Confío en que se ponga fin a 10 años de lucha y se desvele si mi abuelo está enterrado con Lorca
01/10/2010 - 09:45

Baides
Para la vecina de Baides, Nieves Galindo, la apertura de la fosa de Federico García Lorca, donde, previsiblemente, se encuentran también los restos de su abuelo, el maestro de Pulianas, Dióscoro Galindo, supondría el fin de 10 años de pelea y lucha. Confía en que el auto del juez Baltasar Garzón pueda llevarse a la práctica para que la historia pueda escribirse tal y como fue y pueda conocer, después de 62 años, si su abuelo está en esta fosa. Por el momento, la Audiencia Nacional ha recurrido la decisión del juez para que se anule dicho auto. La decisión del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón de abrir la fosa común en la que se encuentra enterrado Federico García Local y otras 18 más supondría para la vecina de Baides, Nieves Galindo, nieta de Dióscoro Galindo, maestro que, al parecer, también fue enterrado en el mismo lugar del poeta granadino, el fin de 10 años de pelea y lucha, afirma. Aunque este plazo podría prolongarse después del recurso que ha presentado la Fiscalía de la Audiencia Nacional contra esta decisión.
Nieves confía, sin embargo, en que éste sea el paso definitivo si no para enterrar en un cementerio los restos de su abuelo, sí conocer con certeza, después de 62 años, si se encuentran allí. Su intención, comenta, es, una vez que se realicen las pruebas de ADN y tenga la seguridad plena de que son los restos de su abuelo, depositarlos en el cementerio de Pulianas (Granada) en agradecimiento al pueblo, que se ha volcado con nosotros, aunque sus hermanas prefieren dejarlos en la fosa común.
Durante todos estos años, a pesar de los pequeños pasos que ha ido dando junto a la Asociación de la Memoria Histórica que fue quien se puso en contacto con ella para reivindicar la apertura de la fosa y la Universidad de Granada, han tenido el principal escollo de la familia del poeta que se negaba en rotundo a que se abriera.
La nieta de Dióscoro Galindo espera que la tramitación se complete y pueda bajar a Granada cuando empiecen los trabajos de apertura de la fosa, a pesar de que la familia del poeta ha pedido absoluta privacidad y se instalaría una carpa durante el tiempo que se prolongasen los trabajos para que nadie tuviera acceso, por lo que sólo podrán tener la información que den los profesionales. Supongo que bajaré al principio y después cuando decidan hacer las pruebas de ADN a los restos.
Nieves asegura que así la historia se va a escribir como es, porque los jóvenes, dice, en la actualidad, estudian la Guerra Civil Española de una forma tenue y debe ser como es. Explica que hubo muchas muertes en ambos bandos, represalias y encarcelamientos que no se han dicho claramente, y cree que con la apertura de la fosa se podrá conocer más esa realidad.
Dióscoro Galindo era maestro de enseñanza superior, como consta en el título expedido en 1911, en la localidad granadina de Pulianas. Tenía 58 años cuando murió fusilado y era padre de tres hijos. Al parecer, además de su condición de maestro, un enfrentamiento con un hombre del Ayuntamiento cuando fue a pedir una casa que le correspondía por su profesión y que le negaron, desencadenó su final. Era una rencilla que estaba latente, comenta Nieves.
Todo ocurrió en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936, cuando varios hombres fueron con un camión a recoger al maestro a su casa. Poco antes, según pudo saber Nieves por su padre, los agentes de la autoridad habían estado registrando la vivienda buscando alguna documentación que relacionara a la víctima con algún partido político, pero no encontraron nada porque no estaba ligado políticamente, asevera su nieta. Cuando se fueron les dijeron que no se preocuparan y después llegaron con un camión y se lo llevaron. Entonces, su hijo, el padre de Nieves, que tenía 27 años, salió detrás con la bicicleta pero le apuntaron con un fusil y le dijeron que se marchara si no quería acabar igual que su padre, explica. A partir de ahí ya no lo volvió a ver. No fue hasta tres días después cuando la familia supo que lo habían asesinado. Por miedo ni siquiera se atrevieran a preguntar.
Fue, después, gracias a los testimonios de los vecinos del pueblo de Pulianas, los que le dijeron que lo habían paseado por el pueblo y lo habían llevado al barranco Viznas donde lo fusilaron al pie de un olivo, de la misma forma que a Federico García Lorca, y un banderillero, que se supone que también está en la misma fosa.
