Benedicto XVI aboga en Francia por "una nueva reflexión sobre el significado de la laicidad"
01/10/2010 - 09:45
Por: EUROPA PRESS
Benedicto XVI abogó hoy por "una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad" durante una esperada intervención en el Elíseo ante las principales autoridades francesas en el primer acto de su primera jornada de cuatro días en Francia. Asimismo, recordó que "las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas".
El Papa destacó que numerosas personas, también en Francia, han reflexionado acerca de las relaciones de la Iglesia con el Estado, momento en el que recordó que en torno a las relaciones entre el campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución al responder a una pregunta que le hicieron afirmando. "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
El Sumo Pontífice cree que la Iglesia en Francia "goza actualmente de un régimen de libertad y que la desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más".
Puso de relieve que existe un nuevo instrumento de diálogo desde 2002 en el que dijo tener "gran confianza" aunque quedan todavía pendientes ciertos temas que hará falta "afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia". Asimismo, el Santo Padre destacó que el presidente Sarkozy utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta.
De ahí que se mostrara "profundamente convencido" de que, en este momento "histórico", en el que las culturas se entrecruzan es cada vez más necesaria "una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad".
"En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad", añadió.
Previamente, durante el trayecto de avión hasta París, había declarado que "la laicidad en sí misma no está en contradicción con la fe". "La laicidad en sí misma no está en contradicción con la fe, diría incluso que es fruto de la fe, porque la fe cristiana fue desde el principio una religión universal", aseveró el Santo Padre.
En Francia, la visita del Papa ha despertado las protestas de movimientos y asociaciones recelosas de una estricta separación entre la Iglesia y el Estado y críticas con la nueva visión de la laicidad defendida por el presidente Nicolas Sarkozy.
El Papa no ha eludido referirse a este asunto y ha puesto el acento en la contribución de la historia y la cultura francesas a la Iglesia al saludar a los habitantes de un país "con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor".
Además, rindió homenaje al "imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado Francia durante siglos" y que ha dado al mundo "grandes figuras de la Nación y de la Iglesia.
"Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre", dijo Benedicto XVI, en alusión a las palabras de Sarkozy en Roma.
"Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra", continuó el Santo Padre, que también retomó las palabras de Sarkozy para recordar que las raíces de Francia, como las de Europa, "son cristianas".
LOS JÓVENES, EL PLANETA Y LA PAZ
El Papa dedicó otra parte de su intervención a los jóvenes, de los que dijo son su "mayor preocupación", por las dificultades que tienen algunos para encontrar una orientación, por la pérdida de referencia en su vida familiar o "los límites de un pluralismo religioso que los condiciona".
Apostó pues por ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros. "La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica", apuntó. Igualmente mostró preocupación por la situación social de occidente, "marcada", dijo, por un avance de la distancia entre ricos y pobre.
En este contexto, señaló que la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en Francia trata de "remediar lo inmediato", pero que es al Estado al que compete legislar para "erradicar las injusticias".
En un contexto mucho más amplio, el Pontífice mostró su inquietud por el planeta y pidió "aprender a respetarlo y protegerlo aún más". "Me parece --agregó-- que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras".
De ahí que considerara que la Presidencia de la Unión Europea es una buena ocasión para que Francia "se comprometa con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad".
También llamó a Francia a ayudar a Europa a construir la paz "frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las naciones", en una velada alusión al conflicto del Caúcaso.
El Sumo Pontífice cree que la Iglesia en Francia "goza actualmente de un régimen de libertad y que la desconfianza del pasado se ha transformado paulatinamente en un diálogo sereno y positivo, que se consolida cada vez más".
Puso de relieve que existe un nuevo instrumento de diálogo desde 2002 en el que dijo tener "gran confianza" aunque quedan todavía pendientes ciertos temas que hará falta "afrontar y afinar poco a poco con determinación y paciencia". Asimismo, el Santo Padre destacó que el presidente Sarkozy utilizó la expresión "laicidad positiva" para designar esta comprensión más abierta.
De ahí que se mostrara "profundamente convencido" de que, en este momento "histórico", en el que las culturas se entrecruzan es cada vez más necesaria "una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad".
"En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad", añadió.
Previamente, durante el trayecto de avión hasta París, había declarado que "la laicidad en sí misma no está en contradicción con la fe". "La laicidad en sí misma no está en contradicción con la fe, diría incluso que es fruto de la fe, porque la fe cristiana fue desde el principio una religión universal", aseveró el Santo Padre.
En Francia, la visita del Papa ha despertado las protestas de movimientos y asociaciones recelosas de una estricta separación entre la Iglesia y el Estado y críticas con la nueva visión de la laicidad defendida por el presidente Nicolas Sarkozy.
El Papa no ha eludido referirse a este asunto y ha puesto el acento en la contribución de la historia y la cultura francesas a la Iglesia al saludar a los habitantes de un país "con una historia milenaria, un presente rico de acontecimientos y un porvenir prometedor".
Además, rindió homenaje al "imponente patrimonio de cultura y de fe que ha fraguado Francia durante siglos" y que ha dado al mundo "grandes figuras de la Nación y de la Iglesia.
"Implantada en época antigua en vuestro país, la Iglesia ha jugado un papel civilizador que me es grato resaltar en este lugar. Usted mismo hizo alusión a él en su discurso en el Palacio de Letrán el pasado mes de diciembre", dijo Benedicto XVI, en alusión a las palabras de Sarkozy en Roma.
"Transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia, es sabido más que de sobra", continuó el Santo Padre, que también retomó las palabras de Sarkozy para recordar que las raíces de Francia, como las de Europa, "son cristianas".
LOS JÓVENES, EL PLANETA Y LA PAZ
El Papa dedicó otra parte de su intervención a los jóvenes, de los que dijo son su "mayor preocupación", por las dificultades que tienen algunos para encontrar una orientación, por la pérdida de referencia en su vida familiar o "los límites de un pluralismo religioso que los condiciona".
Apostó pues por ofrecerles un buen marco educativo y animarlos a respetar y ayudar a los otros. "La Iglesia puede aportar en este campo una contribución específica", apuntó. Igualmente mostró preocupación por la situación social de occidente, "marcada", dijo, por un avance de la distancia entre ricos y pobre.
En este contexto, señaló que la Iglesia, igual que numerosas asociaciones en Francia trata de "remediar lo inmediato", pero que es al Estado al que compete legislar para "erradicar las injusticias".
En un contexto mucho más amplio, el Pontífice mostró su inquietud por el planeta y pidió "aprender a respetarlo y protegerlo aún más". "Me parece --agregó-- que ha llegado el momento de hacer propuestas más constructivas para garantizar el bien de las generaciones futuras".
De ahí que considerara que la Presidencia de la Unión Europea es una buena ocasión para que Francia "se comprometa con los derechos humanos y su promoción para el bien de la persona y la sociedad".
También llamó a Francia a ayudar a Europa a construir la paz "frente al peligro del resurgir de viejos recelos, tensiones y contraposiciones entre las naciones", en una velada alusión al conflicto del Caúcaso.