Guadalajara despide una nueva edición del Maratón de los Cuentos
01/10/2010 - 09:45
Con dulce tristeza la ciudad de Guadalajara despidió al mediodía de ayer la decimoséptima edición del Maratón de los Cuentos, y lo hizo fiel a su estilo, el literario, con una bonita metáfora, una suave lluvia cuan lágrima caída del cielo en sus últimos coletazos, tras la cual volvió a lucir un brillante sol hasta la culminación de este encuentro festivo.


Con dulce tristeza la ciudad de Guadalajara despidió al mediodía de ayer la decimoséptima edición del Maratón de los Cuentos, y lo hizo fiel a su estilo, el literario, con una bonita metáfora, una suave lluvia cuan lágrima caída del cielo en sus últimos coletazos, tras la cual volvió a lucir un brillante sol hasta la culminación de este encuentro festivo.
Horas atrás, a la hora de la calabaza, se iniciaba la última de las tres jornadas del certamen cuentista, que volvía a llenar la carpa de los jardines del Palacio del Infantado de insomnes cuentistas. Amanecido el día, los alrededores del emblemático edificio volvían a tomar el pulso con la visita de padres e hijos, que a pesar de la amenazante lluvia, disfrutaron de las últimas actividades programadas para el domingo.
Especialmente para los primeros, estaban destinadas las dos últimas actividades que albergaría el salón de actos del Palacio del Infantado; la primera de ellas tuvo como protagonista a José Manuel Pedrosa, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y recopilador de la narración oral africana, quien ofreció una interesante conferencia bajo el título Del mito clásico al cuento africano.
Minutos después y moderado por una visiblemente nostálgica directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara, Blanca Calvo, se desarrollaría una interesante mesa redonda en la que se reunieron los protagonistas de este Maratón de los Cuentos, los narradores participantes en el festival. El relato de sus vivencias en torno a la narración oral africana desató en algún momento que otro las risas de los de más medio centenar de asistentes, que quisieron con su presencia apoyar el trabajo de estos profesionales de la palabra a modo de calurosa despedida.
Paralelamente y a tan sólo unos metros de allí, tenía lugar en la plaza de los Caídos una exhibición de malabares y equilibrismos, y que ha más de uno dejaron con la boca abierta.
Por su parte, la carpa de los jardines del Palacio del Infantado volvía a registrar un importante número de personas, testigos directos de los últimos cuentos individuales y grupales que aún estaban por llegar. Entre ellos, los cuentos de un profesional en estas lides, Pep Bruno, quien para la ocasión se acompañó de sus hijos. Desvinculado por primera vez de la organización en 12 años, Bruno confesó haber vivido esta nueva edición del Maratón de los Cuentos desde otro punto de vista, sin tensión y estrés alguno, con más fuerza si cabe, en un festival considerado como espectacular.
Le seguirían otros de gran renombre, como el músico Jesús Villa Rojo, preludio de lo que sería una de las intervenciones más aplaudidas, el Coro Novis de Italia, perteneciente a la Biblioteca de Colono Monzese, institución con la que comparte una relación muy estrecha la Biblioteca Pública de Guadalajara.
Tras ellos, los integrantes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de la Biblioteca de Guadalajara, que con sus cánticos lograron levantar de sus asientos a los presentes, sabedores de la cercanía de su final.
Y comieron perdices
Liderados por una enérgica Blanca Calvo, los artífices de tan espectacular edición del Maratón de los Cuentos se enfrentaban a su reto más difícil, despedir un inolvidable encuentro. El último cuento que se escucharía en el Maratón tendría su homenaje a África, un continente para que el cuento lo es todo, su pedagogía, su genealogía, su pasado y su presente. Y qué mejor despedida que la esencia del cuento africano, el proverbio, para el que cada uno de los integrantes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil le puso la voz con un sentimiento especial. Ojalá que todas la palabras que han salido de nuestras bocas y de los narradores formen un puente en el estrecho de Gibraltar para que nadie se juegue la vida al cruzarlo. Ojalá acabe con las pateras y la muerte. Con estas estremecedoras palabras, Blanca Calvo daba por finalizada el Maratón de los Cuentos. Y colorín colorado, estas lecciones maravillosas de vida se han terminado.
Puesto el broche de plata, sólo faltaba el de oro, el Colorín Colorado de la Banda Provincial de Música, que en torno a las 15.00 horas, y dirigidos por Nuria Matamala Pichoto, interpretaron la Peña taurina Alcarreña de J. Pinilla, Islas Canarias, de Tarridas, Sobre las olas, de J. Rojas, Memorias de África, de J. Barry y Can´t take my eyes off yo, de C-G de Mey, y para quienes hubo algunos valientes que se atrevieron a bailar los pasadobles. Fue, tal y como apuntó Blanco Calvo, uno de los conciertos de la banda más agradecidos de todo el año.
