El Tratado de Lisboa podría ‘descafeinar’ la Presidencia española de la Unión Europea

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Por: EUROPA PRESS
La entrada en vigor del Tratado de Lisboa está suponiendo una gran revolución en la Unión Europea. Por ello, la ansiada Presidencia española de la Unión Europea por parte del presidente del Gobierno del país, José Luis Rodríguez Zapatero, quedará eclipsada por el cambio institucional, según los expertos. Algunos de estos expertos piensan que el papel de España debe ser hacer de Gobierno de transición, mientras que otros piensan que hay aun muchos temas importantes a los que deben enfrentarse.
El brillo de la presidencia española de la UE palidecerá con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que introduce algunos cambios en las instituciones europeas que harán que el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, ocupe un segundo plano durante su mandato, según han señalado expertos y políticos en Bruselas.
Así, mientras otros mandatarios han podido aprovechar su paso por la presidencia rotatoria para sacar adelante temas que interesaban a su país y aumentar su protagonismo en Europa, Zapatero no podrá utilizar esta oportunidad por la existencia, entre otras cosas, de un nuevo presidente permanente del Consejo Europeo, que será el encargado de presidir las reuniones al más alto nivel.
Durante un encuentro con periodistas españoles en el marco de un seminario organizado por el European Journalism Center en Bruselas, el eurodiputado del PP Alejo Vidal-Quadras ha considerado que la presidencia de Zapatero se va a convertir en un mandato “de transición” en el que lo mejor que puede hacer España es intentar liderar el cambio institucional.
Las principales modificaciones que introduce el Tratado de Lisboa y que afectarán a la presidencia española son la creación de un presidente permanente en el Consejo Europeo, la creación de la Alta Representante de Política Exterior y el establecimiento del trío de presidencias rotatorias, que ha obligado a Zapatero a negociar sus prioridades y estrategias con los que serán sus sucesores, el presidente belga y el húngaro.
Según ha indicado Vidal-Quadras, estas dos circunstancias limitarán a España a la hora de sacar partido a su presidencia, tal y como hizo el presidente sueco al conseguir uno de sus principales objetivos: cerrar el tercer paquete del mercado interior de la energía, o Francia, que sacó el paquete de clima-energía como “trofeo” y consiguió que Europa se llenara de ministros franceses.
“España va a quedar un poco oculta”, ha señalado Vidal-Quadras, quien ha asegurado que el hecho de que el país no haya acometido la reforma laboral que le han recomendado todos los organismos europeos será un ‘handicap’ más para su presidencia porque le resta credibilidad de cara al restos de los socios.
Ante este panorama, Vidal-Quadras ha considerado que lo mejor que puede hacer España es aprovechar su mandato para intentar ser “el primero” en poner en marcha el nuevo sistema europeo y dar un impulso definitivo al funcionamiento de la nueva arquitectura política.
Para conseguirlo, ha propuesto la creación de un borrador de cómo tendrá que trabajar el nuevo presidente permanente del Consejo europeo y otro sobre el funcionamiento del nuevo servicio exterior. “Todo está un poco indefinido”, señaló el eurodiputado, quien consideró positivo que España tome la iniciativa y haga propuestas de este tipo para conseguir “protagonismo y liderazgo”.

Poca precisión
Vidal-Quadras ha aprovechado además para denunciar que el programa del Gobierno contenga grandes planteamientos teóricos y poca precisión, al tiempo que ha puesto de manifiesto la buena disposición de la oposición de cara a la presidencia española al asegurar que el PP intentará ayudar, o al menos “molestar lo menos posible”, asumiendo una postura de ‘paz armada’.
En esta misma línea se ha manifestado la conferenciante externa de la unidad de visitas de la Comisión Europea Inma Valencia, que explicó cómo funcionarán los principales organismos europeos tras la entrada en vigor de Tratado y resaltó las figuras que representarán la Alta Representante de la Política Exterior y el presidente permanente del Consejo Europeo, que será además la persona que ocupará uno de los puestos en los foros internacionales como el G-20.
Estas nuevas figuras pueden restar cierto protagonismo a España, pero sin duda cumplen con el objetivo de otorgar a la UE una representación más “coherente” de los estados miembros, algo que fuentes de la Comisión Europea consideraron “urgente” si se quiere “pintar algo” en la foto internacional, ya que, en algunas ocasiones, otros países como América o China se quedan “mareados” en los foros internacionales al escuchar tantas voces procedentes de la Unión.
Por su parte, la secretaria general adjunta de la delegación socialista en el Parlamento Europeo, María Muñiz, ha considerado “muy interesante” el momento en el que España asumirá la presidencia europea, ya que la puesta en marcha del Tratado de Lisboa supone un “enorme paso” para Europa, sobre todo si se tiene en cuenta el anterior periodo de inestabilidad institucional.
Además, aseguró que el “ambicioso” programa que ha diseñado el Gobierno español se centrará en la puesta en la elaboración de la estrategia post-Lisboa y en la elaboración de un nuevo modelo de desarrollo económico para toda la Unión, un objetivo compatible con la puesta en marcha en España de la Ley de Economía Sostenible.
Entre los principales desafíos y retos, Muñiz señaló el proceso de revisión de todas las instituciones, la consolidación del espacio “libertad, seguridad y justicia” en la Unión Europea, las nuevas competencias del Parlamento Europeo en materia de Justicia e Interior y el diseño del nuevo reparto de papeles entre los actores europeos para conseguir “mayor coherencia” sin perjudicar a nadie.
Así, rechazó la idea de que las nuevas figuras que incorpora el Tratado de Lisboa (la Alta Representante y el presidente permanente del Consejo Europeo) vayan a restar protagonismo a España durante su presidencia, y aseguró que se han creado grupos de trabajo para impulsar la “máxima fluidez” en el cambio de “personas y contenidos”. “Va en beneficio de la UE, no en detrimento de nadie”, aseguró.