Barreda destaca la importancia de conservar las costumbres

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: Redacción
CORPUS CHRISTI
El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, que desfiló ayer en la procesión de Corpus Christi en Toledo aseguró, momentos antes de asistir a la misa oficiada por monseñor Cañizares, que ayer fue un día especial para Toledo ya que se celebraba una tradición profundamente arraigada desde hace muchos siglos.
“Me gusta que las costumbres y las tradiciones se potencien y se pongan en valor porque forman parte de nuestra identidad”, apuntó. Barreda, que estuvo acompañado por la vicepresidenta y consejera de Economía y Hacienda, María Luisa Araújo, y el consejero de Ordenación del Territorio, Julián Sánchez Pingarrón, reconoció que “en Toledo y en España una fiesta como esta forma parte de nuestras propias esencias”.

Reconocimiento a Cañizares
En este contexto tuvo palabras de reconocimiento hacia monseñor Cañizares, ya que esta será su última procesión de Corpus Christi en Toledo y destacó la lealtad así como la relación mantenida entre el cardenal y el Gobierno de Castilla-La Mancha. La procesión, que abre un piquete a caballo de la Guardia Civil en uniforme de gala del siglo XIX, presenta dos partes marcadas por la Custodia de Arfe. La primera agrupa los gremios y cofradías y los religiosos dentro de los estos, las dignidades de la Catedral Primada junto a la Custodia. La segunda parte de la procesión agrupa la presidencia litúrgica del Arzobispo Primado, tras ella las instituciones regionales, provinciales y locales además de altas jefaturas militares.
Es tradición que con la primeras luces del día las calles del casco antiguo de Toledo se cubran de ramilletes de tomillo y romero y que los cohetes y morteros anuncien la fiesta grande de la capital regional en la que se engalanan los muros de la Catedral Primada con bellos tapices de los siglos XVI y XVII.
La procesión hizo el recorrido tradicional, saliendo de la Puerta Llana de la Catedral Primada hasta la Plaza del Ayuntamiento, atravesando el histórico núcleo comercial de la ciudad, desde la plaza Mayor hasta Zocodover. El desfile procesional se adentró por las calles señoriales: el barroco del templo jesuita San Ildefonso, las inmediaciones de Santo Tomé y el Palacio Arzobispal, acogen el cortejo que finaliza en la Catedral.