Cara y cruz del ATC se vieron frente a frente gracias al Club Siglo Futuro
01/10/2010 - 09:45

Por: J. PASTRANA. GUADALAJARA
ALMACÉN TEMPORAL CENTRALIZADO
La seguridad fue uno de los temas centrales del debate
Cerca de 200 personas acudieron ayer al Salón de Actos del Campus Universitario para asistir a uno de los pocos debates sobre el Almacén Temporal Centralizado (ATC) que ha vivido la provincia de Guadalajara. Allí, gracias a la intercesión del Club Siglo Futuro, se vieron las caras los detractores y partidarios de este sistema de almacenamiento de residuos nucleares.
El debate estuvo precedido por una intervención de diez minutos de cada uno de los participantes, en la que cada uno aprovechó para dejar clara su postura respecto a esta instalación. La mayor parte de los argumentos a favor y en contra, como era de esperar, giraron en torno a la seguridad que ofrecen tanto a la población como al medio ambiente.
Carlos Bravo, doctor en Ciencias Biológicas y responsable de Energía nuclear de Greenpeace, consideró que la opción del ATC es muy peligrosa porque implica muchos riesgos, sobre todo en el momento del transporte. Más extenso aún en sus explicaciones fue Francisco Castejón, Doctor en Ciencias Físicas y representante de Ecologistas en Acción. Desde su punta de vista, los peligros también se encuentran en la manipulación de los propios residuos, tanto para subir a los transportes como para bajarlos de ellos. Además, explicó que existen estudios en los que se indica que no se puede garantizar la integridad de las vainas en la que se guardan los residuos, que se pueden ver dañadas tanto por el calor como por la propia radioactividad que desprenden. También recordó que se encontraron documentos de Al Quaeda en los que señalaban las instalaciones como posibles objetivos terroristas y el riesgo siempre imprevisto de terremotos y otras catástrofes.
Un análisis también riguroso, aunque en sentido opuesto, realizó el doctor de Ingeniería Industrial y Profesor de Ingeniería Nuclear de la Universidad de Politécnica de Madrid, Eduardo Gallego. Según indicó, se siguen varios criterios a la hora de hacer seguras las instalaciones que, aunque tienen una vida de 60 años, están pensadas para aguantar 100. El ATC se basa en sistemas de seguridad pasivos, por lo que no depende de la acción humana ni de sistemas electrónicos, sino del propio blindaje del edificio, que sirve para retener la radioactividad en su interior, y de un sistema de ventilación que permite redirigir el calor generado hacia el exterior. La estructura resiste terremotos, huracanes, choques de aviones y cualquier suceso cuya frecuencia estimada sea de una vez cada millón de años. De hecho, aseguró que podría ponerse casi en cualquier lugar. La limitación real es que se trate de un espacio protegido. El resto se compensa reforzando la seguridad más en un punto o en otro.
Respecto al transporte, también defendió su seguridad. Gallego reconoce que el transporte de los 600 contenedores podría alargarse durante 20 años, porque sólo conviene llevar dos o tres cada mes. Sin embargo que los cofres empleados pueden resistir colisiones de tráfico a más de 100 kilómetros por hora, inmersiones en agua, caídas desde 40 metros de altura y explosiones. Se han hecho explotar tanques de propano más grandes que ellos mismos y han saltado por los aires, pero no han sufrido daños.
Respecto a la degradación de las vainas por el calor y la radioactividad, el jefe del Departamento de Ingeniería de Residuos de Alta Actividad de Enresa, Pablo Zuluaga, señaló que se trata de estudios realizados sobre vainas que no son las empleadas en estos casos, ya que tienen una aleación de circonio distinta.
Carlos Bravo, doctor en Ciencias Biológicas y responsable de Energía nuclear de Greenpeace, consideró que la opción del ATC es muy peligrosa porque implica muchos riesgos, sobre todo en el momento del transporte. Más extenso aún en sus explicaciones fue Francisco Castejón, Doctor en Ciencias Físicas y representante de Ecologistas en Acción. Desde su punta de vista, los peligros también se encuentran en la manipulación de los propios residuos, tanto para subir a los transportes como para bajarlos de ellos. Además, explicó que existen estudios en los que se indica que no se puede garantizar la integridad de las vainas en la que se guardan los residuos, que se pueden ver dañadas tanto por el calor como por la propia radioactividad que desprenden. También recordó que se encontraron documentos de Al Quaeda en los que señalaban las instalaciones como posibles objetivos terroristas y el riesgo siempre imprevisto de terremotos y otras catástrofes.
Un análisis también riguroso, aunque en sentido opuesto, realizó el doctor de Ingeniería Industrial y Profesor de Ingeniería Nuclear de la Universidad de Politécnica de Madrid, Eduardo Gallego. Según indicó, se siguen varios criterios a la hora de hacer seguras las instalaciones que, aunque tienen una vida de 60 años, están pensadas para aguantar 100. El ATC se basa en sistemas de seguridad pasivos, por lo que no depende de la acción humana ni de sistemas electrónicos, sino del propio blindaje del edificio, que sirve para retener la radioactividad en su interior, y de un sistema de ventilación que permite redirigir el calor generado hacia el exterior. La estructura resiste terremotos, huracanes, choques de aviones y cualquier suceso cuya frecuencia estimada sea de una vez cada millón de años. De hecho, aseguró que podría ponerse casi en cualquier lugar. La limitación real es que se trate de un espacio protegido. El resto se compensa reforzando la seguridad más en un punto o en otro.
Respecto al transporte, también defendió su seguridad. Gallego reconoce que el transporte de los 600 contenedores podría alargarse durante 20 años, porque sólo conviene llevar dos o tres cada mes. Sin embargo que los cofres empleados pueden resistir colisiones de tráfico a más de 100 kilómetros por hora, inmersiones en agua, caídas desde 40 metros de altura y explosiones. Se han hecho explotar tanques de propano más grandes que ellos mismos y han saltado por los aires, pero no han sufrido daños.
Respecto a la degradación de las vainas por el calor y la radioactividad, el jefe del Departamento de Ingeniería de Residuos de Alta Actividad de Enresa, Pablo Zuluaga, señaló que se trata de estudios realizados sobre vainas que no son las empleadas en estos casos, ya que tienen una aleación de circonio distinta.