23/11/2021 / 10:35
Erika Hatamoto


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Diversas oportunidades de vida en municipios de la comarca de Molina

Peralejos de las Truchas, Luzaga, Ocentejo, Molina y Aguilar de Anguita son algunos de ellos


La hospitalidad de Íñigo Ruesgas, el alma del cámping La Serradora. El gaditano lleva una temporada al frente de las instalaciones, en las que también vive.

Después de cuatro años visitando como cliente el cámping La Serradora, en Peralejos de las Truchas, el gaditano Íñigo Ruesgas decidió que quizás ese mismo placer y disfrute que encontraba cada vez que visitaba la zona podría convertirse en su medio de vida. Y así lo hizo.    


    Ésta ha sido su primera temporada, muy intensa pero que “ha sido todo un éxito”, al frente del cámping y del restaurante que allí se encuentra. Las dificultades del medio rural dice se compensan con creces por la tranquilidad, el sosiego y pureza de un entorno natural de indudable belleza, y un trato más cercano con los campistas; además de un número menor de trabas administrativas. Asegura que todo es cuestión de organización, por ejemplo, “hacer la compra una vez a la semana” y muchas necesidades se solventan gracias a Internet, “ahora con Amazon y todos los servicios de mensajería se ha avanzado mucho. Los paquetes nos llegan hasta el cámping”, comenta risueño. En su caso, la apuesta por Peralejos -Íñigo vive en una casita dentro del propio cámping- vino tras ser consciente de “las oportunidades que ofrece el turismo rural, que en algunas zonas como ésta de Guadalajara está muy poco explotado”. “Esto ha sido el santo grial de lo que quiero”, afirma, sin atisbo de duda.

Vivir en el pueblo es posible para Sandra gracias a Casa Mariano.

Son muchas las ventajas que Sandra y Nacho encuentran a vivir en el medio rural. Desde el 2010 regentan Casa Mariano, un bar- restaurante en el pequeño pueblo de Luzaga, que les permite vivir donde desean: en la cercana localidad de Alcolea del Pinar. 


    Esta pareja, que se han estrenado como padres hace apenas unos meses, se declara encantada con una rutina llena de tranquilidad y calidad de vida. De lunes a viernes viven en Alcolea y los fines de semana se encargan del bar en la vecina Luzaga. “Estamos muy a gusto en el pueblo”, asegura Sandra, quien considera que la ubicación de la localidad no es un problema. “Aquí tenemos lo básico pero si quieres ir a la ciudad, estamos a un paso de Guadalajara y de Madrid”. En el momento de la entrevista, Sandra -que en su momento se fue a estudiar a la universidad a Guadalajara- cuenta que “acabamos de volver de dar un paseo por el pinar”, toda una suerte para quienes criar a su hija en un entorno de naturaleza como éste no es sino un regalo.  
    Pese al alto índice de despoblación que muestra esta zona de Guadalajara y contra el que se ha puesto en marcha la reciente Ley de Despoblación de Castilla-La Mancha, Sandra enumera una buena lista de ventajas para quienes, como ellos, se animen a vivir en el medio rural. Tranquilidad, evitar aglomeraciones, ahorro económico, “los alquileres no es que sean muy baratos  pero gastas mucho menos”; facilidad de aparcamiento cerca de casa, “puedes aparcar en la puerta” y olvidar qué son los atascos. Eso sí, matiza sonriendo que, en su opinión, vivir en un pueblo pequeñito como el suyo es, posiblemente, bastante más llevadero “si estás en pareja”.

   

Julio, un biólogo al frente de actividades multiaventura Enaltotajo.

Julio Arias es uno de los socios fundadores de la cooperativa Enaltotajo; una empresa dedicada a actividades de multiaventura en el Ocentejo, en el Parque Natural del Alto Tajo. Este aragonés, que vivió un tiempo en Madrid, reside y gestiona actividades multiaventura y de turismo activo desde hace cinco años en el Ocentejo. Julio destaca el enorme potencial turístico de Guadalajara aunque echa en falta un mayor apoyo a iniciativas que favorezcan la implantación de gente joven en la zona; en línea con la nueva Ley de Despoblación de Castilla-La Mancha, en vigor desde el pasado mes de junio y pionera a nivel nacional. Este biólogo, anima a descubrir “el nicho de mercado” que ofrece la “idiosincrasia” de la provincia pero recuerda el “esfuerzo” que debe hacer quien se anime a emprender en el medio rural; ya que las posibilidades laborales considera “no son fáciles”.

Susana y Sutaxi, al servicio de los vecinos de la comarca de Molina.

Amante de la tranquilidad y la naturaleza de su pueblo, Molina de Aragón, Susana Martínez pone a disposición de quien lo necesite su servicio de taxi, Sutaxi, en toda la comarca, tanto a aseguradoras -su principal cliente- como a particulares -si así lo necesitan-. Susana era trabajadora forestal pero la exigencia física de su trabajo y la oportunidad de tomar el relevo del antiguo taxista que había en la zona y que hace ya tres años decidía jubilarse dieron un vuelco a su vida. Conocedora también de los entresijos de la vida en la gran ciudad -estuvo viviendo durante un tiempo en la capital de España- a pesar de las evidentes dificultades para prosperar en zonas rurales y de población envejecida como éstas, “lo peor que está aquí son la sanidad y el transporte”, esta taxista prefiere claramente la calma y la naturaleza que se respira en su fría pero bella comarca. 

La artífice del ‘calor’ del Mesón Casa Juan, Lucía Alvárez.

Aunque nadie dijo que fuera fácil, Lucía Álvarez, que vive en Sigüenza y trabaja en Aguilar de Anguita, decidió lanzarse de lleno el pasado mes de junio a la aventura de tomar las riendas de lo que durante años había sido un negocio familiar, el ahora Mesón Casa Juan; animada también por su pareja y con el objetivo de tener un poco más de calidad de vida. Cuenta Lucía que antes de abrir el bar trabajaba en Meco pero el residir en Sigüenza le obligaba a pasar interminables trayectos en el coche que le hicieron replantearse su vida.


    Ahora, los sabrosos pucheros de los viernes y una cocina con ingredientes de mercado y calidad se han convertido en una de las principales tentaciones para muchos vecinos y visitantes de la zona, que ya han hecho del bar de Lucía su punto de encuentro. A pesar de las dificultades que ha tenido que solventar esta hostelera para conseguir sacar su establecimiento adelante, sin duda, asegura que el esfuerzo ha merecido la pena. Lo mejor de vivir en pueblos pequeñitos como Sigüenza, es que “ganas en tranquilidad, puedes ir a hacer la compra andando y conoces a todo el mundo”, señala Lucía.


    Aunque echa en falta, como buena parte de la población de la comarca, mejoras en las infraestructuras y telecomunicaciones, se muestra agradecida a cualquier tipo de ayudas que puedan venir y beneficiar al territorio, como las contempladas en la recientemente aprobada Ley de Despoblación de Castilla-La Mancha; “especialmente en zonas despobladas como ésta”, observa. “Yo no tuve ayuda pero mucha gente podría venirse al pueblo si pudiese teletrabajar”, afirma. 


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