Evaluar los riesgos y adaptar los puestos, pilares para evitar daños en el trabajo
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La vigilancia de la salud detecta problemas individuales e identifica riesgos que afectan a la plantilla.
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Un reconocimiento médico puede durar unos minutos. La prevención, sin embargo, empieza mucho antes y continúa después. Detrás de una audiometría, una analítica o cualquier otra prueba médica existe un trabajo previo para conocer los riesgos de cada puesto y determinar cómo pueden afectar a las personas que los desempeñan. La vigilancia de la salud es, por tanto, mucho más que pasar un reconocimiento periódico.
Valentín de Mora Gómez-Lázaro, técnico habilitado de prevención con 24 años de experiencia, conoce bien ese recorrido. Su trabajo se sitúa en la parte técnica de una actividad preventiva que debe caminar de la mano de la medicina del trabajo. “La prevención de riesgos laborales es una actividad multidisciplinar”, explica. En ella conviven dos grandes áreas: la prevención técnica y la medicina del trabajo, donde se integra la vigilancia de la salud.
El punto de partida está en la evaluación de riesgos. Es ahí donde los técnicos identifican y valoran los peligros asociados a cada puesto teniendo en cuenta la actividad de la empresa, las características del centro de trabajo, los equipos utilizados, los productos químicos o las condiciones concretas en las que se desarrolla cada tarea.
“Es el elemento esencial para el desarrollo de toda la actividad preventiva, incluida la vigilancia de la salud”, señala De Mora. Esa información permite al personal sanitario conocer las exposiciones existentes y determinar qué vigilancia debe realizarse y qué protocolos médicos son los adecuados en cada caso.
El técnico de prevención no realiza esa vigilancia sanitaria. Su función es aportar la información necesaria para que pueda desarrollarse correctamente. “Nuestro papel no es realizar la vigilancia sanitaria, que corresponde al personal sanitario, sino aportar esa información sobre los riesgos de los puestos de trabajo y trabajar de forma coordinada”.
Una coordinación que, además, debe funcionar en las dos direcciones. La información que parte de la evaluación de riesgos llega al área sanitaria, pero los resultados obtenidos en la vigilancia de la salud también pueden revelar que algo no está funcionando correctamente en el sistema preventivo.
De Mora lo explica con un ejemplo: una empresa donde existe exposición al ruido. Si las audiometrías empiezan a detectar pérdidas auditivas entre los trabajadores, el problema no se limita al diagnóstico individual. Ese resultado puede estar indicando que las medidas preventivas adoptadas no son suficientes, que el riesgo no ha sido correctamente identificado o que las medidas propuestas no se están aplicando.
En ese caso, la información vuelve al área técnica para revisar la situación. “La importancia de esa coordinación entre el área de prevención técnica y el área de vigilancia de la salud es imprescindible”, apunta.
Ahí aparece una de las claves para entender qué significa realmente vigilar la salud en el trabajo. No consiste simplemente en establecer un protocolo médico y repetirlo periódicamente. Las condiciones laborales cambian y también lo hacen las personas. Por eso, la vigilancia debe mantenerse alerta ante las modificaciones que puedan producirse en los puestos, las tareas o las exposiciones a determinados riesgos. “Tiene que estar en permanente y continua revisión, en permanente y continua alerta sobre los cambios en las condiciones de trabajo”, afirma De Mora.
No todos son iguales
Y hay otra cuestión esencial: no todos los trabajadores son iguales. La prevención debe tener en cuenta las circunstancias personales y el estado de salud de cada individuo. Enfermedades previas, discapacidades, problemas sobrevenidos o determinadas condiciones biológicas pueden hacer que una misma tarea no tenga las mismas consecuencias para todas las personas.
Un trabajador que habitualmente realiza trabajos en altura puede, por ejemplo, desarrollar problemas de vértigo. Otro puede sufrir una lesión que limite su capacidad para manipular determinadas cargas. En esos casos, la vigilancia de la salud puede determinar que sea necesario adaptar el puesto, temporal o permanentemente.
“Hay que tener en cuenta las características personales, el estado biológico, enfermedades de base, discapacidades o enfermedades sobrevenidas”, explica.
Lo mismo puede suceder después de una baja prolongada. La reincorporación al puesto no siempre significa volver exactamente a las mismas condiciones. Puede ser necesario valorar las capacidades del trabajador y establecer determinadas adaptaciones para que pueda desarrollar su actividad sin poner en riesgo su salud.
Pero la mirada de la vigilancia de la salud no se queda únicamente en cada trabajador. Existe también una dimensión colectiva que permite detectar patrones. Los resultados de los diferentes reconocimientos y actuaciones sanitarias pueden mostrar tendencias o alteraciones que se repiten entre personas sometidas a unas mismas condiciones laborales.
“Se hace sobre el trabajador de manera individualizada, pero luego se analizan de manera colectiva los resultados para determinar situaciones, tendencias o alteraciones que se repiten”, explica De Mora.
Esa información puede servir para revisar las condiciones de trabajo y adoptar nuevas medidas preventivas. La vigilancia deja así de ser una fotografía puntual de la salud de una persona para convertirse en una herramienta que permite conocer la realidad de toda una plantilla.
Y también la empresa obtiene beneficios de esa gestión. De Mora defiende una concepción amplia de la salud laboral, que no se limite a la ausencia de enfermedad, sino que incluya también unas condiciones psicosociales adecuadas, una buena organización y un ambiente de trabajo saludable. “Al final, todas esas cuestiones correctamente gestionadas redundan en una mayor productividad y en un mayor rendimiento”, apunta.
Por eso considera que la prevención debe entenderse más allá del cumplimiento de las obligaciones legales. La normativa establece unas reglas que deben respetarse, pero el objetivo último es evitar que el trabajo provoque daños y conseguir unas condiciones que permitan desarrollar la actividad de forma segura y saludable.

Después de 24 años dedicado a la prevención, De Mora considera que la vigilancia de la salud está “muy profesionalizada”. Su principal preocupación se encuentra en otro punto: la percepción que tienen algunos trabajadores sobre ella.
La empresa tiene la obligación de organizar y ofrecer la vigilancia de la salud y poner los medios necesarios para llevarla a cabo. Para el trabajador, con carácter general, tiene carácter voluntario, salvo las excepciones previstas legalmente. Y ahí es donde, a su juicio, todavía queda trabajo por hacer.
“Muchas veces el trabajador no le da la importancia suficiente y renuncia a ese reconocimiento médico o a la vigilancia de la salud en su conjunto”, explica.
Por eso considera necesario insistir en la concienciación. Que el trabajador no vea ese reconocimiento como un trámite más, ni como una herramienta de control empresarial, sino como una actuación destinada fundamentalmente a proteger su propia salud.
La confidencialidad de la información sanitaria es, en este sentido, una garantía esencial. Los datos médicos corresponden al ámbito sanitario y la empresa recibe la información necesaria para adoptar las medidas preventivas que correspondan, pero no el contenido clínico de los reconocimientos.
Al final, la idea que resume todo el proceso es sencilla: prevenir antes de que aparezca el daño. Detectar un riesgo, conocer cómo afecta, comprobar si las medidas funcionan y adaptar el trabajo cuando las circunstancias de una persona lo requieren.
“Es una actuación muy necesaria, muy positiva, que redunda en su propio beneficio”, concluye Valentín de Mora.