“Eran majos, pero todos podemos ser muy majos y luego tener un ‘arsenal’ en casa”

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

La mayoría de los residentes se muestran sorprendidos por el arresto de sus vecinos
El Camino de las Arcas mide entre 200 y 300 metros. Un lado de la vía está completamente ocupado por residencias. En el otro, los hogares comparten espacio con una empresa de fontanería.
Casi al final de la calle un policía monta guardia frente a la vivienda en la que residían los dos sospechosos. Es el número 20 y la hora, las dos de la tarde. La calle parece desierta, pero poco a poco los residentes van acudiendo a la hora de la comida. “Aquí cada uno va a su bola. Todos estamos mucho en nuestras casas”, comenta una de las vecinas de los sospechosos.

La vivienda de los detenidos está situada junto a otra que sus dueños han decidido poner en venta. Unos metros más arriba el asfalto deja paso a un camino de tierra; justo donde termina el último de los adosados arranca el campo. Aunque está cerca del casco urbano de Cabanillas del Campo, el Camino de las Arcas se encuentra situado en lo que podría denominarse periferia de la localidad. Una periferia a la que algunos vecinos sólo acuden durante los meses de verano; en la que otros aseguran que “no hay mucha relación entre los vecinos”; y en la que una masiva operación policial rompió la habitual tranquilidad que parecía reinar en la zona.
“Había unos 25 policías con chaleco y todo. Incluso llegué a pensar que venían a por nosotros, porque andaban de una forma... Como si fuesen directos a por uno”, recuerda Juan Carlos, un joven que trabaja en la empresa de fontanería. La misma sorpresa se llevaron el resto de vecinos. Alicia, que sólo reside en el municipio durante la época estival, también observo sorprendida la operación policial. En su caso, no sólo se fijó en los agentes uniformados. “Había otros que estaban agarrados a los móviles todo el rato”, recuerda. “Después se lo dije a mi marido, “yo creo que aquí han venido hasta los de la secreta”.

De lo que nadie estaba seguro ayer en el municipio de Cabanillas del Campo era de lo que había ocurrido; del motivo que había llevado a la policía a irrumpir en la vivienda. Ante la duda, surge el universo de las hipótesis. Luisa, también residente en el barrio, aventura la posibilidad de que se tratase de un desalojo, aunque más tarde recuerda haber escuchado algo de un laboratorio cuando se encontró con la operación policial que se estaba desarrollando casi a las puertas de su casa. José Carlos exclama un “¡que fuerte!”, al enterarse de la cantidad de cocaína incautada en el domicilio de los detenidos. La propia Alicia reconoce que ha tenido que recurrir a una de las fuente de información más antiguas del mundo, el bar del pueblo, para enterarse de lo ocurrido. “Le he preguntado a una periodista”. Una vez informada de los hechos, ni se asusta ni se muestra demasiado sorprendida. “Había oído que en Cabanillas hay droga, pero lo que no sabía es que estuviese justo en frente de la puerta de mi casa”.

Respecto a si a la naturaleza del delito la intranquiliza, la respuesta de Alicia es negativa. “Eso de la droga afecta al que está metido en ese mundo. Me asustaría si hubiese ocurrido algo violento”. Tanto ella como Sergio, otro de los residentes de la zona, aseguran que ese siempre había sido “un barrio tranquilo”. No es el único aspecto en el que coinciden. Pese a vivir a pocos metros de los detenidos, explican que la relación con ellos era mínima, “de hola y adiós”. Como es normal, tampoco llegaron a sospechar en ningún momento que pudieran estar relacionados con la comisión de algún tipo de actividad delictiva.

Quien sí tenía más trato con ellos era Ana. Entre su casa y la que los detenidos utilizaban como laboratorio en el que tratar la cocaína hay una vivienda de separación. “La semana pasada hablé con ellos”, recuerda. “Se acercaron hasta casa para invitarme a la inauguración de una discoteca que tenían pensado abrir en Alcala de Henares”. Conocidos en común y algún que otro hecho fortuito facilitaron la creación de un vínculo entre ellos, aunque tampoco fuese demasiado profundo. “Parecían chicos muy majetes... Pero claro, todos podemos ser muy majos y luego tener guardado todo un arsenal en nuestra casa”. Como en el resto de casos, Ana no se esperaba que algo así pudiese ocurrir junto a su casa. “Aquí lo más problemático que habíamos tenido nunca son los perros”, bromea.

Luisa señala que durante un tiempo la casa en las que estaba instalado el laboratorio se puso a la venta. Ana también especifica que durante unos meses se les vio poco por la localidad. Incluso fuentes de la operación señalan que no residían allí de forma habitual. Lo cierto es que no parece que tuviesen demasiada relación con el resto de sus vecinos. No parece extraño. La mayor parte de los residentes asegura que no tienen demasiado trato en ellos de forma habitual.

El pasado jueves, la policía procedió a desmantelar un laboratorio de cocaína situado en el número 20 del periférico Camino de las Arcas. Para sorpresa de la mayoría de los vecinos, se incautaron 650 kilogramos de droga. Tres personas han sido detenidas y la operación todavía continúa abierta, por lo que podrían producirse más arrestos a lo largo de las próximos días. La policía no conoce la identidad de los posibles clientes ni cuánto tiempo llevaba funcionando el laboratorio.