Éxito total
La historia de la Semana Santa en la capital, fiesta de Interés Turístico Regional, se encuentra en un dulce momento.
Hemos tenido la oportunidad de contemplar la mayoría de los desfiles procesionales y la impresión no ha podido ser más favorable, no solo por la expectación, emoción o interés de cada entrada y salida de un templo parroquial, con gran esfuerzo físico, sino por la sincronización, seriedad, recogimiento, sobriedad, sentimiento y elegancia de cada momento, bello tanto en lugares más estrechos, como la calle Sinagoga donde al paso de las imágenes de la noche del Miércoles Santo pudimos besar las carrozas, como por la Carrera, lugar perfecto para admirar la más participada y solemne, la del Santo Entierro, con nutrida representación institucional por su significado.
Brillantes resultaron los dos encuentros, el de la mañana del Viernes Santo entre el cristo crucificado con su madre y el glorioso del domingo en el que se quita el manto negro a la Virgen porque ya no hay luto sino alegría. Vibrantes fueron los acordes de las distintas bandas que aportan la intensidad precisa a cada instante. Sobrecogedor es el ruido de las cadenas sobre el asfalto, los pies descalzos de penitentes que ofrecen su sacrificio al Señor, como imprescindible el sonido de la matraca que organiza el paso de la comitiva, rompiendo el silencio de las centenares de personas que siguen la procesión, masiva en algunos puntos, más solitaria en otros, en marchas demasiado lentas en su discurrir, pero que han de ser así para disfrutar un poco más de una cita tan esperada como ensayada durante meses. Muchos niños y jóvenes en el recorrido garantizan el futuro. El buen tiempo ha contribuido al éxito de este año, del que hemos sido testigos en la capital y que nos han contado de otros lugares como nuestra Sigüenza del alma, donde sí podemos afirmar que no cabía un alma en la Alameda el sábado. La tradición sigue viva y debemos estar orgullosos de nuestra cultura. Éxito total.