía, declaró Leeson. En este sentido, tanto el ICR como ACNUR y otros colaboradores han trabajado con las organizaciones locales en un esfuerzo para evitar el incremento de los enfrentamientos entre desplazados y residentes locales.
Pero la comunidad local de Dadaab ya ha planteado las primeras quejas contra la ampliación de estos campamentos, de los que afirman que están causando gravísimos daños a la economía local. En Kakuma, la mayoría de los refugiados son de origen somalí, bien llegados de Dadaab o Nairobi.