Centenares de personas comprueban el estado de las obras de la Concatedral de Santa María

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: Javier Pastrana
La concatedral de Santa María hizo ayer un alto en su proceso de restauración para abrir sus puertas a todas aquellas personas interesadas en seguir la evolución de los trabajos. Centenares de visitantes pasaron por el edificio y tuvieron la oportunidad de aprender un poco más sobre su historia, ya que pudieron ver con sus propios ojos los vestigios de la arquitectura mudéjar y románica que tiene el edificio. Durante toda la mañana, centenares de personas acudieron al edificio y, en algunos de los casos, ante la magnitud de los trabajos, incluso se permitieron dudar de que éstos puedan estar terminados dentro del plazo de tiempo establecido.
Impacta ver el estado en el que se encuentran las obras de la concatedral. Impacta tanto que algunas de las personas que ayer acudieron a ver el templo dudaron abiertamente de que la reforma pueda estar terminada a tiempo. “Menuda obra tenéis montada aquí”, comentaba una mujer mientras miraba los suelos levantados y las pareces desnudas. Sin embargo, Ángel Mejía, historiador, secretario del Consejo Pastoral y guía de la visita sí cree que todo estará terminado para el próximo mes de marzo. Y mientras continúan las obras, aprovecha para disfrutar con esa mezcla de estilos que tanta personalidad da a la concatedral. “La piedra que se ha utilizado para hacerla no tiene un valor importante”, explica a su grupo de visitantes, de unas 15 personas. “Su valor es que ha ido evolucionando desde el siglo XIII a través de muchos estilos”. Empezó siendo mudéjar, tiene trazas románica y acabará siendo barroca. “Vamos a dejarla barroca, pero se respetarán algunos detalles para que la gente pueda saber que también han existido otros estilos”.

Centenares de personas pasaron ayer por la concatedral para ver con sus propios ojos el interior del edificio y, de paso, conocer algunos de sus secretos. A saber: algunos pilares se sustentaban sobre arena. “En algunos casos han tenido que inyectar cemento hasta seis metros de profundidad”. Una vez más, los visitantes, asombrados, pedían más explicaciones. “¿Quiere decir que no tenían nada debajo?”.

A las 12.15 horas, un grupo de más de veinte personas se agolpaban ante las puerta de Santa María esperando su turno para entrar en el edificio. En los soportales, niños vestidos de domingo mataban el tiempo entre juego y juego y los organizadores de la jornada de puertas abiertas decidían hacer las visitas de dos en dos. Según los cálculos realizados por ellos, unos cuatro grupos de 15 o 20 personas ya habían pasado por allí. “Y todavía falta que se acerque la gente que ahora está en misa”.

Mejía, por su parte, seguía explicando las particularidades del edificio. “Para nosotros la concatedral es un sitio un poco oscuro, pero no siempre fue así”. Al principio, en aquellos lejanos siglos XIII o XIV, cuando era mudéjar, había más luz. Sin embargo, las obras realizadas en el XVI-XVII le dieron un poco más de cancha a la oscuridad.

Otro detalle que no se le escapaba a los visitantes, algunos de ellos fieles y amplios conocedores del edificio, era el suelo. “Está más bajo”, comentaban al guía. Efectivamente. Hasta 60 centímetros se ha bajado respecto a su altura original. Otro de los retos es protegerle de la forma más efectiva posible de las humedades. “La concatedral está más baja que el resto de la calle”, explica Mejía. Eso hace que en cuando hay fuertes lluvias haga de tope para el agua, atrayéndola hasta su interior. “En 1805 llegó a tener un metro de agua”. De ahí que se haya recurrido a nuevas técnicas para aumentar su grado de protección.

Los estudios arqueológicos e históricos realizados también han permitido ratificar y descartar teorías y mitos. Por ejemplo, se ha podido confirmar que hubo unas importantes obras ejecutadas en el siglo XIV. No fueron las únicas que se hicieron en la capital de la provincia durante aquellos años, en los que también se mejoró el Alcázar y se recuperó el puente. “Podemos decir que Guadalajara vivió un boom económico, que en aquella época tenía un peso específico”. Por desgracia, la ampliación hecha en aquella época también borró algunas de las señas de identidad del edificio. “No podemos saber cómo eran los ábsides mudéjares”. En el lado de los mitos, Mejía asegura que no hay nada que indique la existencia de una mezquita anterior a la concatedral. Si acaso, existía una iglesia románica antes que la mudéjar, pero nada más.

Y tampoco hay historia interesante sin la correspondiente metedura de pata reseñable. Francisco Mir tuvo que hacer dos retablos para la concatedral. El primero se le quedó pequeño, así que terminó instalándose en Azuqueca de Henares. El segundo, ya con las proporciones adecuadas, se quedó en Santa María.