Esto cambió la vida del padre de Nieves, que tuvo que abandonar sus estudios de Medicina en el cuarto año para convertirse en el sustentador de la familia. Se pasó a la zona roja, ya que muchos lo conocían por haber ido detrás de su padre cuando se lo llevaron y temía que pudiera ser víctima de represalias. Al acabar la guerra, a pesar de que no tenía las manos manchadas de sangre, según Galindo, estuvo dos años en la cárcel y al salir le obligaron a distanciarse entre 200 y 300 kilómetros. Fue entonces cuando se fue a Madrid. Por miedo a que supieran donde estaba no quiso pedir los papeles de los estudios que había realizado, porque podía haber conseguido el título de ATS, explica Nieves. Allí se casó y siguió viviendo hasta su muerte, al igual que sus tres hijas, excepto, Nieves, que se fue a Baides.
Durante todos estos años, a pesar de los pequeños pasos que ha ido dando junto a la Asociación de la Memoria Histórica que fue quien se puso en contacto con ella para reivindicar la apertura de la fosa y la Universidad de Granada, han tenido el principal escollo de la familia del poeta que se negaba en rotundo a que se abriera.
La nieta de Dióscoro Galindo espera que la tramitación se complete y pueda bajar a Granada cuando empiecen los trabajos de apertura de la fosa, a pesar de que la familia del poeta ha pedido absoluta privacidad y se instalaría una carpa durante el tiempo que se prolongasen los trabajos para que nadie tuviera acceso, por lo que sólo podrán tener la información que den los profesionales. Supongo que bajaré al principio y después cuando decidan hacer las pruebas de ADN a los restos.
Nieves asegura que así la historia se va a escribir como es, porque los jóvenes, dice, en la actualidad, estudian la Guerra Civil Española de una forma tenue y debe ser como es. Explica que hubo muchas muertes en ambos bandos, represalias y encarcelamientos que no se han dicho claramente, y cree que con la apertura de la fosa se podrá conocer más esa realidad.
Dióscoro Galindo era maestro de enseñanza superior, como consta en el título expedido en 1911, en la localidad granadina de Pulianas. Tenía 58 años cuando murió fusilado y era padre de tres hijos. Al parecer, además de su condición de maestro, un enfrentamiento con un hombre del Ayuntamiento cuando fue a pedir una casa que le correspondía por su profesión y que le negaron, desencadenó su final. Era una rencilla que estaba latente, comenta Nieves.
Todo ocurrió en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936, cuando varios hombres fueron con un camión a recoger al maestro a su casa. Poco antes, según pudo saber Nieves por su padre, los agentes de la autoridad habían estado registrando la vivienda buscando alguna documentación que relacionara a la víctima con algún partido político, pero no encontraron nada porque no estaba ligado políticamente, asevera su nieta. Cuando se fueron les dijeron que no se preocuparan y después llegaron con un camión y se lo llevaron. Entonces, su hijo, el padre de Nieves, que tenía 27 años, salió detrás con la bicicleta pero le apuntaron con un fusil y le dijeron que se marchara si no quería acabar igual que su padre, explica. A partir de ahí ya no lo volvió a ver. No fue hasta tres días después cuando la familia supo que lo habían asesinado. Por miedo ni siquiera se atrevieran a preguntar.
Fue, después, gracias a los testimonios de los vecinos del pueblo de Pulianas, los que le dijeron que lo habían paseado por el pueblo y lo habían llevado al barranco Viznas donde lo fusilaron al pie de un olivo, de la misma forma que a Federico García Lorca, y un banderillero, que se supone que también está en la misma fosa.
Esto cambió la vida del padre de Nieves, que tuvo que abandonar sus estudios de Medicina en el cuarto año para convertirse en el sustentador de la familia. Se pasó a la zona roja, ya que muchos lo conocían por haber ido detrás de su padre cuando se lo llevaron y temía que pudiera ser víctima de represalias. Al acabar la guerra, a pesar de que no tenía las manos manchadas de sangre, según Galindo, estuvo dos años en la cárcel y al salir le obligaron a distanciarse entre 200 y 300 kilómetros. Fue entonces cuando se fue a Madrid. Por miedo a que supieran donde estaba no quiso pedir los papeles de los estudios que había realizado, porque podía haber conseguido el título de ATS, explica Nieves. Allí se casó y siguió viviendo hasta su muerte, al igual que sus tres hijas, excepto, Nieves, que se fue a Baides.