25/09/2020 / 18:05
Emilio Fernández Galiano


Imagenes

Estado lunar

A veces me da  por pensar que en un fatal suponer, en una máxima letalidad del Covid-19, aunque se extinguiera la raza humana quedaría intacta la naturaleza, la fauna, las ciudades.


Allí, en la luna, no hay ONU, ni Estados. Por no haber ni hay gravedad. No hay color, es todo gris, ni el cielo es azul ni amanece ni anochece como aquí, en la Tierra. Tampoco hay mares, ni montañas ni pinares, es verdad que no hay ruido, pero tampoco música, ni el sonido del viento ni el rumor de los ríos. Que yo sepa no llueve, ni se ve nunca el arcoíris. No hay pájaros, nada, ningún animal. Tampoco humanos. 

Es cierto que la luna ejerce en la tierra, además de las mareas, un influjo y un magnetismo que condiciona a las personas más sensibles, o a determinado tipo de personas. La luna ha inspirado a artistas, ha estimulado corazones y ha generado pasiones. Es complicado asumirlo, dado lo sombrío, monótono y vacío de su paisaje. Vivir allí sería un coñazo. 

A veces me da por pensar, habitualmente cuando voy conduciendo sólo en el coche, ahí se suele pensar bastante, que en un fatal suponer, en una máxima letalidad del Covid-19 o uno similar, aunque se extinguiera la raza humana quedaría intacta la naturaleza, la fauna, las ciudades. Se accionarían los semáforos para nada, y los faros de los puertos no guiarían a nadie. 

Claro, también es verdad que nos libraríamos de Pablo Iglesias y de sus idioteces. También de la levedad del presidente o de la maldad de los filoterroristas o la permanente provocación de los independentistas. Pensándolo bien, entre todos, incluido el bicho, están convirtiendo España en territorio lunar. Entre el CIS de Tezanos, que se empeña en hacerlo monocromático en cada resultado que arroja trimestralmente, la falta de gravedad de los argumentos de gobierno y oposición, aquí nada se cae por su propio peso, el silencio de los corderos, perdón, barones -excepto de cuando en cuando el de García Page, que le honra-, el gris moral e intelectual que luce el del moño y sus incondicionales, y la permanente obsesión de algunos de uniformar nuestro pasado, nos encaminamos a esa España en blanco y negro del NODO, a esa fase de estado lunar. 

Los romanos ya advirtieron de comportamientos lunáticos -del latín “lunáticus”-, aquéllos que responden a cambios inopinados de parecer, de pensar o actuar, conductas abruptas sin lógica ni argumentos, actitudes incoherentes y falta total de congruencia. A lo mejor, a lo peor, el lunático soy yo, pero en esa detallada descripción veo identificada plenamente a nuestra actual clase política. En definitiva, abocados irremediablemente a un largo menguante.


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