El Mirador de Yebra, una casa exclusiva rescatada de la ruina, por un joven emprendedor, con ayuda de ADASUR
Mario Torre ha invertido medio millón de euros en este alojamiento rural.
Hay fachadas que cuentan historias, y la de aquella casona de piedra en Yebra llevaba demasiado tiempo contando una historia de abandono. Desde 2007, el edificio sufría el paso de los años y el vandalismo, mirando impasible al pueblo donde nació el padre de Mario Torre. Durante mucho tiempo, este joven la miraba paseando por las calles con una mezcla de nostalgia y resignación; se vendía demasiado cara. “La voy a comprar y voy a hacer un casa rural”, se repetía.
Fue un 24 de diciembre cuando, frente a aquella estampa, decidió dar el paso. “Hice una oferta, irrisoria, y me la aceptaron”, relata con una sonrisa que todavía delata la incredulidad del momento. Con el respaldo incondicional de su familia, arrancó un periplo titánico para dar forma a su propio proyecto de vida en el medio rural.

El camino no fue fácil. Tras la compra vino una inversión cercana al medio millón de euros y un laberinto burocrático que puso a prueba su paciencia. “Cuando te embarcas en un proyecto así no te imaginas la cantidad de trámites, permisos y papeles que puedes llegar a necesitar. Había cosas que no sabía ni que existían”, confiesa.
En ese tramo de incertidumbre, encontrar el apoyo adecuado fue vital. Mario tocó las puertas de ADASUR (el Grupo de Desarrollo Rural de la comarca), encontrando el respaldo que necesitaba en un terreno desconocido para él. “Han sido muy atentos y me han asesorado en un mundo nuevo para mí”, agradece.
Gracias a una subvención que supera los 27.000 euros gestionada a través de estos fondos, el proyecto pudo dar el salto definitivo en el equipamiento del exclusivo alojamiento rural. El resultado es un equilibrio perfecto, se conserva intacto el encanto de la arquitectura tradicional alcarreña, pero fusionado con un diseño moderno, luminoso y de alta calidad.
Hoy, El Mirador de Yebra es ya una espléndida realidad que disfrutan sus primeros clientes.
El alojamiento cuenta con 320 metros cuadrados de interior repartidos en seis dormitorios, cuatro baños y dos grandes salones, pensados para acoger cómodamente hasta 16 personas.
En el exterior, una parcela de 1.000 metros cuadrados ofrece una gran piscina privada de 10x4 metros, zona chill out, barbacoa y un espectacular balcón-terraza.
“Desde ella tienes el pueblo a tus pies y la sensación es inmensa”, declara orgulloso el joven emprendedor. Aunque está concebido principalmente para familias y grupos de amigos que buscan desconectar en plena naturaleza, el complejo ya está diversificando su oferta y acogerá celebraciones y eventos, como una boda prevista para el próximo mes de mayo.
Y desde Yebra, las personas alojadas podrán conocer la Alcarria en todo su esplendor. Visitar la villa ducal de Pastrana, ir a Bolarque, Sacedón o disfrutar de las aguas de Entrepeñas. Una comarca llena de posibilidades, descansando en una casona ‘palaciega’.

Historias como la de Mario ponen rostro a lo que los expertos y líderes institucionales recuerdan frecuentemente en foros y encuentros comarcales, que no es otra cosa que mantener vivos nuestros pueblos no es solo una cuestión local, sino de país. Y en ese engranaje perfecto para que las piezas encajen, los Grupos de Desarrollo Rural, como ADASUR, demuestran que son herramientas muy importantes para transformar una idea sobre papel en un revulsivo económico real.
“Estoy muy satisfecho, la verdad. Los clientes se van felices de su estancia y para mí es lo más importante”, resume Mario. Su sueño no solo ha devuelto el esplendor a una vieja casa de piedra abandonada, sino que demuestra que el medio rural de Guadalajara tiene futuro, talento y, sobre todo, mucho corazón. “Esta casa será mi lugar de retiro en mi jubilación. Desde aquí disfrutaré de mi pueblo”, concluye el joven emprendedor.



