Fuentelencina dice adiós a sus fiestas de San Agustín

01/10/2010 - 09:45 Hemeroteca

Concentración de reses momentos antes del encierro. (Foto: Mar Gato)
Por: Redacción
El municipio campiñero de Fuentelencina despidió en la noche del domingo sus fiestas de San Agustín, unos días caracterizados por el gran número de actividades programadas, entre las que destacaron, un año más, los encierros por las calles y por el campo; la novillada a cargo del maestro del toreo Frascuelo y la procesión e inauguración de la ermita en honor a San Agustín.
Fuentelencina se despedía el pasado domingo de sus fiestas grandes. Atrás quedaron cinco días de algarabía y diversión con un amplio programa de actos en honor a su patrón, San Agustín, al cual estuvieron dedicados dos de los actos más emotivos vividos por el pueblo: su tradicional procesión por las calles del municipio y la inauguración de su ermita tras años de rehabilitación.
Junto a los actos religiosos, las actividades más aclamadas volvían a ser los encierros por las calles y por el campo, que lograron reunir a un importante número de vecinos y foráneos en el arte de sortear las reses. Junto a ellos, la tradicional y esperada novillada del sábado en la plaza del pueblo, donde el maestro Carlos Escolar Frascuelo dio una auténtica lección de toreo con el primero de la tarde, faena que le valió la gran pañolada que le concedió el meritorio trofeo: dos orejas y el rabo. Tras él, su cuadrilla, cuatro jóvenes muchachos que ya apuntaron maneras en el arte de lidiar con los cinco toros bravos de la Ganadería Castilnuevo de Fuentelencina.
Unida a las actividades para los más pequeños, donde no faltaron el concurso de disfraces o el de chistes, la música de las verbenas fueron otros de los ingredientes que lograron animar las coloridas noches de Fuetelencina, y que pusieron a prueba la capacidad de resistencia de las decenas de peñistas y vecinos venidos de los pueblos cercanos.
Con la caldereta y la traca de fin de fiestas, Fuentelencina despedía bien entrada la noche del domingo unas fiestas animadas en las que no hubo que lamentar ningún contratiempo destacable.