Chequia se prepara para presidir la Unión Europea
01/10/2010 - 09:45
Chequia, que todavía no ha firmado el Tratado de Lisboa, se prepara para presidir la Unión Europea a partir del 1 de enero de 2009 en una etapa muy delicada de crisis económica internacional, tensas relaciones entre Bruselas y Moscú, cambios políticos en Estados Unidos y retos medioambientales a escala planetaria.
El jefe de Estado checo es el excéntrico conservador Vaclav Klaus, un notable eurófobo. Quien recogerá el testigo de Nicolas Sarkozy como presidente de la UE será el primer ministro Mirek Topolanek, que tampoco es un firme defensor del europeísmo, aunque se define a sí mismo como un eurorealista y negoció con su antecesor un traspaso fluido de la presidencia francesa de la Unión Europea a la checa.
Palabras que no han tranquilizado a casi nadie en la UE. Todo lo contrario: los grandes Estados europeos temen una presidencia agitada e imprevisible, en la que Klaus intentará por todos los medios meter baza y hacerle la vida imposible a Topolanek, con quien no se lleva bien aunque hayan compartido la misma formación política, el derechista Partido de los Demócratas Cívicos (ODS), que gobierna el país en alianza con democristianos y ecologistas.
En las últimas semanas, Klaus, un economista que se dio a conocer durante la Revolución de Terciopelo, lucha pacífica que en la antigua Checoslovaquia acabó con el comunismo en 1989, no ha perdido ocasión alguna para despotricar contra la UE, una entidad a la que acusa de estar dirigida por burócratas y en la que se siente a disgusto.
Disidente europeo
Klaus está acostumbrado a provocar conflictos diplomáticos, a enfadarse en público, a ser grosero y a despreciar a sus contrincantes. Alardea de ser disidente europeo y no ha dudado en calentar durante las últimas semanas el motor del antieuropeísmo. Su última gesta: hizo grabar la reunión que mantuvo con una delegación de los presidentes de grupos del Parlamento europeo en Praga el pasado 5 de diciembre, en la que tuvo un agrio encontronazo con el eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit. La grabación indignó a Bruselas.
Palabras que no han tranquilizado a casi nadie en la UE. Todo lo contrario: los grandes Estados europeos temen una presidencia agitada e imprevisible, en la que Klaus intentará por todos los medios meter baza y hacerle la vida imposible a Topolanek, con quien no se lleva bien aunque hayan compartido la misma formación política, el derechista Partido de los Demócratas Cívicos (ODS), que gobierna el país en alianza con democristianos y ecologistas.
En las últimas semanas, Klaus, un economista que se dio a conocer durante la Revolución de Terciopelo, lucha pacífica que en la antigua Checoslovaquia acabó con el comunismo en 1989, no ha perdido ocasión alguna para despotricar contra la UE, una entidad a la que acusa de estar dirigida por burócratas y en la que se siente a disgusto.
Disidente europeo
Klaus está acostumbrado a provocar conflictos diplomáticos, a enfadarse en público, a ser grosero y a despreciar a sus contrincantes. Alardea de ser disidente europeo y no ha dudado en calentar durante las últimas semanas el motor del antieuropeísmo. Su última gesta: hizo grabar la reunión que mantuvo con una delegación de los presidentes de grupos del Parlamento europeo en Praga el pasado 5 de diciembre, en la que tuvo un agrio encontronazo con el eurodiputado verde Daniel Cohn-Bendit. La grabación indignó a Bruselas.