Almudena de Arteaga recibe el premio 'Princesa de Eboli'

14/07/2017 - 13:11 Redacción

Justo a continuación del pregón, que este año le ha correspondido al IV Duque de Pastrana y VIII Duque del infantado, Rodrigo Díaz de Vivar de Silva y Mendoza,

 Pasadas las ocho de la tarde de ayer, Pastrana culminaba una sorprendente transformación, que condujo a la Villa Ducal desde siglo XXI, primero al XVII, y más tarde al Siglo de Oro. Como si de una de película de ciencia-ficción se tratara, algo cambiaba en el aire estival alcarreño para que, siendo los mismos los edificios y las calles, las vestimentas y los personajes, igualmente con rostros de hoy, se volvieran exactamente como fueron en esos dos momentos históricos, verdadero orgullo de la localidad.

Los calatravos, formados en la calle Mayor, los bailes de judíos y moriscos, en la Plaza de los Cuatro Caños, aldeanos, vestidos como era costumbre en el Renacimiento, que paseaban por delante del Palacio de Covarrubias o salían del Arco de la Fonda, y los cánticos de la Coral de La Paz, que pareció también que existía entonces, ambientaron el previo del pregón del XVI Festival Ducal de Pastrana hasta que apareció el IV Duque de Pastrana, don Rodrigo Díaz de Vivar de Silva y Mendoza (1614-1675), en el balcón de la Plaza de la Hora.

“Como en años anteriores hicieran mis antepasados, hoy, siendo el verano del dos mil y diez y siete, regreso a esta mi casa para dar comienzo a el XVI Festival Ducal. Poco tengo que ver con los hechos que aquí se recordarán estos días, pues mi propia historia llegaría muchos años más tarde. El motivo de mi presencia entre vuestras mercedes no es otro que el de celebrar una importante efeméride que este año se cumple, y en la que mi persona tuvo algo que ver; pero desde luego, aquí estoy con la aprobación de Don Ruy Gómez de Silva, I Duque de Pastrana y Príncipe de Eboli, mi bisabuelo”, dijo para empezar.

El IV Duque de Pastrana, y VIII del Infantado, donó a la Colegiata, en 1667, la colección de telas góticas de Alfonso V de Portugal donde se narran las batallas que sucedieron en el norte de Africa, en las ciudades de Arcila y Tánger. Este año se cumplen los trescientos y cincuenta desde aquel momento, y, “por ello vengo del pasado, como viene siendo habitual últimamente en mi familia, para que vuestras mercedes compartan con alegría este momento, así como fue celebrado hace tres siglos y medio por toda la población, con música, bailes, buenos caldos y viandas”, dijo el pregonero.

Antes de desaparecer súbitamente, dejando al Festival de nuevo al pie del Siglo de Oro, recitó una poesía, escrita de su puño y letra: “La joya más avalorada, entre las lanas y entre sedas, cuelgan en la colegial, contando historias de guerras, batalla que sucediera al sur de nuestras fronteras, al norte del Africa donde Arcila y Tánger se encuentran, Alfonso, de Portugal el V, fue quien pidiera el tejerlos en Tournai, tras las fronteras de Bélgica, Passchier Grenier el maestro quien facturara la tela... en sus telares bordó hechos que el mundo tuviera (…)”. Así, con todo lujo de detalles, como lo hacen los tapices con las batallas que refieren, repasó Don Rodrigo su historia y su valía, dando lectura a su bello texto. Sus palabras dieron pie a un magnífico desfile, real, en este caso, pero tan pleno de detalles en vestimentas y movimientos como los tapice.

