20/02/2022 / 12:17
Manuel Ángel Puga/Pedagogo y escritor


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Alguien nos roba el tiempo

 No podemos recuperar el tiempo que nos hacen perder quienes nos transmiten noticias falsas. Tampoco podemos recuperar el tiempo que nos roba el funcionamiento de muchos servicios públicos y privados... y así podríamos seguir con otras muchas formas.


Acabo de leer un libro que ya había leído hace casi cincuenta años, y debo confesar que fue ahora cuando saqué unas conclusiones que antes no se me habían ocurrido. El libro es en realidad un cuento para niños, titulado Momo, del que es autor el escritor Michael Ende. Pero aunque fue escrito para niños, la verdad es que ha sido leído por muchas personas adultas. Yo, entre ellas.

La protagonista del cuento es una niña huérfana, llamada Momo, que vivía completamente sola en un viejo edificio abandonado. Carecía de dinero, por lo que iba descalza y vestía un abrigo de largas mangas, que no cortaba porque pensaba crecer. Tenía el pelo rizado y encrespado. Su aspecto físico más bien producía repugnancia, pero su alma atraía y arrastraba a todo el mundo. En el mismo pueblo vivía un matrimonio interesado en llevarla a vivir con ellos, pero Momo se negaba a tal cosa. Ella se sentía feliz en el viejo caserón abandonado. Le propusieron entonces llevarla a un hogar para niños abandonados, pero tampoco quiso. En vista de ello, este matrimonio decidió ayudarla en la distancia, llevándole comida diariamente y lo imprescindible para que pudiera subsistir. Además, pasaban largos ratos charlando con ella.

Sucedió que el ejemplo de este matrimonio fue seguido por numerosos vecinos del pueblo. Todos querían visitar a Momo, llevarle regalos y charlar con ella. Su inteligencia, dulzura y amabilidad cautivaban a quienes la conocían. Muchos acudían a ella para que les ayudase a resolver algún problema personal o familiar. Por supuesto, también acudían niños y niñas para jugar.

Todo era paz y tranquilidad en el pueblo hasta que llegaron unos hombres que se les conocía con el nombre de los “hombres de gris”. Eran personajes extraños, tanto por su comportamiento como por su vestimenta de color gris. Tales personajes se movían con extrema rapidez, como si alguien les persiguiera. Lo hacían para ahorrar tiempo. Además, robaban el tiempo libre de las personas del pueblo con el fin de tener ellos más tiempo. Convencían a los vecinos para que trabajasen más y, así, mientras trabajaban, ellos les robaban su tiempo libre, es decir, las horas que solían dedicar al descanso. De esta sutil manera los “hombres de gris” poseían mucho tiempo, pero los habitantes del pueblo vivían agotados y sin tiempo para poder visitar a Momo. Se habían acabado aquellas reuniones familiares y las largas horas de charla.

Es entonces cuando Momo decide actuar. Encuentra una tortuga, que se convertirá en su mascota, quien la guía a casa del sabio “Maestro Hora”. La niña le informa de todo lo que estaba sucediendo en el pueblo. Pero mientras tanto los “hombres de gris”, que se habían enterado de que Momo estaba planeando algo contra ellos, salen en su busca para hacerle daño. Llegan a casa del “Maestro Hora” y, ante la peligrosa situación, la niña le pide al maestro que detenga el tiempo. Así lo hace, con lo cual los “hombres de gris” empezaron a quedarse sin la materia prima que les servía de alimento. Como consecuencia, aquellos “hombres de gris” se quedaron sin el tiempo que habían estado robando, fueron derrotados y terminaron marchándose del pueblo. Por su parte, los vecinos recuperaron todo el tiempo libre que les habían robado.   

En el cuento de Momo la gente recupera el tiempo que le habían robado, pero en la realidad actual no es así. No podemos recuperar el tiempo que nos roban quienes, siguiendo los más rigurosos cánones del acoso telefónico, nos llaman día tras día para vendernos lo que no necesitamos ni deseamos comprar, cuando no es para convertirnos en víctimas de alguna estafa. No podemos recuperar el tiempo que nos hacen perder quienes nos transmiten noticias falsas a través de la prensa, la radio y, sobre todo, a través de la televisión. Tampoco podemos recuperar el tiempo que nos roba el mal funcionamiento de muchos servicios, tanto públicos como privados, cuando nos obligan a permanecer en largas colas hasta ser atendidos. Jamás recuperaremos el tiempo que nos hace perder toda esa publicidad que nos ponen en televisión, y que está al servicio del más puro consumismo… Y así podríamos seguir con otras muchas formas, parece que ideadas para hacernos perder el tiempo. Como consecuencia, hemos de procurar que no roben nuestro tiempo. Del mismo modo que en ciertas ocasiones tenemos que estar muy atentos a nuestra cartera o al bolso, así también debemos estar muy atentos para que nadie pueda robar nuestro tiempo, tan nuestro como la cartera o el bolso.  


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