03/03/2019 / 20:51
Redaccion


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Botargas y mascaritas esparcen buenos augurios a quienes vivieron el Carnaval de Almiruete


Este sábado, los botargas de Almiruete salían desde el paraje de la Linde, para dar tres vueltas, en sentido contrario a las agujas del reloj -tal y como debieran llegar las borrascas esperadas- al pueblo. En la segunda, recogían a las mascaritas, en la calle Atienza, para, juntos dar la última y esparcir pelusas y buenos augurios al campo y a los centenares de personas que acudieron a presenciar esta Fiesta de Interés Turístico Provincial.

Desde 1985, el ritual, no sólo se ha recuperado, sino que ha sido transmitido, con pureza, a las nuevas generaciones, de manera que los primeros veteranos que lo restituyeron, hoy son los garantes de las costumbres, y se han convertido en profesores de los más pequeños, al tiempo que también se las muestran a los visitantes, intentando trasmitir el respeto con que ellos las viven.

Al filo de las cinco de la tarde, Botargas y mascaritas se eligieron y emparejaron, con la dificultad que entraña reconocerse, porque tanto unos como otras llevan la cara y el resto del cuerpo cubiertos, incluidas las manos, para ya juntos, dar la última vuelta por el mismo recorrido desfilando en dúos. 

Igualmente en el último giro, las botargas recogieron las espadañas, que han escondido previamente, mientras que las mascaritas hicieron acopio del confeti de colores que habían recortado y que guardan, igualmente, a buen recaudo. Juntos las esparcieron soplando las pelusas de las espadañas y los papelillos de colores sobre la muchedumbre en la plaza. El aire distribuyó unas y otros caprichosamente, haciendo que se pegaran a la ropa de los centenares de asistentes.

Finalmente, los disfrazados descubrieron sus caras en la plaza, dándole así comienzo a la segunda parte del ritual, que son las carreras tras el botillo de vino. Antiguamente, las botargas subían a la casa

consistorial donde adrede se encontraban reunidos los casados y las autoridades municipales. Tras un brindis del alcalde, se intercambiaban algunos tragos de vino y, seguidamente, se lanzaba el botillo de vino por una ventana la plaza. El que lo cogía al vuelo, corría que se las pelaba al campo con él, apurando a la carrera algún sorbo al vuelo hasta que el resto de botargas recuperaban la bota. Esta misma liturgia se mantuvo ayer en el mismo edificio, que hoy es centro social y museo. Hay otros tres personajes más del carnaval, que son el oso, la vaquilla y el domador, que no salen todos los años. Ayer, sí lo hicieron. Y para terminar la fiesta, los almiruetenteses compartieron con los presentes una barbacoa, en la misma plaza, hasta agotar las existencias.

Veteranos y voluntarios del pueblo, apoyados por el Ayuntamiento de Tamajón y por la Guardia Civil, vigilaron por el correcto desarrollo de la tradición, regulado, además, el correcto flujo de tráfico y la ausencia de coches en el casco urbano, para lo que se habilitó una zona de aparcamiento disuasorio


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