A continuación, tomaba la palaba el alcalde de Pastrana, Ignacio Ranera, para presentar el acto del V Premio 'Princesa de Eboli', que le ha sido concedido a la abogada y escritora, Almudena de Arteaga. En primer lugar, el alcalde subrayó “el trabajo de la gente de Pastrana que nos ha convertido en un referente cultural en la provincia de Guadalajara y en Castilla-La Mancha. Los pastraneros creen en su propia historia como motor económico, y nuestro Festival Ducal es el mejor ejemplo de ello”. Glosó a continuación el regidor a los premiados con el galardón que precedieron a Almudena de Arteaga: Esther Alegre, que con su obra 'La Villa Ducal de Pastrana' marcó un antes y un después en la promoción turística de la localidad alcarreña; Ciriaco Morón, ilustre humanista que ha paseado el buen nombre de Pastrana por todo el mundo; Atilano Rodriguez, obispo de Sigüenza responsable principal de que hoy, el Museo de los Tapices luzca como lo hace; y la orden Franciscana, cuya sabiduría y amor hacia Pastrana conservó el legado carmelita, favoreciendo en estos años la creación del Museo del V Centenario de Santa Teresa.

Antes de entregarle el premio, un busto de Ana de Mendoza, Ranera repasó la biografía de la escritora, y se refirió especialmente a su primera novela, 'La princesa de Eboli' (1997), una publicación que cambiaría su vida, al tiempo que también lo hizo con la imagen de un personaje “que hoy es el icono turístico de Pastrana, del que nos sentimos bien orgullosos”. El regidor destacó que aquel libro hizo que Almudena de Arteaga abandonara el ejercicio del Derecho y se dedicase en exclusiva a la Literatura, siendo reconocida a partir de entonces por la crítica “como una de las más destacadas escritoras de novela histórica”. A esta primera novela le siguieron veinte obras más, y sus libros han llegado a permanecer más de cuatro meses en las listas de los más vendidos. “Hoy, los pastraneros queremos darle el Premio 'Princesa de Éboli' a Almudena de Arteaga puesto que hace 20 años, Ana de Mendoza era un personaje maltratado, olvidado e incluso vilipendiado por los historiadores. Gracias a ella y a otros expertos, como Nacho Ares o Manuel Fernández Alba, se ha recuperado su figura como grande de España, y también de Pastrana, y como una mujer adelantada a su tiempo, que se enfrentó a los hombres que dominaron el Siglo De Oro”.

Antes de recoger la distinción, Almudena de Arteaga, que tuvo el detalle con Pastrana de vestirse para la ocasión como Princesa de Eboli, puesto que además es descendiente directo de Ana de Mendoza, dijo, emocionada, que “a Ana, le debo absolutamente todo”. Licenciada en Derecho, hasta la publicación de aquella primera novela, para la premiada “escribir era solo una afición, que nunca pensé que fuera a ir más allá… ¿a quién le iban a interesar mis historias?”. Sin embargo, inspirada por la Princesa, se atrevió “a escribir en primera persona sobre un personaje que fue las cinco mujeres que pudo ser en el Siglo de Oro”: hija devota, fiel esposa, madre de diez hijos, monja y rebelde cautiva.

Cuando la escritora llegó a Pastrana, con un Palacio de Covarrubias en obras y aún sin rehabilitar, no le dejaron entrar, sin embargo, “desde fuera miraba la gran reja de la ventana y pensaba lo que pensaría allí dentro esa mujer a la que yo tanto respetaba”. Cuando por fin pudo conocer el interior, “comprobé que lo había imaginado todo tal y como debió de ser, empezando por la concepción de un edificio que está aquí porque Ana quiso que estuviera”. Entonces, la escritora dejó el ejercicio del Derecho y apostó por la Literatura: “Ella me ayuda cada día, y me ha traído hoy hasta aquí”. Para finalizar su intervención, leyó el primer párrafo de aquella novela, la que publicara en 1997. “El dia que muera, si nos vemos en algún lugar, espero que no me eche en cara nada de lo que digo en el texto”, dijo, y terminó dando las gracias a Pastrana, a su alcalde, a las autoridades, al periodista Chani, “que inventó este premio” y a su marido, apoyo incólume.

Después de la entrega del galardón, y en un segundo escenario, la Banda de Música de Pastrana, en su formación del Siglo de Oro, interpretó un breve concierto con el que cerró el acto, quedando así abierta la XVI edición del Festival Ducal de Pastrana.