Cerca de 200 personas presenciaron las danzas de palos y castañuelas en honor a San Acacio

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: A.SANZ. GUADALAJARA
Utande
La talla del santo procesionó por las calles de Utande en el día grande de sus festejos
La singularidad y la sencillez de las danzas que se realizan en Utande volvieron a cautivar a sus vecinos ya que, pese a que en este pueblo a diario viven apenas 25 personas, ayer sus calles se encontraban pobladas de gente que quería contemplar este espectáculo que está declarado como Fiesta de Interés Turístico Provincial desde la década de los 80. Cuatro danzas de palos y dos de castañuelas componían el repertorio de estos danzantes a los que precedió una pequeña loa en honor del patrón de este municipio en el que se representa la lucha de las fuerzas del bien y del mal, así como una precesión con la imagen del santo.
La loa y las danzas en honor a San Acacio centraron ayer los actos del día grande de las fiestas de Utande que se desarrollaron a lo largo del fin de semana. La jornada comenzó con el habitual pasacalles que protagonizó un grupo musical que con su ritmo de dulzaina y tamboril, congregó a todos los vecinos en la remodelada plaza Mayor. De ahí partió la comitiva hacia la iglesia parroquial con el grupo de ocho danzantes y cinco niños que este año habían tomado su primera comunión. Recogieron la imagen del santo –ante cuya salida de la iglesia, los danzantes se postraron en el suelo– para iniciar la procesión por las principales calles del municipio, previa subasta de las andas para portar al santo, quien es honrado luego en el templo con la habitual celebración religiosa. Una vez culmina llega el momento más esperado: la loa y las danzas en honor a su patrón que le han valido a este pequeño pueblo que esta cita cuente con la catalogación de Fiesta de Interés Turístico Provincial desde la década de los 80. Actos que ayer se llevaron a cabo ante un sol de justicia pero ante cerca de 200 personas que acudieron a la localidad –en su mayoría hijos del pueblo de Utande– para presenciar este acto. En primer lugar se escenificó la loa, una representación teatral que muestra la lucha entre las fuerzas del bien y del mal, representadas por el personaje del gracioso y el demonio. El primero, que venera y alaba a San Acacio, es salvado por un ángel –representado por una niña– de la muerte segura que le daría Satán, lo que acrecenta su fe en el patrón de este pueblo. Para rendirle tributo, se bailan las tradicionales danzas que datan del siglo XIII. Al subir al escenario, cada uno de los danzantes lanza alabanzas al santo para luego bailar las cuatro danzas de paloteo y otras dos de castañuelas que han sido transmitidas de generación en generación. De los ocho integrantes de este grupo, cinco eran mujeres, lo que llama la atención, dado que antiguamente sólo las bailaban los mozos hasta que cumplían su mayoría de edad.