“En cine todo lo que escuchas es mentira, excepto el diálogo... Y a veces, ni eso”

16/01/2026 - 16:25 J.P.

Valeria Arcieri es técnico de sonido en cine y series de TV. Ha estado nominada al Goya dos veces por su trabajo en ‘Modelo 77’ y ‘El Buen Patrón’.

Puede que el nombre de Valeria Arcieri no les resulte conocido, pero esta mujer de Azuqueca de Henares ya ha estado nominada en dos ocasiones a los premios Goya, por Modelo 77 y El Buen Patrón. Técnico de sonido, su carrera incluye casi 50 créditos en los que hay desde cine a series, con grandes éxitos como Su majestad, Celeste o la reciente Yakarta. 

Mirar su filmografía en Imdb da vértigo.
    De eso se trata, de no parar.

Cuando hablamos de sonido en cine, parece algo muy concreto, pero en realidad abarca muchas áreas, ¿verdad?
    Exacto. Hay varios departamentos implicados y mucha coordinación entre todos. Yo trabajo en postproducción, que es diferente del sonido directo, el que se graba durante el rodaje. Nuestra labor comienza una vez se ha hecho esa grabación: limpiamos, sincronizamos, colocamos el sonido, añadimos efectos, ambientes… En cine, prácticamente todo lo que se oye es ‘falso’, salvo los diálogos, y ni siquiera siempre, porque muchas veces se doblan. Luego todo eso se mezcla y se entrega al director como él lo quiere.

¿Cuál es el camino que se sigue dentro del campo del sonido?
    El punto de partida habitual es empezar por los diálogos. Luego puedes seguir por montaje de efectos, grabación de foley… Creo que es útil conocer todas las fases. Pero en mi caso fue al revés. Empecé directamente con mezcla, en un estudio de doblaje. Después pasé a mezcla de películas, diálogos y efectos. He tocado todos los palos, pero en orden inverso.

¿Y qué parte disfruta más?
    La mezcla. Es lo que más me gusta y con lo que empecé. Recuerdo ver trabajar a Alberto Ovejero, mi maestro, y pensar: “Me encantaría estar ahí”, aunque me parecía inalcanzable. Y al final, aquí estoy.

El sonido es algo a lo que en el cine no siempre se le da el valor que merece.
    Totalmente. El buen sonido no se nota. Si se nota, es que algo falla. Todo está lleno de pequeños detalles que pasan desapercibidos, pero si faltan, el espectador lo percibe.

¿El sonido puede crear atmósferas, igual que la luz o el vestuario?
    Por supuesto. Aunque la música suele llevar el protagonismo, el diseño sonoro también genera emociones. Por ejemplo, si queremos transmitir tensión en una escena de campo, no pondremos pájaros. La ausencia de ciertos sonidos también comunica.

¿Se utiliza el silencio en el cine?
    Muy pocas veces hay silencio absoluto. Siempre hay alguna atmósfera. Pero jugar con la reducción del sonido puede ser muy efectivo, sobre todo para enfatizar un diálogo potente. 

 

 

¿Cómo graban los sonidos que incorporan luego a la serie?
    Siempre que se puede, en localizaciones reales. En Yakarta, por ejemplo, mi compañero David Morales fue a grabar sonidos reales de bádminton porque el sonido del volante es muy particular. Incluso grabamos en un bingo. Yo llevo siempre una grabadora en el bolso por si escucho algo interesante.

¿Qué fue lo último que grabó?
    El motor de un coche en un garaje. Era un sonido muy particular y le pedí a mi novio que me ayudara para grabarlo.

¿Asocia sonidos a emociones?
    Sí, claro. Los graves suelen arropar, los agudos generan tensión. Cada sonido transmite algo distinto.

En una película de amor, ¿cómo trabaja el sonido?
    Suelo dejar paso a la música. A veces hay que renunciar al ego y saber que no todo tiene que sonar. El músico tiene que poder expresarse.

¿Cómo es su relación con los músicos?
    En mi caso, muy buena. Aprendo mucho de ellos. Intento no tocar nada de su trabajo, salvo el volumen. Es curioso, porque a veces incluso tenemos que tocar el tono de algunos efectos sonoros para que no desentonen con la música.

¿Cuántas pistas de sonido puede manejar en una escena?
    Depende, pero en un proyecto reciente llegamos a tener entre 120 y 140 pistas. No todas suenan a la vez, pero en momentos puntuales puede haber 30, 40 o más capas simultáneas.

¿Y cómo mantiene la cordura?
    A veces cuesta. Después de muchas horas, dejas de escuchar bien y tiendes a subir el volumen sin darte cuenta. Al día siguiente todo está saturado y hay que rehacerlo.

¿Tiene el oído muy educado?
    Bastante. En los análisis salgo bien. Oigo más por el oído derecho, pero percibo todas las frecuencias. De momento, todo bien (risas).

¿Cómo es la relación con los directores? ¿Tienen claro cómo quieren que suene una película desde el principio?
    Depende. Algunos usan términos como “oscuro” o “ligero”, y tienes que interpretar lo que quieren. Otros vienen con ideas muy concretas del montaje previo y cuesta moverles de ahí. Pero al final se trata de lograr lo que el director busca.

¿Y los actores, reconocen vuestro trabajo?
    Rara vez. Alguna vez en proyecciones te dan las gracias, pero están centrados en su personaje y no suelen fijarse mucho en el sonido. 

¿Hay voces que le resulten especialmente agradecidas?
    Javier Gutiérrez, por ejemplo, vocaliza muy bien. Pero en  líneas generales cada vez se vocaliza mejor. Son todos muy buenos profesionales.

Fue nominada al Goya por Modelo 77, una película con acción, y por El Buen Patrón, que era más drama. ¿Le sorprendió más esta última?
    Sí, fue curioso. Es una película muy trabajada, pero no especialmente sonora, aunque Fernando León es muy perfeccionista y cuidamos cada detalle. Con Modelo 77 fue más ‘normal’, porque que tenía más elementos sonoros complejos.

Recientemente ha participado en Yakarta, una serie que está teniendo gran éxito. ¿No le molesta que el trabajo le ‘destripe’ una serie?
    Te acostumbras (risas). Muchas veces ves el final antes de empezar a trabajar una escena. Y si puedes leer el guion antes de rodar, mejor, porque  así anticipas necesidades.

Usted ha sido una de las primeras mujeres en el ámbito de la mezcla de sonido.
    Sí, de las primeras. Ten en cuenta que la primera en ganar un Goya en mezcla fue Yasmina Praderas, hace solo un par de años. Ahora somos más, unas 10 mujeres, de unos 50 profesionales, porque no es un mundo muy grande, pero cuando yo empecé éramos muy muy pocas. 

¿Cómo fueron sus inicios?
    Muy intensos. Me metí casi por casualidad en esto, pero luego pasaba horas y horas en el estudio, tanto haciendo el trabajo por el que me pagaban, como trabajando para aprender más. Lo apuntaba todo.  Fue duro, pero valió la pena.