Castilla-La Mancha trabaja para ser de todos: el compromiso por un patrimonio más accesible
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Toledo y Cuenca, ciudades de la región Patrimonio de la Humanidad, están transformando sus cascos históricos con la instalación de maquetas tiflológicas, signoguías y rutas adaptadas
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Castilla-La Mancha alberga en su interior dos de las joyas urbanas más valiosas del mundo. Toledo y Cuenca, declaradas Ciudades Patrimonio de la Humanidad, han sido históricamente admiradas por su belleza vertical, sus callejones laberínticos y su arquitectura desafiante. Sin embargo, esa misma orografía que las hace únicas ha supuesto, durante décadas, una barrera infranqueable para miles de visitantes. Hoy, esa realidad está cambiando. Ambas ciudades han emprendido una transformación profunda para demostrar que la historia no tiene por qué ser excluyente y que el patrimonio, para ser universal, debe ser ante todo accesible.
Para un vecino de Guadalajara que planee una escapada, la percepción de estas ciudades está mutando. Ya no se trata solo de observar monumentos desde la lejanía, sino de vivirlos. El concepto de “turismo para todos los sentidos” ha dejado de ser un eslogan publicitario para convertirse en una hoja de ruta técnica coordinada entre la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Grupo de Ciudades Patrimonio. La clave de este cambio reside en la combinación de intervenciones arquitectónicas audaces y el uso de la tecnología de vanguardia.
Toledo
En Toledo, el reto era vencer el desnivel del Tajo. La solución ha llegado de la mano de los remontes mecánicos de Safont y Recaredo, auténticas arterias de movilidad que permiten acceder al corazón del Casco Histórico sin enfrentarse a escaleras interminables. Una vez arriba, la experiencia se vuelve táctil. La instalación de maquetas tiflológicas de bronce permite que las personas con discapacidad visual “recorran” con sus manos la volumetría de la Catedral Primada o la disposición de las murallas, convirtiendo el relieve en información comprensible.
Además, la implementación de signoguías en museos como el del Ejército (Alcázar) garantiza que el relato histórico llegue con total autonomía a las personas usuarias de lenguaje de signos. Se está trabajando para que los monumentos más importantes de la ciudad cuenten con entradas e itinerarios accesibles, así como rótulos informativos adaptados.
Cuenca
Por su parte, Cuenca ha sabido adaptar su verticalidad extrema. El Museo de Arte Abstracto Español, suspendido en las icónicas Casas Colgadas, es un ejemplo de cómo un espacio histórico complejo puede integrar recursos de accesibilidad sin perder su esencia. Mediante la aplicación móvil ‘Ciudades Patrimonio Accesibles’, desarrollada junto a la Fundación ONCE, el visitante puede conocer de antemano qué rutas por la Hoz del Huécar son practicables, evitando frustraciones y garantizando una experiencia segura. Además, en los últimos años se está trabajando para mejorar la accesibilidad de su casco histórico con proyectos como la instalación de escaleras mecánicas y ascensores. Esta digitalización del entorno permite que personas con movilidad reducida planifiquen su visita basándose en datos reales sobre pavimentos y pendientes.
El objetivo final de este esfuerzo es la visibilidad. Al eliminar las barreras físicas y sensoriales, Toledo y Cuenca no solo cumplen con un derecho fundamental, sino que se posicionan como destinos líderes en un mercado turístico cada vez más consciente. Castilla-La Mancha está enviando un mensaje claro: nuestras raíces están abiertas a todos. Porque el patrimonio de nuestra región no es solo una herencia del pasado, sino un espacio de encuentro presente donde cada ciudadano, independientemente de sus capacidades, tiene el derecho de sentirse protagonista de la historia.
Los rincones donde el patrimonio se vuelve más accesible para todos
Para quienes decidan emprender el viaje desde Guadalajara o desde cualquier otra parte, la experiencia en estas ciudades cuenta con hitos fundamentales donde la inclusión es la norma y no la excepción. En Toledo, la tecnología y la ingeniería se dan la mano para facilitar el movimiento a través de los remontes mecánicos de Safont y Recaredo, que permiten salvar el desnivel del Tajo de forma fluida. Una vez en el centro, la Plaza del Ayuntamiento alberga una de las maquetas tiflológicas más emblemáticas, donde el visitante puede reconocer mediante el tacto cada detalle de la Catedral Primada. Esta apuesta por lo sensorial se extiende al Museo del Ejército, en el Alcázar, donde las signoguías ofrecen autonomía total a las personas sordas, mientras que la pavimentación renovada con granito liso en los ejes principales asegura un tránsito amable para las sillas de ruedas.
Por su parte, Cuenca ha sabido integrar la inteligencia digital en su compleja orografía. Gracias a la aplicación de ciudades patrimonio accesibles, es posible recorrer la parte alta siguiendo rutas auditadas que señalan puntos de descanso y evitan obstáculos imprevistos. La cultura también rompe moldes en el Museo de Arte Abstracto Español, un espacio que demuestra que las Casas Colgadas pueden ser disfrutadas por todos. Finalmente, la Catedral de Cuenca complementa esta oferta con recursos tiflológicos y paneles en braille que explican la evolución de su arquitectura gótica, permitiendo que la historia de la ciudad se lea también con las manos.