Exposición “Paraje Encantado” de Ana Bravo en el Centro Ibercaja Guadalajara
La muestra reúne 41 obras inspiradas en la naturaleza, entre paisajes y algunos retratos, e incluye cerca de una decena de piezas inéditas que se exhiben por primera vez
La pintora Ana Bella Bravo, referente del paisaje surrealista por su singular interpretación de corte impresionista, inauguró este lunes 12 de enero de 2026 la exposición “Paraje encantado” en el Centro Ibercaja de Guadalajara y permanecerá hasta el 6 de febrero.

“Bravo, bravo”, exclama mientras suelta la brocha con naturalidad. Describe la textura como si la modelara con las manos: “con la textura la moldeo”, dice, y confiesa que la imaginación marca el rumbo de sus obras. A veces reproduce paisajes reconocibles; otras, los fabrica desde cero: “hay veces que hago paisajes que son reales y otras veces pues me los invento”. Sus flores, añade, nacen sueltas, con una libertad que define su lenguaje pictórico. Lleva alrededor de diez años pintando así, fiel a una técnica que mezcla control y espontaneidad.

Entrevista
¿Y esa relación entre la textura y la imaginación, cómo se traduce en el día a día del estudio?
Pues mira, empiezo casi siempre sin expectativa. Preparo lienzo y color, pero dejo espacio para que la textura me lleve.

¿De dónde vienen esas imágenes, los paisajes que inventas?
Vienen de recuerdos, de viajes, de cosas que vi de niña... y también de música. Hay obras que nacen escuchando una canción; la melodía marca el ritmo de la pincelada. Otras veces saco fotos y las distorsiono hasta que quedan irreconocibles. Pintar me da permiso para ser desordenada. No busco perfección, busco verdad. Y si algo no funciona, lo tapo con otra capa y sigo. Llevo diez años aprendiendo a confiar en ese desorden.

¿Un consejo para quien quiera acercarse a este modo de trabajar?
Que se suelte. Que deje de mirar la obra con ojos críticos al principio. Que deje que la textura y la intuición guíen las manos. Hay belleza en lo imperfecto. A veces raspo, otras veces añado capas con espátula; hay momentos en que la pintura decide por mí. Cuando trabajo flores, por ejemplo, no las planifico: aparece un gesto, luego otro, y así se van soltando.