Casi la mitad de los “niños del Katrina” tienen problemas de salud y retraso escolar

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: EUROPA PRESS
Tres años después del devastador paso del huracán Katrina por Nueva Orleáns, la población infantil afectada por la tormenta experimenta problemas respiratorios y episodios de estrés mental, sumados a los traumas psicológicos y económicos que atraviesan sus padres y que repercuten sobre la salud del niño en un “círculo vicioso” por el que incrementan no sólo la posibilidad de abandonar los estudios, sino de terminar cometiendo un delito.
Las familias pertenecen en su mayoría al campamento de caravanas conocido como Ciudad Renacimiento, cerrado en mayo de este año. Posteriormente, fueron realojadas en apartamentos gestionados por el Gobierno federal hasta marzo de 2009.
Una parte de los realojados recibe la ayuda de fundaciones privadas o programas para los discapacitados. El resto, simplemente, se ha limitado a cambiar su caravana por un apartamento, a la espera de que los asesores individuales que les prometió la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA) comiencen a hacer su trabajo.Independientemente del futuro que aguarda a las familias que, tres años después, siguen afectadas por la catástrofe, todas ellas se enfrentan ahora a un problema común: la falta de estabilidad. Los problemas de salud que atraviesan los niños del Katrina son gravísimos. El Fondo para la Salud Infantil es la única organización que ha trasladado clínicas móviles, doctores y psiquiatras a los residentes de Ciudad Renacimiento. En los primeros estudios conjuntos realizados con investigadores de la Escuela de Salud Pública de Mailman, de la Universidad de Columbia, el FSI halló que el 41 por ciento de los niños menores de cuatro años de CR presentan estado de anemia. Una tasa duplica a la de los niños “sin hogar” residentes en todo el estado de Nueva York. La anemia se asocia a problemas de desarrollo y a bajo rendimiento académico.
Según el documento, recogido por The New York Times, el cuarenta y dos por ciento de los niños, que hasta hace unos meses vivían en caravanas construidas con materiales tóxicos --como formaldehído-- presentan rinitis alérgicas o infecciones respiratorias en el tracto superior. Más de la mitad de los niños de entre seis y once años presentan alteraciones del comportamiento o del proceso de aprendizaje, y aun así, en escuelas como la del distrito este de Baton Rouge, los alumnos con problemas de atención deben esperar un mínimo de dos años para realizar las pruebas de acceso pertinentes. “No sólo su salud no ha mejorado desde la tormenta”, declara el estudio, “sino que con el tiempo ha empeorado hasta un nivel alarmante”. Los cuidados médicos, apoyo psicológico y cuidado infantil son difíciles de encontrar. En este sentido, por ejemplo, LaTonya London ha sido afortunada: sus hijos más jóvenes han conseguido plaza en colegios para discapacitados.

La vida fuera de las caravanas no ha logrado ayudar a todos. Para muchos de los antiguos residentes de Ciudad Renacimiento, su vida en la comunidad se ha caracterizado por una sensación permanente de transición. Para los más pequeños, sin embargo, ha sido el único hogar que jamás han conocido.

EJEMPLOS DEL DOLOR

Para algunos, como Kearra Keys, de 16 años, la pérdida puede ser irreversible: expulsada de su escuela por pelearse, se encuentra ahora en la lista de “desaparecidas” de un programa de reincorporación para estudiantes. Para otros, como Roy Hilton, la recuperación está al alcance de la mano, en las escuela habilitada cerca del dúplex donde su familia ha conseguido por fin un hogar.

Para la ex directora del programa de rehabilitación infantil en el Proyecto de Salud Baton Rouge para Niños Extraviados, Toni Bankston, los niños que no exhibían problemas mentales antes del paso del ‘Katrina’ no tendrán problemas para recuperar la normalidad. Pero sólo un 60 de los niños afectados por el huracán entran dentro de esta categoría. Para el resto, la situación es nueva.

Especialmente preocupantes son los casos de los niños que se han quedado tan retrasados en sus estudios, que apenas tienen interés en ponerse al día. “Esos son nuestra futura población carcelaria”, advirtió.

El director del Fondo de Salud Infantil, doctor Irwin Redlener, reconoce que no hay forma de rastrear a estos niños, que se supone deberían formar parte de un estudio a largo plazo para el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades. Uno de los últimos niños que se ha incorporado a este estudio es Roy Hilton, de 11 años de edad, hijo de Laura cuyo padre fue asesinado después de la tormenta.

Tres años después, Roy se encuentra otros tantos cursos detrás de sus amigos, y necesita de educación especial seis días a la semana. No obstante, el trabajo cunde: ahora Roy se pelea mucho menos, y participa en conversaciones con la dirección del centro en las que aborda aspectos trágicos de su infancia.

“Es en ese momento cuando empiezan a hablar contigo, y comienzas a darte cuenta de lo que el niño ha atravesado”, explica la Sra. Brooks, directora del centro. “Roy todavía no ha superado la pérdida de su padre”.