Detenidos 30 miembros de la Camorra, autores de los asesinatos de seis inmigrantes

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Los Carabinieri irrumpieron este miércoles al alba en dos chalés próximos a Castelvolturno, el pueblo cercano a Nápoles donde tuvo lugar hace dos semanas la masacre de siete personas, seis de ellas africanas. Buscaban a los autores, miembros de la Camorra que dispararon al montón con kalashnikov en una sastrería. En una de las villas capturaron a Giovanni Letizia y Alessandro Cirillo, llamado ‘o’ Sergente’ (el Sargento). En otra, a Oreste Spagnuolo, alias ‘o’ Zuoppo’ (el Cojo). No se resistieron.
Cirillo, que figura en la lista de los 30 delincuentes más buscados, sacó su aplomo mafioso: “Bravo, lo habéis conseguido”, dijo felicitando a los agentes. Eran casas sin mucho mobiliario, pero con televisión de plasma y DVDs porno y de acción. Por ejemplo, una de Steven Seagal con un pistolón (El vengador, en italiano). Había muchas armas tiradas por ahí, incluidos dos kalashnikov y pistolas como las utilizadas en la matanza. También pelucas y chalecos auténticos de la Policía. En el garaje, un Ferrari y varios coches y motos, usados en las emboscadas. En la basura, restos de langosta y prensa local, en la que ellos son los protagonistas. Junto a Alfonso Cesarano -detenido hace una semana, aunque ya estaba en arresto domiciliario-, formaban el grupo de fuego del clan de los Casalesi, el dueño de la zona de Caserta.
Eran un comando escindido, que iba por libre de forma salvaje aprovechando el vacío de poder creado por las últimas detenciones. Quería imponerse sembrando el terror. Ha dejado 18 muertos en los últimos meses en esta zona maldita de la carretera Domiziana, que recorre la costa de Nápoles a Roma. Las víctimas han sido arrepentidos, rivales, empresarios, vecinos que se negaban a la extorsión u otros inocentes, como parece el caso de los seis africanos del día 18. Se impone la hipótesis de que se trató de una señal indiscriminada de terror contra la población inmigrante.

La génesis de este grupo rabioso es la siguiente. Los Casalesi de Caserta, divididos en ocho clanes, han sufrido duros golpes en los últimos años en sus dos grupos principales, los Schiavone y los Bidognetti. Sus respectivos capos llevan años en prisión: Francesco Bidognetti alias Cicciotto e Mezzanotte, desde 1993, y el jefe máximo, Francesco Schiavone, Sandokan’ desde 1998. Luego han sufrido la plaga de los ‘arrepentidos’, como los primos de ambos. Últimamente les hacen sombra otros capos, como Michele Zagaria, de Casapesenna, y Antonio Iovine, de San Cipriano d’Aversa, aunque la operación de ayer ha comprobado que ‘Sandokan’ sigue llevando las riendas desde la cárcel.

Clan propio
El derrumbe del clan empujó a algunos sicarios de Bidognetti a formar este grupo propio este invierno. Sin embargo, sus jefes siguen libres. Uno es Emilio Di Caterino. El otro, de más peso, Giuseppe Setola, de 41 años, que en realidad estaba en prisión desde 2006. Sin embargo, cosas de Italia, en abril fue puesto en libertad vigilada por una enfermedad en un ojo y enviado a una clínica de Pavía. Desapareció, claro. Justo después la banda salvaje comenzó a actuar. Los fugados serán más difíciles de atrapar, pues circulan incluso con explosivos.
Los arrestos de este martes desmantelan el comando y son el núcleo de una gran operación que sumó, en total, 107 órdenes de captura, aunque 77 de ellas afectaban a personas ya encarceladas. También han sido secuestrados bienes por valor de 100 millones de euros. La lista es esclarecedora: 48 empresas, 148 vehículos, 134 inmuebles y 13 caballos. Un ejemplo del sistema es uno de los detenidos, Mario Natale, 59 años, abogado de Casal di Principe, centro de operaciones del clan. Se le considera un testaferro de la Camorra: están a su nombre empresas bovinas, alimentarias, de basura y de construcción, así como casas, terrenos y una Ferrari 550 Maranello. Además ha sido mediador en extorsiones y presidente de equipos de fútbol, como el Albanova local y el Gladiator de Caserta. Tenía fama de devorar entrenadores.

((DESPIECE))

«Un día para enmarcar»

Roma, 30 sep. (COLPISA, Í. Domínguez, corresponsal).

El ministro de Interior italiano, Roberto Maroni, estaba este martes muy contento: «Ha sido un día para enmarcar en la lucha contra la Camorra». Sin duda es una respuesta enérgica a la masacre de hace dos semanas, pero habrá que ver su continuidad. Tras la matanza fueron enviados a la zona 400 agentes y hoy llegarán 500 soldados. En la operación de ayer participaron 500 policías. Pero hay que pensar que este gran despliegue es para una mísera comarca. Ninguno de estos villorrios -Casal di Principe, Castelvolturno, Villa Literno,...- de la provincia de Caserta, en manos de la Camorra, supera los 20.000 habitantes. Pero tan poco espacio basta para que crezca un clan y exprima el territorio.

Toda Campania es una sucesión de microfeudos de este tipo. Los autos judiciales de ayer han destapado valiosa información sobre cómo se organizan, gracias a la documentación del contable, Vincenzo Schiavone, alias ‘o’ Copertone’. Tenía la manía de carbonizar sus cadáveres con hogueras de neumáticos (‘copertone’), aunque alguna vez se ha quemado la cara. Los afiliados -149 nombres de once grupos- reciben una nómina de entre 1.500 y 4.000 euros, como las familias de los reclusos. Sólo para el clan Schiavone, un tercio de los Casalesi, van cinco millones al año en sueldos. Se sacan de los negocios ilegales, de la extorsión minuciosa de todo comerciante y empresario, y de las comisiones de obras públicas. Por ejemplo, en las obras de la Alifana, red ferroviaria regional, se han llevado entre un 3% y un 5% del presupuesto. Y eso que es una de las regiones más pobres de Europa. Entre los arrestados de ayer figura la mujer de Francesco Schiavone, ‘Sandokan’, capo del clan. Giuseppina Nappa, 48 años, tiene mucho peso en la familia, pero siempre la ha defendido como víctima de una conspiración de los medios y de los comunistas, excusa muy socorrida en Italia. «No habéis salvado Italia», ha dicho con desdén a los agentes cuando la detenían. Los magistrados han subrayado que las escuchas telefónicas han sido «esenciales», por si sirve para hacer cambiar de idea al Gobierno de Berlusconi, que quiere restringirlas.