En memoria de Hugo Carrasbal Pascual
El jueves, 29 de enero, con solo 22 años, falleció en accidente Hugo, todo un campeón.
El pasado domingo, las miradas de buena parte del mundo estaban concentradas en Carlos Alcaraz, que con solo 22 años ganó el Abierto de Australia y se convirtió en el tenista más joven en conquistar los cuatro torneos del Grand Slam. Sin quitarle mérito a su gesta, mi familia y yo ignoramos el hecho ampliamente, pues nuestras miradas estaban concentradas en otro joven campeón de 22 años: Hugo Carrasbal Pascual.
Hijo de mis primos Javi y Ana, Hugo falleció el pasado jueves 29 de enero en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza, adonde fue trasladado tras ser rescatado de un alud en las inmediaciones de la estación de esquí de Cerler (Huesca). Le velamos el viernes y el sábado en el Tanatorio de la Ronda Norte de Guadalajara, en donde fue cremado después de dos terribles días de incertidumbre primero, esperanza después y, finalmente, un dolor intenso, casi físico, que apenas nos dejaba respirar.
Entre el jueves de su muerte y el sábado de su despedida, hubo muchas personas que intentaron salvar la vida de Hugo y, cuando ya no era posible, acompañaron a sus padres y el resto de su familia en el dolor. Gracias a todas: a los amigos y amigas que le acompañaban cuando ocurrió la tragedia, los pisteros de Cerler, los integrantes del GREIM (el grupo de rescate en montaña de la Guardia Civil), los pilotos de los helicópteros de la Guardia Civil y el 112-Aragón y los médicos y enfermeras de la UCI del Hospital Miguel Servet que lucharon para que Hugo siguiera viviendo -casi lo consiguió: llegó a recuperarse de la hipotermia y su corazón volvió a latir, pero las secuelas del accidente fueron demasiado incluso para él. Gracias a los Hamaqueros y las gentes del Club Chapa y Sigue, Club Triatlón Guadalajara, Escuela de Ciclismo Alcarreña y equipo MTB Grand Pádel y tantas otras personas que acudieron a despedirse de Hugo. En la memoria quedan especialmente los numerosos gestos de cariño de los bomberos del CEIS Guadalajara, que subieron a Zaragoza apenas se confirmó la noticia a arropar a dos compañeros -Javi, miembro del cuerpo hasta su jubilación el pasado año, y Hugo, muerto justo antes de que se confirmasen los resultados de la oposición que le habrían convertido en digno sucesor de su padre.
Yo sabía que Hugo era un tipo deportista que practicaba escalada, natación, ciclismo, esquí y no sé cuántas otras disciplinas deportivas, pero no me había dado cuenta de que era un campeón hasta que, en la noche del sábado, escuché las palabras de despedida de sus compañeros de Hamaqueros, el grupo de 20-25 jóvenes con los que Hugo compartía su hambre de aventuras y su sed de vida. Ellos hablaron de un líder, de una persona que les impulsó a crecer, que nunca se rendía y que siempre buscó no solo su superación personal, sino la superación personal -y grupal- de todos y cada uno de ellos.
Entonces me di cuenta de que Hugo personificó las cuatro acepciones de la palabra campeón del Diccionario de la Real Academia de la Lengua (“persona que obtiene la primacía en el campeonato; persona que defiende esforzadamente una causa o doctrina; héroe famoso en armas; hombre que en los desafíos antiguos hacía campo y entraba en batalla”).
Y es que Hugo ganó u obtuvo medallas en numerosas competiciones y fue muy hábil en el manejo de numerosas armas -entiéndanme, armas pacíficas: arneses, pies de gatos, esquíes y bicis. Pero, sobre todo, Hugo defendió esforzadamente la doctrina de no rendirse nunca y de asumir siempre nuevos desafíos, haciendo así la vida -la suya y la de las personas cercanas- más amplia y plena. Su entusiasmo -palabra que viene del griego y que quiere decir “inspiración divina”- abrió batallas nuevas -batallas pacíficas: triatlones, vías de escalada, rutas de montaña- para quienes le quisieron seguir o acompañar.
Todos llegábamos a esa ceremonia de despedida rotos de dolor y desesperación, envueltos en la niebla del sinsentido y las preguntas sin respuesta -ese insistente “¿por qué?”. De repente, las palabras de los Hamaqueros nos hicieron mirar desde otra perspectiva, pusieron algo de luz en medio de tanta oscuridad y mucha vida -la vida que Hugo generó en ellos- en un lugar de muerte. Solemnemente prometieron -y todos tuvimos la certeza inmediata y absoluta de que lo cumplirán- mantener esa llama viva.
Gracias a ellos supimos que era verdad no solo lo que su hermano Dani le dijo a Hugo para cerrar el acto - “has vivido 22 vidas en 22 años”-, sino que esa enorme cantidad de vida se ha desbordado sobre sus amigos y amigas y se seguirá desbordando sobre mucha otra gente a través de ellos. Por cierto, Dani dijo otra frase maravillosa: “te has quedado viviendo para siempre en el mejor día de esquí de tu vida” (esa mañana, Hugo había llamado a Javi para decirle justo eso: “papá, es el mejor día de esquí de mi vida”). En ese momento, muchos pensamos que, aunque 22 años es una edad muy temprana para marcharse, es una suerte morir como se ha vivido cuando se ha vivido sin miedo, tal y como se quería vivir.
Carlos Alcaraz es, sin duda, un gran campeón. Hugo Carrasbal Pascual también lo era -lo es, porque la vida que vivió y repartió a manos llenas no se ha terminado del todo, tan solo se ha transformado. Como gran campeón le recordaremos. Por siempre.