31/01/2021 / 12:53
José Serrano Belinchón


Imagenes

Aquel, mi primer libro

'Diálogos con la provincia' fue publicado en 1980.


En febrero de 1980, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja publicó, y distribuyó entre sus impositores, mi primer libro, Diálogos con la provincia; una recopilación de mis cincuenta primeros reportajes publicados hasta entonces en el periódico Nueva Alcarria. Un estudio improvisado de la sociedad guadalajareña del momento a todos los niveles. Ayer eché mano de aquel libro que guardo en mi biblioteca, y me puse a recordar, uno por uno, el medio centenar de personajes que en su día elegí para darle forma y contenido. De entonces a hoy ha perdido actualidad, pero no interés. Los personajes son un conjunto de lo más variado de la sociedad alcarreña, conocidos muchos de ellos e ignorados los más, pero en todos los casos, gentes con valores de los que hay que aprender, según la situación y circunstancias de cada uno, a saber: la señora Juliana Santamaría,  castañera de la esquina; don Fermín Santos, enseña de la familia de pintores seguntinos; doña Patricia Bueno, regente de la Casa de Piedra de Alcolea del Pinar; doña Alicia López Budia, locutora de las mañanas en Radio Madrid; don Fermín Agustín Casado, zapatero local; don Antonio Naranjo, enfermo de lepra en el sanatorio de Trillo, y don Manuel Seco Raymundo, catedrático de Lengua y Literatura que lo había sido del Instituto Brianda de Mendoza, entre tantos más, a quien pregunté cuál era el momento actual del castellano como idioma. Me respondió de una forma tan autorizada y clara, que prefiero darla a conocer como de máxima utilidad para los muchos millones de hispanohablantes de hoy, entre ellos los de nuestra tierra. Estas fueron sus palabras: “Yo preferiría decir «el español», a pesar de lo que diga la Constitución. Es verdad que «el Castellano» suele usarse como sinónimo de «español»; pero conviene que tengamos idea clara de que no son términos completamente equivalentes. «Castellano» es preferible reservarlo para la forma lingüística peculiar de Castilla (frente al andaluz o el extremeño, por ejemplo), o para la lengua propia del reino de Castilla cuando no existía España como nación, es decir, en la Edad Media; o también para contraponer la lengua general española con otras lenguas que también son españolas pero no son generales, por ejemplo el gallego, el catalán o el vascuence. Pero, en general, cuando queremos nombrar la lengua común de todos los españoles, que además es la lengua común de toda Hispanoamérica, el nombre más adecuado es el de «español», y con este nombre es conocido internacionalmente nuestro idioma».


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