El Gallo lorquiano regresa a la Residencia de Estudiantes después de 80 años
01/10/2010 - 09:45
Una de las primeras aventuras intelectuales de Federico García Lorca fue tan intensa como efímera. El universal poeta y dramaturgo asesinado en 1936 reunió a finales de los años 20 del siglo pasado a un buen número de amigos de su Granada natal para editar una ambiciosa revista.
Lorca y sus amigos bautizaron a esta revista como Gallo pero su intenso cacareo cultural apenas duró dos números aparecidos en la primavera de 1928. Unos 80 años después, la exposición que ya estuvo en la capital granadina trae a la Residencia de Estudiantes de Madrid muchos de los materiales que constituyeron el nervio de la revista junto a creaciones de un buen puñado de artistas de la palabra y la plástica que participaron en sus dos únicos números. Titulada Gallo. Interior de una revista. 1928 se inauguró ayer y se podrá disfrutar en el pabellón Trasatlántico de la Residencia de Estudiantes (C/ Pinar, 21-23) hasta el próximo 30 de noviembre.
Son casi 200 piezas y documentos, en buena parte inéditos, los que incluye la muestra, con obras de Salvador Dalí y Pablo Ruiz Picasso. Además hay manuscritos, mecanoscritos, dibujos, fotografías, y ediciones de muy diversa índole cedidos por instituciones públicas y colecciones privadas. Algunos tan llamativos como los archifamosos putrefactos que Lorca y Dalí facturaron en sus años de residentes en la colina de los chopos, o el primer texto en el que Dalí teoriza sobre sus métodos artísticos.
El también poeta granadino Luis Muñoz ha sido el comisario de la muestra y se refiere a la revista como un cuádruple salto mortal, que trató de ser a la vez local y universal, y que acabó constituyendo uno de los espejos de la generación del 27. Una revista de vida tan intensa como fulgurante que a juicio de Muñoz, acabó cuando dejó ser un juego para un Federico García Lorca que empezaba a poner en sus dramas y poemarios toda su capacidad y que estaba a punto de sufrir una grave crisis fruto de una ruptura amorosa. Para Muñoz un cúmulo de incompatibilidades marcó la corta vida de la revisara dado que era colectiva y de Lorca al tiempo, como artística y poética; una bomba de relojería que no tardaría en estallar.
Con todo, fue un proyecto en el que Lorca puso todas sus energías y una pasión desmedida, según se aprecia en las cartas que mucho antes de que gallo viera la luz cruzaba ya con Salvador Dalí o Jorge Guillén. En una de aquellas misivas Lorca le comunica a Guillén su desbordado entusiasmo por un proyecto que asegura dirigir desde lejos y al que baraja poner el subtítulo de revista de alegría y juego literario.
Su primer número apareció en marzo de 1928 y el segundo en abril. La sobriedad tipográfica de la que hace gala el diseño de la portada contrasta con la intensidad de sus contenidos. En ambos conviven varias de las líneas argumentales más interesantes de la literatura y las artes plásticas del momento, que coinciden en reivindicar un Arte Nuevo para su tiempo.
Son casi 200 piezas y documentos, en buena parte inéditos, los que incluye la muestra, con obras de Salvador Dalí y Pablo Ruiz Picasso. Además hay manuscritos, mecanoscritos, dibujos, fotografías, y ediciones de muy diversa índole cedidos por instituciones públicas y colecciones privadas. Algunos tan llamativos como los archifamosos putrefactos que Lorca y Dalí facturaron en sus años de residentes en la colina de los chopos, o el primer texto en el que Dalí teoriza sobre sus métodos artísticos.
El también poeta granadino Luis Muñoz ha sido el comisario de la muestra y se refiere a la revista como un cuádruple salto mortal, que trató de ser a la vez local y universal, y que acabó constituyendo uno de los espejos de la generación del 27. Una revista de vida tan intensa como fulgurante que a juicio de Muñoz, acabó cuando dejó ser un juego para un Federico García Lorca que empezaba a poner en sus dramas y poemarios toda su capacidad y que estaba a punto de sufrir una grave crisis fruto de una ruptura amorosa. Para Muñoz un cúmulo de incompatibilidades marcó la corta vida de la revisara dado que era colectiva y de Lorca al tiempo, como artística y poética; una bomba de relojería que no tardaría en estallar.
Con todo, fue un proyecto en el que Lorca puso todas sus energías y una pasión desmedida, según se aprecia en las cartas que mucho antes de que gallo viera la luz cruzaba ya con Salvador Dalí o Jorge Guillén. En una de aquellas misivas Lorca le comunica a Guillén su desbordado entusiasmo por un proyecto que asegura dirigir desde lejos y al que baraja poner el subtítulo de revista de alegría y juego literario.
Su primer número apareció en marzo de 1928 y el segundo en abril. La sobriedad tipográfica de la que hace gala el diseño de la portada contrasta con la intensidad de sus contenidos. En ambos conviven varias de las líneas argumentales más interesantes de la literatura y las artes plásticas del momento, que coinciden en reivindicar un Arte Nuevo para su tiempo.