27/02/2021 / 09:57
José Serrano Belinchón


Imagenes

¡El lobo...!

A los lobos, y a otras especies similares igualmente dañinas, no se les puede hacer frente ni si quiera en defensa de los propios intereses, está reglamentado y prohibido.


Días atrás fue noticia en los principales medios de comunicación un viejo recurso que, de tarde en tarde vuelve a ser actualidad porque su solución es difícil y que, debido a su naturaleza, lo será siempre. Los ganaderos de la región hermana -a la de Castilla y León me refiero-, se quejan, no sin razón, porque al parecer se piensa llamar al orden, y poner la correspondiente sanción, a los ganaderos que se atrevan a disparar contra los lobos que, por instinto natural, atacan a los ganados y devoran a importantes cantidades de ovejas de sus rebaños en momentos y circunstancias que, como todos sabemos, en el medio rural se quedan al amparo de nadie. Recuerdo cómo, años atrás, un ganadero de Galve de Sorbe ponía sobre la mesa la importante cantidad de reses de su propiedad, devoradas por los lobos en cuestión de muy poco tiempo; aviesos animales que acuden, incluso en pleno día, a los ejidos de los pueblos o a los casillos más o menos cercanos, en busca de la oportunidad propicia.  

A los lobos, y a otras especies similares igualmente dañinas, no se les puede hacer frente ni si quiera en defensa de los propios intereses, está reglamentado y prohibido. Se trata de criaturas privilegiadas, oficialmente protegidas, cosa que en frío no nos parece mal, aunque no tanto si ello nos lleva a pensar en los derechos de sus víctimas, conscientes de que los lobos no matan por evitar el hambre, sino más bien por satisfacer su cruel instinto. La comarca serrana del norte de Guadalajara ha sido por tradición tierra de lobos. Los que lo conocieron en épocas pasadas cuentan de ello historias tremendas. Hace años que no se les veía, que no se hablaba de ello, y mucho menos que se produjesen situaciones así, aun teniendo en cuenta que el número de reses ovinas, víctima habitual para esta clase de animales voraces, lo ha sido siempre mucho mayor, aunque se me ocurre pensar que por falta de mejores medios para evitarlo.

En tantos pueblos de nuestra Sierra Norte se cuentan viejas historias de lobos, como aquellas que don Paco, maestro jubilado de Galve y para mí de tan feliz recuerdo, quien siendo joven ejerció su profesión en Valdepinillos, y en los oscuros anocheceres de invierno, tres o cuatro lobos lo solían acompañar en torno al caballo al volver a casa. 


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