Alexánder Lukashenko sigue siendo el último dictador que queda en Europa
01/10/2010 - 09:45
La expectativa de que las elecciones legislativas celebras el domingo en Bielorrusia iban a ser auténticamente democráticas no se ha cumplido. El presidente del país, Alexánder Lukashenko, mantiene el título de último dictador de Europa, distinción que Washington le impuso por sus continuos atropellos a los derechos y libertades públicas. Según los primeros datos de un escrutinio que los observadores internacionales tachan de fraudulento, ninguno de los 110 escaños del Parlamento ha ido a parar a manos de la oposición.
Así lo reconoció ayer la presidenta de la Comisión Electoral bielorrusa, Lidia Yermóshina.
Los votantes temen perder lo que tienen, si al Parlamento llegan otras fuerzas y se producen cambios radicales, manifestó Yermóshina. Sin embargo, el miedo al cambio no es la única causa de que la oposición vuelva a quedar marginada de la vida política de la antigua república soviética.
Ann-Marie Lizin, que encabeza la misión de observadores de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, declaró hoy en rueda de prensa que estos comicios no cumplieron plenamente los preceptos de la OSCE para que unas elecciones puedan ser consideradas democráticas. Un tercio de los observadores denunció que no se les permitió supervisar nada mientras un 40 por ciento se quejó de que no tuvo posibilidad de seguir plenamente el escrutinio. Lizin, no obstante, afirmó que hubo mejoras en el proceso electoral.
Por su parte, el relator de derechos humanos y observador de la OSCE, el español Jesús López-Medel, manifestó en declaraciones a este periódico que el escrutinio fue excesivamente rápido y muy opaco. Según López-Medel, no coincidían las listas de votantes con el número de personas que se aseguraba habían acudido a las urnas.
La Cámara estará copada por personas próximas al régimen de Lukashenko. Ninguno de los 70 candidatos opositores ha conseguido escaño. Tras las elecciones presidenciales de 2006, cuando Lukashenko obtuvo el 83 por ciento de los votos y disolvió violentamente a quienes salieron a la calle para protestar, la UE impuso sanciones a Bielorrusia que, entre otras cosas, restringen la concesión de visados para altos cargos.
Los votantes temen perder lo que tienen, si al Parlamento llegan otras fuerzas y se producen cambios radicales, manifestó Yermóshina. Sin embargo, el miedo al cambio no es la única causa de que la oposición vuelva a quedar marginada de la vida política de la antigua república soviética.
Ann-Marie Lizin, que encabeza la misión de observadores de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, declaró hoy en rueda de prensa que estos comicios no cumplieron plenamente los preceptos de la OSCE para que unas elecciones puedan ser consideradas democráticas. Un tercio de los observadores denunció que no se les permitió supervisar nada mientras un 40 por ciento se quejó de que no tuvo posibilidad de seguir plenamente el escrutinio. Lizin, no obstante, afirmó que hubo mejoras en el proceso electoral.
Por su parte, el relator de derechos humanos y observador de la OSCE, el español Jesús López-Medel, manifestó en declaraciones a este periódico que el escrutinio fue excesivamente rápido y muy opaco. Según López-Medel, no coincidían las listas de votantes con el número de personas que se aseguraba habían acudido a las urnas.
La Cámara estará copada por personas próximas al régimen de Lukashenko. Ninguno de los 70 candidatos opositores ha conseguido escaño. Tras las elecciones presidenciales de 2006, cuando Lukashenko obtuvo el 83 por ciento de los votos y disolvió violentamente a quienes salieron a la calle para protestar, la UE impuso sanciones a Bielorrusia que, entre otras cosas, restringen la concesión de visados para altos cargos.