06/03/2021 / 17:58
José Serrano Belinchón


Imagenes

El viajero, Jerónimo Münzer

Nuestro hombre estuvo en Guadalajara durante los días 25 y 26 de enero del año 1495, justo cuando la construcción del palacio de los Duques Infantado, si no del todo, acababa de concluir.


De los muchos viajeros que a lo largo de la Historia pasaron, se detuvieron y escribieron sobre Guadalajara, siempre me llamó la atención Jerónimo Münzer, un humanista alemán del siglo XV, médico de profesión, quien dejó escrita una interesante crónica que pasó a nuestro idioma con el título de “Viaje por España y Portugal”. Sí, Münzer estuvo aquí, en estas tierras que cinco siglos después pisamos nosotros. Fue testigo personal del entierro del Cardenal Mendoza y de su traslado a la ciudad de Toledo. Muchas de las frases más bellas dedicadas a nuestra ciudad, las he leído en su libro que hace años compré en un puesto callejero de la madrileña Cuesta de Moyano. Nuestro hombre estuvo en Guadalajara durante los días 25 y 26 de enero del año 1495, justo cuando la construcción del palacio de los Duques Infantado, si no del todo, acababa de concluir. “Creo que en toda España –escribió- no existe palacio semejante a éste, por su grandeza y por su profusa decoración en oro. Tanto oro resplandecía en su techumbre, que resulta increíble para el que no lo vea. Nos aseguró el alcaide que se podía comprar un condado con lo que se estaba gastando en la edificación de aquel palacio, y aún no estaba terminado…” Por cuanto a la Casa del Cardenal, en el solar de junto a la iglesia de Santa María (antiguo colegio que llevó su nombre), dejó escrito “Es de las más bellas de toda España. Yo he visto muchos de los grandes palacios de cardenales en Roma; pero en toda mi vida vi otro tan cómodo y con las habitaciones tan bien distribuidas. Creo que en el mundo no hay otra casa más espléndida.” De la ciudad dijo ser tan grande como Ulm, y que está situada en un montículo, al pie del cual corre el Tajo, entiéndase el Henares.

Dejó Guadalajara al día siguiente. Se marchó impresionado por el lujo ostentoso en el que se desenvolvía y con el que se engalanaba la ciudad por aquellos finales de la decimoquinta centuria, por obra y gracia de la familia Mendoza. Guadalajara fue pionera del Renacimiento Español y escaparate incomparable de la avalancha artística surgida por entonces en la vieja Europa. En su viaje a Zaragoza se detuvo en Sigüenza, de la que dijo ser tan grande como Nordlingen, y donde encontró una catedral bastante rica, y que su obispo había sido el cardenal, que contaba con cuarenta canónigos, veinte racioneros entre los cuales había hombres doctos.


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