Balance positivo
Finalizada la decimoséptima edición del Maratón de los Cuentos más humano, cabe hacer valoración. Fueron 956 los cuentistas que pasaron por la carpa de los jardines del Palacio del Infantado y 850 los cuentos narrados a la ciudad de Guadalajara, un éxito que ha logrado superar las cifras del pasado año. Así lo confirmó la directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara, Blanca Calvo, quien sumida aún en una especie de nube por la emoción de tantas horas de cuentos, valoró positivamente la edición del Maratón de los Cuentos, para el que todo había sido perfecto, el Palacio, los jardines y hasta la gente.
El cambio de ubicación del certamen no ha supuesto un problema para que la gente haya participado masivamente, incluso en las noches un tanto frías, salvadas con mantas y apretándonos unos con otros. La gente entiende muy bien todo lo referente al Maratón, lo quiere como sea y lo considera como suyo. La carpa, ha sido sin duda uno de los grande aciertos, portadora de estabilidad y refugio ante las condiciones metereológicas adversas.
Independiente del tiempo, el lema propuesto en esta última edición del Maratón de los Cuentos ha calado entre la gente. Ha sido una permanente la lluvia de cuentos africanos, en los que se han visto representados muchos países de África. Ha sido, sin duda, el Maratón de los Cuentos más humano jamás celebrado en Guadalajara, y donde se ha demostrado que todos los hombres y mujeres somos iguales. Y es que si por algo se han caracterizado a los narradores y los cuentos contados durante estas 46 horas ininterrumpidas son por sus sentimientos, sus relaciones entre las personas, los vicios y las virtudes, en definitiva, las palabras.
Algunos de sus protagonistas también quisieron hacer balance, como Vladimir, de Colombia, quien sintió durante su estancia en Guadalajara un gran cariño de sus gentes. El recibimiento ha sido muy bueno, espectacular, casi me siento como en mi tierra, la única diferencia es que no había la cantidad de personas negras que yo me imaginaba que iban a estar. Su experiencia le ha permitido acercar a guadalajareños y foráneos la historia más desconocida de Colombia, donde existe una gran población negra descendiente de africanos y que sigue y promulga la cultura y misma tradición oral de continente de origen.
Atrás quedaron los días de sueños, magia e ilusiones en las calles de la capital arriacense. Sólo un deseo, que vuelva un año más para dar rienda suelta a la imaginación, tanto de pequeños como de mayores. El próximo año, volverá la magia del Érase una vez... en un tiempo especial, cumplirá 18 años, la mayoría de edad. Prestadas las palabras de Blanca Calvo, el Maratón se despidió como tenía que hacerse, Ahora dejar que se posen todas las emociones y vivencias, reunión antes del verano los del Seminario, valorarlo, hablarlo, y luego se empieza con tema y con asuntos más concretos después del verano.
Horas atrás, a la hora de la calabaza, se iniciaba la última de las tres jornadas del certamen cuentista, que volvía a llenar la carpa de los jardines del Palacio del Infantado de insomnes cuentistas. Amanecido el día, los alrededores del emblemático edificio volvían a tomar el pulso con la visita de padres e hijos, que a pesar de la amenazante lluvia, disfrutaron de las últimas actividades programadas para el domingo.
Especialmente para los primeros, estaban destinadas las dos últimas actividades que albergaría el salón de actos del Palacio del Infantado; la primera de ellas tuvo como protagonista a José Manuel Pedrosa, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y recopilador de la narración oral africana, quien ofreció una interesante conferencia bajo el título Del mito clásico al cuento africano.
Minutos después y moderado por una visiblemente nostálgica directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara, Blanca Calvo, se desarrollaría una interesante mesa redonda en la que se reunieron los protagonistas de este Maratón de los Cuentos, los narradores participantes en el festival. El relato de sus vivencias en torno a la narración oral africana desató en algún momento que otro las risas de los de más medio centenar de asistentes, que quisieron con su presencia apoyar el trabajo de estos profesionales de la palabra a modo de calurosa despedida.
Paralelamente y a tan sólo unos metros de allí, tenía lugar en la plaza de los Caídos una exhibición de malabares y equilibrismos, y que ha más de uno dejaron con la boca abierta.
Por su parte, la carpa de los jardines del Palacio del Infantado volvía a registrar un importante número de personas, testigos directos de los últimos cuentos individuales y grupales que aún estaban por llegar. Entre ellos, los cuentos de un profesional en estas lides, Pep Bruno, quien para la ocasión se acompañó de sus hijos. Desvinculado por primera vez de la organización en 12 años, Bruno confesó haber vivido esta nueva edición del Maratón de los Cuentos desde otro punto de vista, sin tensión y estrés alguno, con más fuerza si cabe, en un festival considerado como espectacular.
