Alovera recordó en silencio a las víctimas del 11-M, cinco años después de la tragedia

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: M.TOVAR ATANCE
Sencillo, emotivo y reivindicativo. Así fue ayer el sentido homenaje que la localidad de Alovera rindió a las dos vecinas, Sara Centenera y Begoña Martín, que la trágica mañana del 11 de marzo de 2004 perdieron la vida cuando viajaban en los trenes siniestrados hacia su lugar de estudio y de trabajo.
Y, en general, un recuerdo a las 12 víctimas de la provincia y al conjunto de las 192 vidas que se truncaron ese mismo día. Azuqueca rindió también un pequeño homenaje, discreto, con los familiares de las víctimas en el monumento erigido junto a la estación de tren, mientras que en la capital no hubo ningún acto de recuerdo de este doloroso aniversario.
Alovera fue ayer la única localidad de la provincia que recordó públicamente a las 192 víctimas del fatídico 11 de marzo de 2004, y, en particular, a las dos vecinas, Sara Centenera y Begoña Martín, que perdieron la vida en los trenes siniestrados cuando, como un día más, se disponían a llegar a su puesto de estudio o de trabajo. Fue un acto sencillo, pero no por ello exento de emotividad y de infinidad de recuerdos entre el cerca del centenar de vecinos que no quisieron faltar a este particular homenaje. 192 velas y claveles blancos volvieron a lucir a los pies del monolito que el Ayuntamiento erigió en la plaza de la Comunidad en recuerdo de las víctimas y en torno al que se concentraron ayer y guardaron tres minutos de silencio, presidido por las inscripciones que quedarán para siempre grabadas en la piedra: “Nada es tan necesario al hombre como un par de lágrimas”, según recoge un verso de Blas de Otero.
El alcalde aloverano, David Atienza, fue el encargado de leer el manifiesto, en representación de todos los vecinos, frente al monolito, acompañado por los miembros de la Corporación municipal y la diputada, Mª Teresa Tejedor. “Por muchos años que pasen, en nuestra memoria no se borrarán las imágenes de este 11-M. Los afectados de entonces y el dolor que padecen sus familias van a permanecer siempre entre nosotros”, aseguró el primer edil. “Todos quedamos marcados por la tragedia de aquel 2004. Lo único positivo de ese día es que las vidas de cuantos ahí se truncaron nos han ayudado a sentirnos más fuertes para luchar contra la injusticia y la intolerancia, a la vez que buscamos con más ahínco un mundo mejor”. Atienza aseguró que, con esta base, “continuaremos todos unidos y ahí nos tendréis siempre”, dijo.
David Atienza quiso recordar en este acto también de forma genérica a todas las víctimas de la violencia abogando por la desaparición de este tipo de sucesos. “Los representantes municipales de Alovera queremos dejar claro que, desde nuestras obligaciones en tal sentido, estamos luchando en todo momento a fin de lograr una sociedad más libre, más solidaria y que viva en paz”. En este sentido, recordó las acciones terroristas de ETA, a las que, aseguró, “no nos vamos a rendir” e hizo referencia al recrudecimiento de las acciones en Irlanda del Norte. “Es el mejor momento para que la gente de bien exijamos a los terroristas que dejen de amedrentar a los pueblos con su intolerancia y sean capaces de convivir, de una vez por todas, con las personas civilizadas que basan en la convivencia pacífica con los demás su forma de concebir la vida”.
Entre los vecinos que ayer se concentraron estaba Félix Sánchez, tío de una de las víctimas, Sara Centenera, quien recordaba ayer, emocionado, a esta aloverana como “una chica muy maja, muy joven y muy lista”. A pesar de que ya han pasado cinco años desde este terrible suceso, Félix aseguraba ayer que la familia sigue muy mal. “Ese día se durmió y no quería ir al colegio, la llevó su padre al tren a Azuqueca y, ojalá, no la hubiera llevado porque entonces lo estaría contando”. Los familiares asistieron ayer a una misa que se celebró en la parroquia de la localidad, en memoria de la joven aloverana.
El Ayuntamiento de Azuqueca de Henares, por su parte, que perdió a cinco vecinos en ese mismo atentado, celebró un discreto acto de homenaje, respetando la voluntad de las familias, depositando cinco flores blancas y guardando cinco minutos de silencio en el monolito situado frente a la estación de tren. En Guadalajara capital no tuvo lugar ningún acto.