01/07/2019 / 14:36
Redacción


Comedores escolares en verano

La pobreza infantil, de manera particular, debe ser combatida con fuerza desde las administraciones públicas.


Llega el verano y con él acaba el curso escolar, lo que supone el fin de los servicios que se prestan en los centros educativos, entre ellos el del comedor. Muchos niños y niñas se quedan a comer en el colegio durante el año lectivo porque las agendas de sus progenitores así lo requieren o bien porque entienden que es mejor para sus hábitos alimentarios. Estos padres, ante el largo periodo de vacaciones, se enfrentan ahora a los problemas de la conciliación y mandarán a sus hijos a campamentos, con los abuelos al pueblo, buscarán guarderías o turnarán su tiempo de descanso para atenderlos. Sin embargo para otros niños, por efecto de la crisis económica que muchas familias no han superado todavía en un país en el que sigue habiendo mucho paro y hogares en los que no entra ningún sueldo al mes, por mucho que la situación vaya mejorando, la comida que reciben en la escuela es la única en condiciones de todo el día. Es triste que una persona, en un país europeo y con cierta prosperidad económica, pase hambre, que es la más básica de las necesidades, pero es dramático que la insuficiencia la padezcan los más pequeños de la casa, en periodo de crecimiento, y que precisan de una alimentación variada. La pobreza infantil, de manera particular, debe ser combatida con fuerza desde las administraciones públicas, no sólo desde los comedores sociales de organizaciones como Cáritas u otras ONG. Entre las medidas, que si bien no son solución sí un parche que alivia el problema, está abrir los comedores escolares, por conciencia social, solidaridad, sensibilidad, o como se quiera llamar, todos los días, no en la totalidad de los centros, claro, sino en los suficientes para atender la demanda justificada, asumiendo los poderes públicos el coste de su funcionamiento. En este sentido hay que poner en valor la decisión del Gobierno regional y los ayuntamientos que se adhieren para que así sea, en este caso, por primera vez, el de Guadalajara, así como Azuqueca de Henares y Cabanillas. Bien por ellos, por su humanidad y cercanía, pero seguramente no sea suficiente. Ahora, cuando comienza el tiempo del ocio, del merecido descanso, debe estudiarse la situación para realizar las aperturas necesarias para que ningún niño al que le haga falta se quede sin ese plato de comida.  


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