Le seguirían otros de gran renombre, como el músico Jesús Villa Rojo, preludio de lo que sería una de las intervenciones más aplaudidas, el Coro Novis de Italia, perteneciente a la Biblioteca de Colono Monzese, institución con la que comparte una relación muy estrecha la Biblioteca Pública de Guadalajara.
Tras ellos, los integrantes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil de la Biblioteca de Guadalajara, que con sus cánticos lograron levantar de sus asientos a los presentes, sabedores de la cercanía de su final.
Y comieron perdices
Liderados por una enérgica Blanca Calvo, los artífices de tan espectacular edición del Maratón de los Cuentos se enfrentaban a su reto más difícil, despedir un inolvidable encuentro. El último cuento que se escucharía en el Maratón tendría su homenaje a África, un continente para que el cuento lo es todo, su pedagogía, su genealogía, su pasado y su presente. Y qué mejor despedida que la esencia del cuento africano, el proverbio, para el que cada uno de los integrantes del Seminario de Literatura Infantil y Juvenil le puso la voz con un sentimiento especial. Ojalá que todas la palabras que han salido de nuestras bocas y de los narradores formen un puente en el estrecho de Gibraltar para que nadie se juegue la vida al cruzarlo. Ojalá acabe con las pateras y la muerte. Con estas estremecedoras palabras, Blanca Calvo daba por finalizada el Maratón de los Cuentos. Y colorín colorado, estas lecciones maravillosas de vida se han terminado.
Puesto el broche de plata, sólo faltaba el de oro, el Colorín Colorado de la Banda Provincial de Música, que en torno a las 15.00 horas, y dirigidos por Nuria Matamala Pichoto, interpretaron la Peña taurina Alcarreña de J. Pinilla, Islas Canarias, de Tarridas, Sobre las olas, de J. Rojas, Memorias de África, de J. Barry y Can´t take my eyes off yo, de C-G de Mey, y para quienes hubo algunos valientes que se atrevieron a bailar los pasadobles. Fue, tal y como apuntó Blanco Calvo, uno de los conciertos de la banda más agradecidos de todo el año.
Balance positivo
Finalizada la decimoséptima edición del Maratón de los Cuentos más humano, cabe hacer valoración. Fueron 956 los cuentistas que pasaron por la carpa de los jardines del Palacio del Infantado y 850 los cuentos narrados a la ciudad de Guadalajara, un éxito que ha logrado superar las cifras del pasado año. Así lo confirmó la directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara, Blanca Calvo, quien sumida aún en una especie de nube por la emoción de tantas horas de cuentos, valoró positivamente la edición del Maratón de los Cuentos, para el que todo había sido perfecto, el Palacio, los jardines y hasta la gente.
El cambio de ubicación del certamen no ha supuesto un problema para que la gente haya participado masivamente, incluso en las noches un tanto frías, salvadas con mantas y apretándonos unos con otros. La gente entiende muy bien todo lo referente al Maratón, lo quiere como sea y lo considera como suyo. La carpa, ha sido sin duda uno de los grande aciertos, portadora de estabilidad y refugio ante las condiciones metereológicas adversas.
Independiente del tiempo, el lema propuesto en esta última edición del Maratón de los Cuentos ha calado entre la gente. Ha sido una permanente la lluvia de cuentos africanos, en los que se han visto representados muchos países de África. Ha sido, sin duda, el Maratón de los Cuentos más humano jamás celebrado en Guadalajara, y donde se ha demostrado que todos los hombres y mujeres somos iguales. Y es que si por algo se han caracterizado a los narradores y los cuentos contados durante estas 46 horas ininterrumpidas son por sus sentimientos, sus relaciones entre las personas, los vicios y las virtudes, en definitiva, las palabras.
Algunos de sus protagonistas también quisieron hacer balance, como Vladimir, de Colombia, quien sintió durante su estancia en Guadalajara un gran cariño de sus gentes. El recibimiento ha sido muy bueno, espectacular, casi me siento como en mi tierra, la única diferencia es que no había la cantidad de personas negras que yo me imaginaba que iban a estar. Su experiencia le ha permitido acercar a guadalajareños y foráneos la historia más desconocida de Colombia, donde existe una gran población negra descendiente de africanos y que sigue y promulga la cultura y misma tradición oral de continente de origen.
Atrás quedaron los días de sueños, magia e ilusiones en las calles de la capital arriacense. Sólo un deseo, que vuelva un año más para dar rienda suelta a la imaginación, tanto de pequeños como de mayores. El próximo año, volverá la magia del Érase una vez... en un tiempo especial, cumplirá 18 años, la mayoría de edad. Prestadas las palabras de Blanca Calvo, el Maratón se despidió como tenía que hacerse, Ahora dejar que se posen todas las emociones y vivencias, reunión antes del verano los del Seminario, valorarlo, hablarlo, y luego se empieza con tema y con asuntos más concretos después del verano.