Destacado triunfo de Lomeña en la novillada concurso de Cabanillas

28/07/2013 - 19:34 Sergio Lafuente

La novillada concurso de Cabanillas registró el sábado una gran entrada en una tarde en la que el tiempo respetó. Con nubes en el cielo, no apretó el calor y bien que se agradeció para ver en liza a la terna de pupilos horneados en la Escuela Taurina de Guadalajara.
 
La novillada no defraudó, ni por el ganado lidiado ni por los detalles de organización que bien se pueden apuntar en el haber del debut empresarial de Álvaro Polo en Cabanillas. Pero, posiblemente, se esperaba más en una tarde en la que se apuntaron más intenciones que resultados por parte de los recentales de la Escuela Alcarreña. Con la excepción del primer novillo, apenas se ofreció guiño alguno al espectáculo de varas habitual en las corridas concurso de ganaderías.
Tampoco hubo competencia y quedo la sensación de que la tarde transcurrió a medio camino de lo que cabía esperar. Finalmente, tras casi tres horas de espectáculo, Fernando Lomeña se marchó a hombros en solitario con tres orejas en su esportón. Sorprendió el novillero azudense después de un tiempo de escasas actuaciones en público. El rodaje, al lado de Luis Miguel Encabo, ha aflorado en un novillero al que se ve cómodo y resolutivo en todos los tercios.
 
En sus telas se encontró al Cebada Gago, que fue el novillo del festejo, por hechuras y calidades. Tanto a éste como a su segundo, los recibió Lomeña con sendas largas cambiadas y banderilleó. Los garapullos no volaron siempre con exactitud, pero apuntó suertes y gustó su interpretación al violín y al quiebro. Lomeña aprovechó la nobleza y clase del burraco ‘Dormilón’ de Cebada Gago por ambas manos. Las bernardinas de cierre y la estocada delantera dieron paso al premio de las dos orejas. Otra más sumaría en su segundo frente a un sobrero jabonero de destemplada embestida que nunca llegó a descolgar. Una oreja premió la correcta faena de Ángel Puerta ante el ejemplar de Cayetano Muñoz que abrió plaza y que se realizó una gran pelea en varas. No terminó el jerezano de hallar la tecla del éxito en la tarde de su despedida de novillero. Con la presencia de Curro de la Casa volvió la verdad trágica del toreo ante un ejemplar badanudo y muy serio del Marqués de Domecq. Midió el novillo al torero alcarreño en cada muletazo y avisó dos veces antes de hacer presa y voltearlo de forma espeluznante. Tragó Curro lo indecible en parones escalofriantes y envolvió el ánimo de la plaza en un puño. No anduvo fino con los aceros, al igual que le ocurrió con el Miranda y Moreno que cerró plaza sin apenas luz en el ruedo, ni natural ni artificial.