06/11/2016 / 16:39
Eduardo Díaz


Imagenes

Aquellos carros tirados por las mulas y burros de Santiago Muñoz... ”El Guadalajarilla”


En la década de los años 50, Guadalajara sufría en sus propias carnes las fuertes secuelas dejadas por la triste Guerra Civil Española. Era un periodo en el cual nuestra ciudad había perdido mucha población al cerrarse varias fábricas, entre ellas la inolvidable Hispano Suiza y llegando a tener escasamente los veinte mil habitantes.
    Igualmente, Guadalajara sufría la falta de abastecimiento de agua en los domicilios del casco antiguo, con un máximo de cinco horas de suministro al día. Este grave problema lo solucionó parcialmente el alcalde de aquella época, Enrique Fluiters Aguado, el cual logró una ayuda estatal para la reparación y limpieza de la red de abastecimiento de agua de los manantiales de Torija y Valdegrudas, que eran la principales fuentes de suministro de agua para Guadalajara.
    En esta época,  se reparan numerosas viviendas de nuestra ciudad, sin contar todavía empresas con camiones para el suministro de materiales. Es por ello que el reparto de grava y arena lo realiza con sus carros, mulas y burros, Santiago Muñoz Calvo, conocido popularmente en la ciudad con el apodo de: “El Guadalajarilla”, debido a su pequeña estatura y ser hijo natural de la ciudad. El bueno de Santiago recogía los elementos naturales de la construcción en las orillas del Río Henares y posteriormente, subía con alguno de sus peculiares carros por la cuesta del Hospital, para el posterior reparto en las obras que le encargaban sus servicios.
    Su lugar de trabajo, se encontraba en la calle del Doctor Creus, en la conocida barriada de Budierca. Esta barriada muy cercana a la Iglesia de Santa María La Mayor y con orígenes mudéjares, se llamaba así por ser una zona de terreno pantanoso y de la cual brotaban aguas y manantiales de forma permanente. En la Plaza Budierca se vivían las típicas escenas de la época, presidida por una enorme fuente y las mulas y burros de “El Guadalajarilla”, bebiendo y pastando por las zonas cercanas a las cuadras. Todos los vecinos se comportaban como una familia, por lo que las casas carecían de cerraduras y únicamente eran cortinas las que impedían el paso al interior de las viviendas. Entrañables eran las verbenas con organillo que se celebraban cuando llegaban las fiesta del Corpus y sobre todo, el ambiente solidario y familiar que reinaba en las fechas navideñas.
    Con el paso del tiempo y con los ahorros obtenidos en su larga trayectoria profesional, en el año 1968 Santiago Muñoz compró su primer camión que sustituía a sus famosos carros y animales para la distribución de los materiales de construcción. Una adquisición que propició una auténtica fiesta en la barriada de su lugar de trabajo. Incluso el capellán de la Concatedral se acerco a la plaza para bendecir al nuevo vehículo de la empresa.
     Cuando llegó la merecida jubilación de Santiago fueron sus tres hijos los que tomaron las riendas de la empresa con el nombre de “ Hermanos Muñoz”. Una anécdota muy curiosa y que afortunadamente quedó todo en un tremendo susto, fue cuando en el mes de junio del año 1999, un camión de la Empresa Muñoz que se encontraba estacionado en la Avenida de Barcelona, muy cerca de la sede de la empresa, se hundía en el asfalto y provocaba un socavón de ocho metros de altura. La causa según los técnicos municipales, fue la humedad del subsuelo ya que como hemos mencionado anteriormente, por esa zona discurrían numerosos manantiales. El Ayuntamiento se hizo cargo de los gastos ocasionados al camión, pero igualmente a raíz de este suceso, prohibió el estacionamiento de camiones en las zonas urbanas de la ciudad. Esta noticia del hundimiento del vehículo acaparó las primeras portadas de los diarios a nivel nacional e igualmente fue noticia destacada en los informativos televisivos.
    En la actualidad, es el hijo menor del malogrado “El Guadalajarilla”, el que sigue manteniendo el negocio con la ayuda inestimable de su hijo y sus sobrinos; sin lugar a dudas un emblema en Guadalajara: los carros y los animales de “El Guadalajarilla”.


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