27/08/2020 / 14:24
Oscar Gil


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Las clarisas se despiden de Molina después de 440 años de presencia en el municipio

El monasterio de Santa Clara en Molina de Aragón acogió la misa de despedida de las seis monjas residentes en la actualidad con la presencia de Atilano Rodríguez. Obispo de Sigüenza- Guadalajara; Francisco J. Montes, alcalde; Pablo Bellido, presidente de las Cortes de Castilla la Mancha, la corporación municipal y otras autoridades.


El alcalde de Molina, Francisco J. Montes, en su intervención, quiso transmitir “toda la emoción, cariño y afecto que siente la población de Molina hacia las monjas clarisas que tanto han dado, y que no se va a olvidar nunca.”  Y les transmitió “ el mejor de los deseos en esta nueva etapa en Soria”.

Pablo Bellido, presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha,  quiso en su discurso poner en evidencia su adoración por las monjas de Santa Clara “ siempre que vengo a Molina intento pasar por esta iglesia y aunque a veces está cerrada y aunque solo sea desde fuera, observo con admiración esta belleza sobria y sencilla de este templo”. También señaló su recordatorio hacia ellas durante los difíciles días de la pandemia “ durante los meses de marzo, abril y mayo durante una entrevista periodística se me preguntó que era lo que echaba de menos y evidentemente la primera respuesta fue la de mis padres, pero ante la insistencia del periodista le respondí que también echaba en falta a Molina de Aragón, y me refería a este templo de Santa Clara, donde siempre he sentido una emoción especial”.

Por su parte el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, en su discurso felicitó la encomiable labor realizara durante estos 440 años de vida del convento, además de a los molineses “por haber sentido viva la presencia de las monjas en medio de vosotros  y hacerlas partícipes de la localidad”.

Las monjas por su parte, escribieron un manifiesto agradeciendo el calor recibido durante estos años,

Querido Señor Obispo, Sacerdotes, Miembros del Ayuntamiento, Autoridades Civiles que nos acompañan. Queridos Molineses y cuantos no siéndolo por nacimiento, se sienten vinculados a esta querida ciudad: Paz y bien.

Estas pobres hermanas de Santa Clara, os tienen que dejar, después de 440 años de estancia entre vosotros. Y lo hacen con todo el dolor que supone abandonar una tierra y unas gentes, con las que esta Comunidad ha estado siempre vinculada, con unos lazos tan estrechos, que se podría decir, que son como los lazos de sangre.

Es difícil expresar con palabras lo que sentimos en estos momentos, tan difícil, que ninguna de nosotras nos hemos sentido con fuerzas suficientes para leer esta despedida, como hubiera sido lógico hacerlo.

Nos hemos sentido tan queridas, tan mimadas, tan acogidas siempre entre vosotros, que como decíamos, los vínculos son demasiado fuertes y difíciles de romper. Nos hemos sentido molinesas, a pesar de que ninguna de las que quedamos en el Monasterio lo seamos por nacimiento, y eso se debe sobre todo, a vosotros, a vuestro cariño y acogida y también como no, a nuestra Madre Común, a la que tanto vosotros como ciudadanos molineses, como nosotras, como orden franciscana, amamos desde nuestros ancestros más remotos. La Inmaculada.

También nuestro gran agradecimiento a las Diócesis, tanto en su cabeza visible, como en cada uno de sus sacerdotes. Ellos, nunca nos han dejado, se han ocupado de que no nos faltase nada, de nuestra formación, de que nunca nos faltara un Sacerdote, de resolver cada problema pequeño o grande que surgiese. Seguiremos rezando por el éxito del Sínodo, para que en esta tierra que siempre ha dado tantos buenos frutos vuelva a recobrar la fe y el entusiasmo por seguir a Cristo.

Ya conocéis todos, las razones de nuestra marcha. La edad avanzada de las hermanas, la falta de vocaciones y como no, este dichoso COVID que pasó también por nuestra casa haciendo sus estragos. La partida era cosa conocida, pero no de manera tan rápida.

Nos vamos a Soria, a una comunidad de Clarisas, a la que siempre hemos estado muy vinculadas, que nos acogen a todas con todo su cariño y que nos cuidarán y querrán. Vamos a estar muy bien atendidas si… pero no estaremos ya en Molina. Sabemos que nos recordaréis, como nosotras a vosotros. Y aunque ya estemos separados físicamente, en Dios no hay distancia.

Solo querríamos deciros una cosa: que sigáis amando a la Virgen, que no dejéis nunca la Iglesia, que cuidéis a nuestros sacerdotes y les ayudéis todo lo que podáis….

Seguiremos rezando por todos, tanto por los que conocemos como por los que no, tanto por los cristianos, como por los que no comparten nuestra fe. Y sabed, que siempre estarán las puertas de nuestro nuevo Monasterio de Soria abiertas para vosotros.

Que Dios os Bendiga y os guarde y que nuestra Madre Inmaculada os acompañe siempre.

Unidos en la oración, vuestras Hermanas Clarisas.

 


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