El pregón peñista arranca la semana de alegría festiva en la capital
10/09/2012 - 21:39
La peña El Pellejo tuvo el honor de ser la elegida para anunciar oficialmente el inicio de la semana más grande de Guadalajara, aquella en la que cientos de peñistas saltan a las calles para compartir en grupo unos días sin preocupaciones.
Uno de los miembros de El Pellejo, Luis Bambó, tuvo el honor de pronunciar, como siempre, un discurso breve y certero, muy diferente al oficial que pronunció Andrés Aberasturi el viernes pasado y que deleitó, por su emotividad, a quienes tuvieron la suerte de poder escucharlo. En este caso, el pregón fue muy diferente y con él, El Pellejo, compartió la alegría de celebrar su XXXIV aniversario con el resto de peñistas de Guadalajara. El peñista, con la plaza llena, explicó que se sentía orgulloso de poder ver a los allí presentes desde el balcón del Ayuntamiento. Animó a la ciudad a olvidarse de los problemas al máximo y señaló que el carácter del pregón era reivindicativo de la importancia de las peñas después de los recortes que ha habido.
Bambó se mostró encantado con la vuelta del pregón a su lugar originario, ya que durante varios años no ha podido celebrarse en la plaza Mayor, puesto que éste céntrico espacio se estaba sometiendo a obras. La parte más negativa de este cambio de ubicación fue que la plaza es más pequeña y, en consecuencia, los peñistas estuvieron más pegados Aún así, el ambiente fue el de todos los años, alegre, desenfadado, animado y fiel a las tradiciones propias de este chupinazo y posterior desfile. Junto al pregonero se situaban el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, el concejal de Festejos, Jaime Carnicero (que tuvo que escuchar alguna que otra crítica por parte de los peñistas) y antiguos alcaldes de Guadalajara, como el socialista Jesús Alique o el popular José María Bris, entre otros concejales de la corporación municipal. Román aprovechó, instantes antes, para desear a toda la población unas felices fiestas y significar el papel de las peñas como alma de las fiestas.
Instantes después del breve pregón se encendió el cohete que dio, al estallar, la señal sonora del inicio de las fiestas de Guadalajara.
Desde el balcón del Ayuntamiento se podía ver a las peñas tiñendo de colores la plaza, con originales indumentarias, pegatinas, disfrazados, con complementos variados como pelucas o gafas de colores, disfraces de escoceses o piratas o, simplemente, fundiéndose en el típico abrazo de exaltación de la amistad que promueven este tipo de emotivos actos grupales.
El ambiente festivo y multicolor les acompañó en sus breves palabras. Poco antes de las ocho de la tarde fueron llegando desde las diversas localizaciones, la mayoría de ellas en el recinto ferial, las distintas peñas que se reparten por la geografía de la capital, todos ellos ataviados con su característico uniforme y los peculiares adornos con los que complementan su atuendo.
Por unos instantes, la crisis quedó aparcada a un lado para que todos los que compartían el mismo espacio en la plaza Mayor pudieran tener unos minutos de euforia colectiva. Las penas, en medio de las fiestas y en compañía, parecían menos penas. No en vano, como el propio concejal de Festejos, Jaime Carnicero, señaló, el Ayuntamiento ha querido que la población de Guadalajara tenga al menos un breve respiro en medio de los duros momentos económicos que atravesamos para disfrutar de unos días de fiestas. El alcalde, en este sentido, reconocía que puede suponer cierto alivio psicológico para la presión que están soportando muchas familias, sobre todo en los casos en que todos ellos son desempleados.
Después del pregón la organización nombró una por una las distintas peñas para que desfilaran por orden. Para poder distribuirse fueron extendiéndose hasta la altura de la plaza de los Caídos y subiendo después por Miguel Fluiters y calle Mayor hasta la altura de avenida de Castilla, donde se dispersaron.
Uno de los miembros de El Pellejo, Luis Bambó, tuvo el honor de pronunciar, como siempre, un discurso breve y certero, muy diferente al oficial que pronunció Andrés Aberasturi el viernes pasado y que deleitó, por su emotividad, a quienes tuvieron la suerte de poder escucharlo. En este caso, el pregón fue muy diferente y con él, El Pellejo, compartió la alegría de celebrar su XXXIV aniversario con el resto de peñistas de Guadalajara. El peñista, con la plaza llena, explicó que se sentía orgulloso de poder ver a los allí presentes desde el balcón del Ayuntamiento. Animó a la ciudad a olvidarse de los problemas al máximo y señaló que el carácter del pregón era reivindicativo de la importancia de las peñas después de los recortes que ha habido.
Bambó se mostró encantado con la vuelta del pregón a su lugar originario, ya que durante varios años no ha podido celebrarse en la plaza Mayor, puesto que éste céntrico espacio se estaba sometiendo a obras. La parte más negativa de este cambio de ubicación fue que la plaza es más pequeña y, en consecuencia, los peñistas estuvieron más pegados Aún así, el ambiente fue el de todos los años, alegre, desenfadado, animado y fiel a las tradiciones propias de este chupinazo y posterior desfile. Junto al pregonero se situaban el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, el concejal de Festejos, Jaime Carnicero (que tuvo que escuchar alguna que otra crítica por parte de los peñistas) y antiguos alcaldes de Guadalajara, como el socialista Jesús Alique o el popular José María Bris, entre otros concejales de la corporación municipal. Román aprovechó, instantes antes, para desear a toda la población unas felices fiestas y significar el papel de las peñas como alma de las fiestas.
Instantes después del breve pregón se encendió el cohete que dio, al estallar, la señal sonora del inicio de las fiestas de Guadalajara.
Desde el balcón del Ayuntamiento se podía ver a las peñas tiñendo de colores la plaza, con originales indumentarias, pegatinas, disfrazados, con complementos variados como pelucas o gafas de colores, disfraces de escoceses o piratas o, simplemente, fundiéndose en el típico abrazo de exaltación de la amistad que promueven este tipo de emotivos actos grupales.
El ambiente festivo y multicolor les acompañó en sus breves palabras. Poco antes de las ocho de la tarde fueron llegando desde las diversas localizaciones, la mayoría de ellas en el recinto ferial, las distintas peñas que se reparten por la geografía de la capital, todos ellos ataviados con su característico uniforme y los peculiares adornos con los que complementan su atuendo.
Por unos instantes, la crisis quedó aparcada a un lado para que todos los que compartían el mismo espacio en la plaza Mayor pudieran tener unos minutos de euforia colectiva. Las penas, en medio de las fiestas y en compañía, parecían menos penas. No en vano, como el propio concejal de Festejos, Jaime Carnicero, señaló, el Ayuntamiento ha querido que la población de Guadalajara tenga al menos un breve respiro en medio de los duros momentos económicos que atravesamos para disfrutar de unos días de fiestas. El alcalde, en este sentido, reconocía que puede suponer cierto alivio psicológico para la presión que están soportando muchas familias, sobre todo en los casos en que todos ellos son desempleados.
Después del pregón la organización nombró una por una las distintas peñas para que desfilaran por orden. Para poder distribuirse fueron extendiéndose hasta la altura de la plaza de los Caídos y subiendo después por Miguel Fluiters y calle Mayor hasta la altura de avenida de Castilla, donde se dispersaron.