AI califica de "inhumanas" las ejecuciones a presos con enfermedades mentales en Japón y pide su cese
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
La ONG Amnistía Internacional (AI) calificó hoy de "inhumanas" las ejecuciones de presos con enfermedades mentales en Japón, ya que considera que vulnera el Derecho Internacional, por lo que exigió su cese, además de la revisión de los casos y una mejora de sus condiciones en las cárceles.
A raíz de la publicación de su nuevo informe sobre el trato que reciben las personas con enfermedades mentales condenadas a muerte en Japón, titulado 'Hanging by a thread: mental health and the death penalty in Japan', Amnistía recuerda que el país nipón ha suscrito las normas internacionales según las cuales las personas con enfermedades mentales graves deben ser protegidas de la pena capital.
Según AI, actualmente hay en Japón 102 personas que no saben si serán ejecutadas ni la fecha de su posible ejecución, tal y como dictan las normas de este país. "Quienes han llegado al final del proceso legal se ven obligados a esperar la ejecución todos los días, afrontando una condena que puede cumplirse con sólo unas horas de aviso", explica la ONG.
"Para ellos, cada día puede ser el último, y la llegada de un funcionario de prisiones con una orden de ejecución supondría su ejecución en unas horas. Algunos viven así año tras año, en ocasiones durante décadas", denuncia.
En opinión de James Welsh, experto en Salud de Amnistía Internacional y principal autor del informe, "permitir que un preso viva durante un largo periodo bajo la amenaza diaria de una muerte inminente es cruel, inhumano y degradante" y este trato "supone exponerlos a un gran riesgo de desarrollar enfermedades mentales graves".
Por lo tanto, Welsh pidió al Gobierno de Japón que promueva un trato mejor para los presos en espera de ejecución con el objetivo de evitar que desarrollen graves problemas de salud mental.
Se desconoce el número exacto de presos en espera de ejecución que sufren enfermedades mentales en Japón. La pena de muerte y la salud de los presos están rodeadas de gran hermetismo y la falta de vigilancia por parte de expertos independientes en salud mental ha hecho que se acuda a testimonios y documentación de segunda mano para evaluar el estado mental de estos presos, explica AI, que añade que sus peticiones de acceso han sido denegadas.
Por lo que ha podido saber la ONG, a los condenados a muerte no se les permite hablar entre sí, "una restricción reforzada por el estricto régimen de aislamiento al que están sometidos". El contacto con familiares, abogados y otras personas está limitado a visitas de sólo cinco minutos, no se les permite moverse salvo para ir al baño, y deben permanecer sentados en su celda. Además, tienen menos acceso al aire libre y la luz del sol, y más probabilidades de sufrir castigos extra por infringir las estrictas normas que se les imponen.
"Estas condiciones inhumanas aumentan la ansiedad y la angustia de los presos y en muchos casos los empujan hacia la enfermedad mental", señala James Welsh.
AI recuerda que los estudios que ha realizado en todo el mundo han demostrado que las personas que sufren enfermedades mentales corren especial peligro de acabar en el pabellón de los condenados a muerte. Los desórdenes mentales pueden inducir a la comisión de crímenes, incidir negativamente en la capacidad de un acusado de participar en una defensa legal eficaz y es probable que desempeñen un importante papel en la decisión de no continuar con el proceso de apelación.
Por eso, la organización pide al Gobierno japonés que establezca una suspensión de las ejecuciones con vistas a abolir la pena de muerte e le insta a que revise todos los casos en los que la enfermedad mental pueda ser un factor pertinente, a asegurarse de que los presos con enfermedades mentales no son ejecutados y a mejorar las condiciones de los presos para que no sufran un deterioro en su salud mental ni desarrollen enfermedades mentales graves.
Según AI, actualmente hay en Japón 102 personas que no saben si serán ejecutadas ni la fecha de su posible ejecución, tal y como dictan las normas de este país. "Quienes han llegado al final del proceso legal se ven obligados a esperar la ejecución todos los días, afrontando una condena que puede cumplirse con sólo unas horas de aviso", explica la ONG.
"Para ellos, cada día puede ser el último, y la llegada de un funcionario de prisiones con una orden de ejecución supondría su ejecución en unas horas. Algunos viven así año tras año, en ocasiones durante décadas", denuncia.
En opinión de James Welsh, experto en Salud de Amnistía Internacional y principal autor del informe, "permitir que un preso viva durante un largo periodo bajo la amenaza diaria de una muerte inminente es cruel, inhumano y degradante" y este trato "supone exponerlos a un gran riesgo de desarrollar enfermedades mentales graves".
Por lo tanto, Welsh pidió al Gobierno de Japón que promueva un trato mejor para los presos en espera de ejecución con el objetivo de evitar que desarrollen graves problemas de salud mental.
Se desconoce el número exacto de presos en espera de ejecución que sufren enfermedades mentales en Japón. La pena de muerte y la salud de los presos están rodeadas de gran hermetismo y la falta de vigilancia por parte de expertos independientes en salud mental ha hecho que se acuda a testimonios y documentación de segunda mano para evaluar el estado mental de estos presos, explica AI, que añade que sus peticiones de acceso han sido denegadas.
Por lo que ha podido saber la ONG, a los condenados a muerte no se les permite hablar entre sí, "una restricción reforzada por el estricto régimen de aislamiento al que están sometidos". El contacto con familiares, abogados y otras personas está limitado a visitas de sólo cinco minutos, no se les permite moverse salvo para ir al baño, y deben permanecer sentados en su celda. Además, tienen menos acceso al aire libre y la luz del sol, y más probabilidades de sufrir castigos extra por infringir las estrictas normas que se les imponen.
"Estas condiciones inhumanas aumentan la ansiedad y la angustia de los presos y en muchos casos los empujan hacia la enfermedad mental", señala James Welsh.
AI recuerda que los estudios que ha realizado en todo el mundo han demostrado que las personas que sufren enfermedades mentales corren especial peligro de acabar en el pabellón de los condenados a muerte. Los desórdenes mentales pueden inducir a la comisión de crímenes, incidir negativamente en la capacidad de un acusado de participar en una defensa legal eficaz y es probable que desempeñen un importante papel en la decisión de no continuar con el proceso de apelación.
Por eso, la organización pide al Gobierno japonés que establezca una suspensión de las ejecuciones con vistas a abolir la pena de muerte e le insta a que revise todos los casos en los que la enfermedad mental pueda ser un factor pertinente, a asegurarse de que los presos con enfermedades mentales no son ejecutados y a mejorar las condiciones de los presos para que no sufran un deterioro en su salud mental ni desarrollen enfermedades mentales graves.